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Elige el tema especial de la antología

SALTO AL REVERSO

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¡Hola a todos!

Gracias por sus sugerencias para el primer tema especial de la antología anual de Salto al reverso.

Tras decidir el tema, se realizarán dinámicas en Facebook y Twitter para convocar a nuestros seguidores a enviar obras para ser seleccionadas en la antología. También se realizarán dinámicas temáticas entre los autores en el blog.

Ahora, por favor voten por alguno de los siguientes temas:

La fecha límite para la elección del tema es el lunes 27 de febrero (algunos formularios o encuestas no aparecen en la app de WordPress, favor de ver esta entrada en un navegador de celular o computadora).

¡Gracias por su participación!

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tornado

El tornado

Dormía yo espatarrada

Mientras pasaba un tornado

la cerca del vecino quedaba

en patio de otro tirada.

El trampolín de un niñito

sin detenerse volaba

mientras su padre miraba

por la ventana contrito.

Temprano en el noticiero

Presentaron el desastre

Y yo me dije, «¡Qué diantres!

¿Estaba yo anestesiada

cuando el tornado pasaba

y causó este desmadre?»

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Llenito de puro amor

Un gran dolor yo sentí

en medio del corazón.

Dije, «Oye chapulín,

¿ahora qué debo hacer?»

Quietecita me quedé

un día completo en la cama

y al cardiólogo llamé

para pedir su opinión.

Mil exámenes me hicieron

y entonces determinó

que insertaría un catéter

para mirarlo por dentro.

Cuando estuvo en su interior

se quedó bien admirado

pues lo único que vio

fue un corazón inflamado.

Cuando me despertó,

sonriente miró mis ojos,

y dijo sin regodeos,

—Solo me encontré en tu pecho

un corazón verdadero,

llenito de puro amor.

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La tierra de los valientes

En tierra de los valientes

el águila se escondió,

avergonzado quedó

su grito de libertad.

La muchedumbre espantada

por los eventos recientes,

dijo, —¡Esto es una burla!

¡Se acabó la democracia!

—¿Qué nos depara el destino?

preguntó el humilde labriego,

regresar por donde vino

no pareciera una opción.

¡Quiero paz, no quiero guerra!

un coro de niños canta,

sobre sus cabezas pende

armas peor que un cañón.

Hay silencios, ya no hay rezos

en la cárcel federal

cincuenta millones de almas

han podido repatriar.

Mujer verde en la bahía

llora en todos los idiomas

con la antorcha levantada

mientras decide un idiota.

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El trasplante

  —Soy capaz de hacer cualquier cosa por la salud de Adriana —declaró Ricardo sin pensar un segundo lo que decía.

            —Entonces, quedamos en lo acordado. El paquete incluye el transporte aéreo a la ciudad de Beijing, transportación al hotel, hospital y el trasplante de riñón. La comida, va por cuenta suya. Recuerde que no puede comentar esto con nadie.

            —Pero mi esposa…

            —Dígale a su esposa que es mejor no decir nada. Invéntese una excusa, lo que quiera, pero que no comente. Lo que hacemos no es muy… digamos, legal. Estamos tratando con el mercado negro de órganos.

            —¿Usted está seguro de que esto saldrá bien?

            —Garantizado, garantizado, nada es. Pero sí le puedo decir que ya he tramitado más de 1,500 trasplantes en los últimos cinco años y hasta ahora solo han salido mal unos treinta. Récele a quien quiera para que este funcione. ¡Ah! Tiene que depositarme el dinero a más tardar el viernes a las dos de la tarde. Si no, no salen el lunes.

            —No se preocupe, el dinero estará depositado el viernes sin falta.

            Ricardo se despidió del hombre sin nombre con quien le había conectado un amigo. Solo tenía un número de cuenta y el banco en el que debía depositar la suma acordada. Todavía tenía que llamar para verificar si le habían aprobado el préstamo que había pedido, aunque no tenía la menor duda de que lo harían ya que estaba poniendo su casa como garantía. Se comunicó de inmediato con la oficial de la entidad hipotecaria, quien le informó que en efecto podía ir a buscar el cheque por veinte mil dólares, que eran toda la equidad que tenía su hogar. Una vez lo cobró lo depositó en la cuenta de su contacto para el viaje a Beijing.

