Olvidos

No sé que nos está pasando. Casi todos los días me entero de que un niño ha sido «olvidado» en un auto. La prensa ha insistido en que si llevas criaturas en la parte de atrás, te quites un zapato y lo pongas al lado para que te RECUERDE que lo llevas. Pero ni así han podido evitar la muerte de muchos angelitos. 

Ayer dejaron en un autobús de un centro de cuidado diurno a un niño de tres años desde las tres de la tarde. A esa hora, la temperatura estaba a 113 grados Fahrenheit dentro del vehículo. No se acordaron del niñito hasta las siete de la noche que su padre fue a buscarlo. 

No lo puedo entender. No lo quiero entender. La gente cada vez está más distraída. Hacen muchas cosas a la vez, se descuidan, el estrés los está matando y se olvidan de lo más importante. Las vidas que dependen de ellos. 

No quiero imaginar el sufrimiento de morir asfixiado, deshidratado y lejos de sus padres.  Por favor, si llevan niños con ustedes, no los olviden. 

Los ángeles no deben morir en el infierno.

Imagen tomada de la red. 

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Los hombres también lloran.

Cuando era niña, en mi lindo Puerto Rico, escuchaba muchas veces a los padres decir a sus hijos varones que los hombres no lloraban. Lo escuché muchas veces, tanto que me lo creí. De hecho, nunca vi llorar a mi padre hasta que mi hermano murió. En esa ocasión pensé que habían excepciones, algo tan terrible como la muerte de un hijo definitivamente tenía que ser una.

Con los años el mundo ha ido cambiando. A mis hijos los enseñé a demostrar sus sentimientos, porque hay cosas que no se deben quedar por dentro. Si hay pena, dolor, alegría, emoción, se vale llorar. En los últimos días, disfrutando la Copa Mundial de fútbol vi a muchos hombres hechos y derechos llorar: jugadores, técnicos y fanáticos se unían en llanto de alegría o frustración. Ninguno se murió por ello.

¿Y por qué salgo con esto ahora? Pues nada, es que es bello ver cómo a pesar de que a veces pienso que el mundo está fatal,  hay pasos de avanzada, lentos pero firmes. Y  eso me da esperanza.

Se acabó el Mundial. Felicitaciones a Francia.

Volvemos a la normalidad… Hasta dentro de cuatro años. 😉

fotografía: youtube.com

Humanidad

Originalmente publicado en SALTO AL REVERSO.

SALTO AL REVERSO

Busco a mi madre una y otra vez, en esta y otras vidas. Se oye mi llanto en los confines de la tierra, un grito que desgarra, mi lamento desoído. Tengo hambre, sed, frío. Camino y no sé a dónde. Desde los tiempos de Herodes mi pena no le importa a nadie.

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El capataz de la plantación entra a la choza donde la negra recién parida amamanta a su criatura. Todavía huele a sangre y a líquido amniótico. La partera asustada intenta recoger los trapos sanguinolentos lo más rápido posible antes de que el hombre la mande a azotar. Las otras negras bajan la mirada y salen enseguida temiendo lo mismo. Saben lo que sucederá.

 —Remedios, ¿contaste los dedos de las manos y los pies de tu hijo?

—Sí, capataz —contestó la temerosa mujer.

—¿Los tiene todos?

—Sí, señor.

El hombre se acercó a la mujer que todavía tenía…

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Ha nacido MasticadoresUSA compartimos…

Conozcan el nuevo proyecto de Masticadores de Letras USA.

Barcelona / j re crivello

Les invitamos a darse de alta y seguir nuestro blog MasticadoresUSa creado para la comunidad hispana de aquella sociedad. Lo dirigen Mel Goméz y j re crivello. Es una nueva iniciativa para unir escritores y lectores alrededor de esta mesa de la cultura.

Para aquellos que quieran contribuir o participar pueden dirigirse a fleminglabwork@gmail.com y serán recibidos.