            La familia se trasladó a la China sin mencionar a nadie el propósito del viaje, ni a dónde se iban. Adriana había estado muy enferma desde los nueve años y ya no tenía ninguna esperanza, excepto el trasplante de riñón. La lista de espera era interminable y ya llevaba cinco años esperando un milagro. Con las complicaciones de la adolescencia, su condición había empeorado, siendo necesaria la diálisis. La niña cada vez estaba más débil, ya no era ni la sombra de la muchachita alegre que fue. ¿Cómo Ricardo no iba a hacer lo que fuera por salvar la vida de su hija? No preguntó nada por supuesto. Ni le importaba la procedencia. Lo único que le interesaba era conseguir ese órgano que su criatura necesitaba desesperadamente.

            Ya en Beijín todo transcurrió como le fue prometido. Adriana recibió su riñón. El médico le dijo que la operación resultó ser un éxito y que en dos semanas ya podía emprender el viaje de regreso al hogar. Los resultados fueron casi inmediatos. La niña mejoraba cada día y el color verdoso que tenía su piel fue tornándose rosado, igual que antes de su enfermedad.

            Unas cosas cambiaron luego del trasplante. Adriana nunca comía carne roja y menos casi cruda. Parecía que había desarrollado un gusto repentino por ella y la comía casi a diario. La madre era de las que pensaba que el cuerpo pide lo que necesita, así es que se la preparaba siempre que la pedía. Los padres encontraron que la niña estaba viendo películas de horror y masacres. Mientras más sangre apareciera en las matanzas, mejor. Para impedir que siguiera exponiéndose a ese material, bloquearon los canales de la televisión y pusieron controles a su computador. Su comportamiento cada día era más agresivo, lo que achacaron a la adolescencia.

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            Noticias en acción, lunes 6 de febrero de 2017: Una menor de catorce años asesinó a sus padres mientras estos miraban la televisión. El reporte preliminar indica que la jovencita salió a la calle con el cuchillo ensangrentado. Según los testigos iba caminando desorientada, como en trance. Los vecinos llamaron a la policía quienes llegaron de inmediato, deteniendo a la alegada victimaria. Los cuerpos de las víctimas presentaban heridas punzantes en pecho, la cabeza y la espalda.

            En otras noticias, una banda de traficantes de órganos fue capturada. Según las autoridades, quienes llevaban varios meses siguiendo a los maleantes, los tratantes contactaban a las familias de personas necesitadas de trasplantes ofreciéndoles un paquete completo en la ciudad de Beijing en China, en donde los enfermos recibían el miembro precisado, comprado en el mercado negro, procedente de convictos sentenciados a la pena de muerte.
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La escena

Silvia abre la puerta y entra. Tiene un vestido de estampado animal ajustado y unos estiletos negros de charol. Armando se levanta del sofá tan rápido que pareciera como si tuviera un resorte. La mira con rabia. Ella pone su bolso sobre la mesa y se dirige a él. Sin mediar palabra alguna, ella saca la mano, le pega una y otra vez. Él aguanta las bofetadas pero se cansa y le agarra la mano. Ella intenta agredirlo con las uñas, pero él la sostiene por las muñecas para evitar que siga pegándole.

Silvia le escupe la cara y es cuando Armando ya no soporta tanta violencia. No se han dicho nada, es cierto, pero él ya no está dispuesto a permitir este maltrato y le cruza la cara de un golpe que la tira al piso. Ella se queda tirada, mirando el suelo y con el dorso de la mano se limpia un hilito de sangre que le sale de la esquina de la boca. Se levanta poco a poco, trastabillando, nerviosa. Una lágrima recorre su rostro sombrío.

¡Cooooooorrrrteeeeen!!! —grita el director de la telenovela.

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Mañana es otro día (Final)

Él se quedó mirándola sorprendido. Laura podía adivinar en aquellos ojos oscuros el amor, pero no quería aceptarlo. No quería traer sombras del pasado, ahora que se sentía tan deslumbrante y bien consigo misma. No quería ser mujer de una noche. No quería nada de eso. Tampoco daría el primer paso y encontrarse con un hombre que simplemente la usase con palabras hermosas y olvidos tras una noche de pasiones.

Esa frase era un ultimatum, una advertencia, un golpe a la hombría y galantería de Tomás. El tiempo suspendido duró poco, él la tomó en sus brazos y entró a su casa, sin mayor oposición de Laura.

—¿No te das cuenta mujer?

Ella sentía que sus ojos brillaban al punto del llanto, esa emoción que había olvidado desde joven cuando creyó enamorarse y ser fielmente correspondida. «Tantas cargas mujer has tenido que pasar, sé fuerte y pasará, este muchacho no está hecho para ti y tú no quieres ser juguete de nadie», hablaba consigo misma —intentando persuadirse—, en una batalla que sabía ya había perdido, desde que lo miraba escondida desde su habitación del segundo piso.

—¿De qué debo darme cuenta ? —espetó tratando de soltarse de sus brazos.

Tomás logra cerrar la puerta con la punta del zapato y ante el estruendo del portazo se abalanza sobre ella y la besa descomunalmente y entre besos le decía con una locura jamás sentida, los te amo más hermosos que ella había soñando escuchar alguna vez en su vida.

—¡ No, no me amas ! —insistió Laura—. Solo soy otra más en tu libreta y para ti mañana será otro día, eso dices siempre. Te he visto desde hace tanto tiempo en ese peregrinar, luego entras a tu casa y no pasa nada, sigues con tu vida, con tu trabajo. Sales temprano petulante y hasta los vecinos envidian tu fortuna. Los saludas y ríes porque sabes que ellos sueñan tener, aunque sea una noche de viernes hasta el amanecer, una aventura con una de esas curvilíneas muchachas.

—¿Sabes qué? Eres una tonta acomplejada que con todos los años que tiene no ha aprendido nada de la vida —contestó Tomás frustrado.

—Al menos te das cuenta de que tengo muchos años —responde ella entre humillada y rabiosa. No le gustaba que le recordaran la edad y menos un hombre, menos Tomás.

—¡Dios mío! ¿Es que todo lo tienes que tomar bajo esa perspectiva? ¿Tu edad?

—Tomás, uno de los dos tiene que pensar. No podemos cegarnos por una pasión que no va a llegar a ninguna parte.

—¿Por qué piensas que no llegaremos a ninguna parte? ¿Porque soy más joven? Tu marido, era de tu edad, ¿no? Te divorciaste igual. Eres una mujer hermosa, excitante, inteligente, vibrante y yo, solo quiero estar contigo. Quiero mirarte en las mañanas, así sin maquillaje, como el primer día que te vi. Estoy cansado de las muñecas pintorreteadas que no tienen nada en la cabeza, que solo te hablan de la ropa, los zapatos y los peinados de moda. A esas las ves entrar y salir de mi casa por eso, porque cuando termina la cama me siento igual de vacío. No busco una hija, ni una madre. Busco una amiga, una confidente, una mujer igual a mi. Mi compañera.

Laura incrédula de todo lo que pasaba, tomó las manos del amante joven y apuesto. Sus miradas compenetradas hablaban al interior, a sus almas. Pero ella sentía que su decisión de terminar lo que había entre ellos era como una declaración de principios.

—Dime Laura, ¿qué bicho te ha picado ahora? — preguntó Tomás.

—Necesito que me digas algo…

—¡Te amo, Laura !—gritó Tomás sin más tiempo para pensar.

Toda su resistencia se desmoronó. Ya nada más importó. Emocionada lo besó y comenzaron a desnudarse ahí mismo para subir lentamente hasta llegar a la cama de Laura. Ella con pícara mirada y una sonrisa burlona susurró en su oído.

— No te corras temprano.

Tomás la miró sonriendo.

—Y aunque sea así, prefiero acabar mil veces antes que amanezca pero siempre contigo, sólo contigo, toda mi vida dentro de la tuya.

Laura se mudó con Tomás. Se divertía cuando llegaba alguna ex-amiguita a buscarlo, diciéndole que ya él no estaba disponible. Él le dio rienda suelta para tomar las decisiones del hogar, ahora ella era la mujer de la casa. Le regaló un hermoso anillo de compromiso, aunque ella insistía en que no deseaba casarse. Él aceptaba todas sus decisiones, porque lo único que deseaba era compartir su vida con su compañera. Ella era tan dichosa que no volvió a pensar en su edad.

Y el amor habitó entre ellos, en el hoy, en el presente, pues mañana es otro día.

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Mañana es otro día.13

A la mañana siguiente, Laura se arregló con mucho cuidado. Cuando salió de su casa, vio a Tomás, pero decidió ir en la otra dirección.