Link a MasticadoresUSA

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El árbol de los panties blancos

Arte de afiche: Miguel Angel Carreras

“Anthony sintió un líquido caliente correr por sus manos. Él conocía ese olor a hierro oxidado. Con horror miró la carita pálida de Fabián. Su niño amado estaba mortalmente herido”.  “Mercancía” en el “El árbol de los panties blancos”, por Mel Gomez.

 

Suicidio

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Unas 3,000 personas se suicidan en el mundo DIARIAMENTE, 41,000 en los Estados Unidos ANUALMENTE.

Cuando una persona famosa se suicida el mundo entero se detiene a pensar, por qué esta persona si lo tenía todo: fama, dinero y belleza. Por qué gente tan talentosa como Kurt Cobain, Robin Williams, Don Cornelius, Ernest Hemingway y en los pasados días Kate Spade y Anthony Bourdain, terminaron con sus exitosas vidas de esta manera.

Hay varias razones por la cual una persona decide suicidarse. Una depresión severa puede ser la causa. Pensar que no hay otra salida. Cansancio emocional, hastío, vacío absoluto. Hay otras causas, como traumas cerebrales o drogas que deprimen el juicio, causando estado de confusión e incapacidad de tomar una buena decisión. Falta de propósito en la vida, pensar que no hay nada ni nadie que le va a necesitar y otras. No pretendo exponer todas las causas, solo quiero que pensemos en ello.

PODEMOS EVITAR EL SUICIDIO.

Podemos evitar que un familiar o amigo se suicide. Mejor aún, podemos evitar nuestro propio suicidio. Hay que buscar ayuda. En la mayor parte de nuestros países al llamar al número de emergencia tenemos la opción de llamar a la línea de suicidio. Si usted siente que su vida está en peligro, o la vida de un ser querido, llame, busque ayuda.

NO QUEREMOS PERDERLO.

No deje a su familia, a sus amigos y como los famosos, al mundo entero, con esta terrible interrogante. ¿Por qué lo hizo? ¿Pude ayudar?

National Suicide Prevention Lifeline Phone Number USA
  • 1-800-273-8255
Find out more on: Suicide Prevention Lifeline

Fotomatón: Clodomira by Mel Gómez

Originalmente publicado en Masticadores de Letras.

Masticadores de Letras

fotomaton-Instagram

Clodomira estaba enamorada del amor. A los sesenta años, nunca se había casado, no había tenido novio, ni perro que le ladrara. Iba y venía todos los días de su trabajo, vestida como monja con el traje hasta el cuello y las mangas hasta las muñecas, su cabello encanecido subido en un moño y su rostro arrugado, que irremediablemente mostraba el paso de los años. Saludaba mirando al suelo y de inmediato se metía en su cubículo. Comía en él encerrada y no lo dejaba más que para ir al baño y a la hora de salida.

Tan pronto la mujer tomaba el autobús miraba su móvil con la esperanza de leer algún mensaje. Si lo tenía sonreía y tímidamente miraba alrededor temerosa de que alguien notara su sonrojo. Clodomira se había registrado en una cuenta de match.com para conseguir, aunque fuera, un amor cibernético. Incluyó una foto en su…

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Libro

«El árbol de los panties blancos», por Mel Goméz #kindle #amazon #amazonkindle #libros #https://www.amazon.com/%C3%A1rbol-los-panties-blancos-Spanish/dp/1980796432/ref=mp_s_a_1_fkmr0_1?ie=UTF8&qid=1528224650&sr=8-1-fkmr0&keywords=el+arbol+de+los+panties+blancos+libro

Video: @Miguel Angel Carrera

Loba de medianoche

Me abrazo a la almohada sintiendo que mi cuerpo arde sin remedio. Aprieto los muslos esperando alivio, pero no lo hallo. Sudo. Mi torso está húmedo, tanto como mi entrepierna. Gimo sintiendo mi vientre deseoso, ardiente, furioso. Me acaricio toda, despacio, suavemente —y bruscamente—, esperando alguna satisfacción, pero lo que quiero no está aquí. Me repaso una y otra vez hasta que me vence el cansancio y me duermo contrariada, inquieta, insaciable.

Sueño que corro por el bosque en una noche de luna llena. Unos lobos me persiguen y cuando me alcanzan no me devoran. Me observan y se pasean alrededor de mí. Pueden olfatear mi olor a hembra. Más aún, saben que estoy en celo.  Veo que me miran con sus ojos pardos y brillantes y me enseñan sus colmillos afilados. No siento miedo. Se miran entre sí decidiendo quién me va a atacar. Escuchan que jadeo excitada y resuelven atacarme todos a la vez. Se acercan poco a poco. Uno de ellos pone una pata sobre mi costado para mantenerme quieta mientras los otros con sus dientes rompen mis vestidos. Sus lenguas tibias lamen mis pechos hasta sentir mis pezones erectos. Toman turnos para lengüetear mi cuerpo. Siento su saliva caliente entre los dedos de mis pies, por mis piernas, por mi clítoris, por dondequiera que han pasado sus lenguas gozando de la excitación que me causan. Me arrastran hasta las sombras, en donde soy presa de sus deseos.  Y de los míos.

Un lobo sediento aúlla en la distancia. Los demás se detienen. El pelo de sus lomos se encrespa, sus sentidos se agudizan. Los animales no me quieren abandonar, por nada dejarían su caza. Esperan en silencio. Unos pasos seguros se escuchan sobre las hojas secas rompiendo el conticinio. Debo saber quién es cuanto antes. Desde donde está huelo sus hormonas agitadas, recorriéndole el cuerpo y descubro que está tan enardecido como yo. Quiere poseerme. Quiero que me posea. Está dispuesto a enredarse con los demás y ganar. Los pasos se oyen más cerca. Ellos se miran unos a otros. No parecen asustados —al contrario—, los miro envalentonados, dispuestos a pelear hasta la muerte. Están obsesionados y no van a rendirse.

En la oscuridad de la noche su silueta se perfila y un rayo de luna me deja ver sus ojos amarillos. Me hundo en sus profundidades, él en las mías. Siento que me mira por dentro y lo sabe todo. Estoy desnuda ante él y lo quiero. Mi lobo ruge. Se abalanza sobre uno y otro desgajando sus gargantas, despedazándolos sin piedad. La sangre me alcanza, el olor metálico hiede, pero la pruebo y me gusta. La verdad me enloquece. Quiero más. Me levanto, voy hacia el único animal que todavía respira. Lo hace despacio —apenas perceptible—, pero yo lo escucho. Lo miro en su miseria, la vida se le acaba, pero antes yo debo tomar su fluido aún caliente. Me arrodillo y chupo hasta que no le queda ni un hálito de vida. Me quedo sola con mi bestia en las tinieblas. Un dolor indescriptible me sacude las entrañas. Convulso sobre la tierra, me hiero con los cardos y la sangre brota de los pequeños capilares de mi piel. El animal se acuesta a mi lado y clava sus colmillos en mi garganta. Pienso que voy a morir, pero no. Una sensación de sosiego me inunda. Miro mis manos —ahora peludas—, y acaricio a mi lobo en la cara dulcemente.

La luz de la madrugada me anuncia que es un nuevo día. Es hora de despertar. Creo que tenido un orgasmo dormida, me digo satisfecha. Me regodeo entre las sábanas un rato. Todavía falta un poco para que suene la alarma de mi despertador. Suena. Me levanto de mi cama despacio para ir al baño a prepararme para otro día de trabajo. Abro la llave del agua y me lavo la cara. Cuando me miro en el espejo veo a la loba de la medianoche.

fotografía: pixabay.com