«Pero… ¿y qué le pasa a esta mujer?», piensa Tomás cuando la ver irse en dirección opuesta. «Es que a las mujeres no hay quién las entiendan. Me gusta esta mujer, mucho. ¿Cómo puedo hacerla entender? Detrás de sus silencios, sé que hay un ser muy amoroso, dulce, sincera. Estoy cansado de estas niñas vacías, con la cabeza llena de aire y que solo saben hablar de moda o cómo les quedó el pelo azul o verde. Quiero una compañera de verdad. Alguien con quién pueda hablar cosas inteligentes. Que me de su opinión honesta sobre las cosas que hago, sobre mis decisiones. Yo sé que Laura es una mujer así. No me importan sus años. Cuando hicimos el amor, por algunos momentos la sentí distante… tal vez tiene miedo. Miedo a su pasado. A cómo la han tratado antes. A su edad. Pero no dice nada, no se queja, no reclama. ¿Y yo, como lo voy a saber? Quiero volver a estar con ella, quiero volver a tenerla en mis brazos. Quiero volver a estar con ella, en ella, adentro de ella», divagaba en su inútil monólogo.

«Tomás, Tomás, si fueras mayor y menos banal con las mujeres te podría tomar en serio y es cierto que tuve una fantasía cumplida, pero luego me sentí vacía y pasé a ser otra de tu lista de conquistas tachada. Mientras teníamos sexo, tuve tanto miedo a decir te amo y no parecer una desesperada, pero todo lo vivido incluyendo tu amiguita fue chistoso, espontáneo y me sentí complacida al subir en tus brazos a la cama y todo lo que hice fue una entrega. Ojalá te llegue la madurez alguna vez y tengas una mujer, más joven que yo y hasta más interesante para charlar y compartir todo momento. Fuiste magia pura y siempre supe que sería con suerte una noche, la mejor noche, en donde mi soledad quedó en el pijama, y al otro día dirías mañana será otro día», medita Laura. Su mente está completamente abstraída de sus funciones laborales.

«Mi vacío es tal que cierro la puerta a hombres como tú y dejaré al tiempo terminar su obra conmigo, hasta volverme una vieja decrépita que amó por una noche y para toda la vida a un guapo joven llamado Tomás», se lamenta.

«Algo tengo que hacer», decidió Tomás. «Esto no puede quedarse así. ¡Malidición! Ni siquiera tengo su número de teléfono. ¿En dónde trabajará?»,, se pregunta.

—Voy a mi casa un momento —dice a su secretaria.

Recuerda por el camino que la vecina del frente de la casa de Laura lo había visto salir de la casa la noche que se quedó allí. Resuelto, llega a la casa de la anciana mujer y toca el timbre. Ella abre la puerta sorprendida.

—¿Qué quiere muchacho? —dice fríamente la anciana quien se dio cuenta que Laura había tomado otro camino en la mañana.

—Perdón que la moleste —se disculpa—. Es que quiero pedirle un favor. Se me ha perdido el celular con el teléfono de Laura y necesito comunicarme con ella.

—¿Se le perdió? —pregunta ella sarcástica—. ¿El celular o Laura?

—Las dos cosas —contestó Tomás honestamente—. Mire, yo quiero hablar con ella. No sé que pasa que ella no quiere hablarme.

—¿Y cómo voy a saberlo yo?

—Por supuesto que usted no lo sabrá, señora, pero por favor —ruega—. Al menos dígame dónde puedo encontrarla.

—Ahhhh… —la mujer suspira—. Solo te voy a decir dónde trabaja — Se apiada la mujer viendo la triteza en sus ojos —. Es en el Banco Comercial que queda en la avenida principal.

—Señora, usted es una maravilla —dice Tomás abrazándola y dándole vueltas en el aire.

—¡Déjame loco! —grita la mujer riéndo, en el fondo contenta.

Tomás va rápidamente al auto, tirando besos a la mujer y se va. Para en una floristería y entra como un huracán.

—Señorita —dice—. Recomiéndeme las flores con más amor.

—Las rosas, señor —contesta ella—. Rojas, para la pasión.

—Rojas… —repite en voz alta—. A ella le gusta mucho el rojo.

—Entonces…

—Quiero doce docenas de rosas rojas y envíelas al Banco Comercial que queda en la avenida principal.

—¿A nombre de quién?

—Laura… ¡No sé el apellido! ¡Ya sé! Ponga esta dirección en la tarjeta.

—¿De parte de quién?

—De parte del vecino.

—¿Nada más?

—Nada más.

Tomás pagó la cuenta y se fue a su casa. Llamó a la oficina y le dijo a la secretaria que no regresaría. Quería ver cuando Laura regresara con sus rosas. Se quedó en su carro hasta que ella llegó. La vio bajarse de su vehículo y poner las flores en la basura. Rabioso se dirigió a la casa de la mujer y tocó el timbre. Ella abrió.

—¿Por qué tiraste las flores? —preguntó molesto.

—No quiero nada de ti, ni contigo.

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