Dalana Trick y la Casa Rosada (8)

           Dalana se concentró en sus negocios ignorando a su marido y a sus hijos a quienes consideraba estorbos. Haciendo honor a su sobrenombre —«Trick»—, consiguió quienes invirtieran dinero prometiendo ganancias inmediatas. La avaricia de sus socios fue su mejor aliado. Tomó dinero a diestra y siniestra de inversionistas y a préstamo, presentándose como una mujer super exitosa con la habilidad de multiplicar el dinero como por encanto. Con su «magia» envolvía a los especuladores financieros, mostrando estados de cuenta falsificados. Incursionó en inversiones peligrosas y llegó el momento en que tuvo que declararse en banca rota embaucando a sus accionistas. No pagaba contribuciones reportando al fisco solo pérdidas. Lo que Dalana no tenía en inteligencia y belleza, lo tenía en el arte de engañar. Muy pronto salió a flote vendiendo información privilegiada y extorsionando a muchos políticos —a los que le sabía toda clase de secretillos—, y que le besaban los pies con tal de que no abriera su boquita siempre pintada de rosado.

            Aburrida de los negocios «femeninos» —moda, perfumes y concursos de belleza—, un buen día decidió que se dedicaría a la política. Parecía muy sencillo. Era cuestión de hablar, prometer y mentir. En eso sí tenía mucha experiencia. Cuando hizo el anuncio formal de que correría para ser la próxima residente de la Casa Rosada, todo el mundo se quedó con la boca abierta.

            —No tiene experiencia —se burló uno de los candidatos.

            —Es una ridícula, ¿quién va a votar por ella? —dijo otro.

            —No es posible. No tiene la menor posibilidad —recalcó el primero.

            —Ni siquiera sabe hablar en público. ¿La has escuchado? —observó.

            —Sí, solo sabe decir:  «fantástico», «fenomenal», «muy malo»… ¡Jajaja!

            —¡Es una payasa! —concluyeron ambos.

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Dalana Trick y la Casa Rosada (7)

        Al año siguiente Dalana conoció a un banquero en Nueva York, que, aunque bastante mayor, era de su estatus social y tenía algunos billones de dólares y acciones en empresas de alto rendimiento en el Dow Jones. Esta vez se aseguró de que no fuera homosexual y de que no le fuera infiel. Por un tiempo mandó a un detective privado a seguirlo, quien le confirmó que el hombre reunía las cualidades que ella necesitaba en su pareja. Después de un corto noviazgo —lo suficiente para hacer las matemáticas y saber si el tipo era desprendido—, a fin de año se realizó la boda, con la condición de que el nuevo esposo firmara un acuerdo de separación de bienes en el que acordaba que de haber un divorcio le pagaría a Dalana un billón de dólares como compensación por su tiempo perdido. Esta boda fue más privada, pero el buen gusto permeó toda la celebración. De todos modos, las fotos de la ceremonia ocuparon la portada de todos los periódicos en América y Europa, pues ella seguía siendo toda una celebrity. Dalana se negó a renunciar al título nobiliario que obtuvo durante el matrimonio con el príncipe y seguía siendo la duquesa de algún lugar europeo recóndito.

            Ahora tendría tiempo para extender su familia mientras hacía sus negocios. Para ahorrarse otro doloroso parto, fue a Los Ángeles para que le hicieran un tratamiento y de un tiro tener gemelos. Un varón y una niña. La ciencia había avanzado muchísimo y los hijos se podían ordenar al gusto de los padres, incluyendo el color de los ojos y el cabello. Nueve meses más tarde, dio a luz a dos preciosos niños y contrató dos nuevas niñeras para que se ocuparan de ellos. Luego emprendió un viaje por Europa —al menos eso le dijo a la prensa—, y cuando regresó lo hizo con bastantes kilos de menos y con una figura impresionante. Nada que un bisturí no hubiera podido arreglar, pero que ella negó rotundamente.

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Dalana Trick y la Casa Rosada (6)

        Dalana quería tener una familia grande. Eso era chic en la nobleza.  A pesar de que no era hija única creció como si lo fuera. La distancia que puso entre ella y su hermana, además de su crianza lejos del hogar de sus padres, le hacían percibirse como que lo era. Le pidió a su marido que cumpliera con su obligación de embarazarla, cosa que hizo con la condición de que le diera acceso ilimitado a una de las cuentas bancarias. Ella lo hizo, controlando las cantidades que entraban y salían de la cuenta. Como nada le faltaba al príncipe, no había necesidad de discutir por nada. Con lo que no contó la pareja fue con la intromisión de la prensa en su vida privada. Cuando estaba embarazada, un paparazi captó al esposo besándose con un «amigo» en una playa caribeña. La foto fue publicada una y otra vez en todos los medios causándole una indignación tan grande que por poco aborta. Dalana interpuso la demanda de divorcio sin pensarlo dos veces. Por más que el hombre rogó ella no dio marcha atrás. Le quitó todos los privilegios económicos e intentó negarle acceso a la criatura, pero el tribunal no lo permitió. Los derechos paterno-filiales le fueron concedidos, más parte del dinero acumulado durante el matrimonio a pesar de sus airadas protestas y de la amenaza del juez de que la encontraría culpable de desacato si no obedecía las órdenes. De esa manera terminó, tan pronto como comenzó, el primer matrimonio de Dalana.

            Cuando nació el niño, Dalana se dio cuenta de que no había nacido para la maternidad. Contrató una nana a tiempo completo para que se hiciera cargo del vástago que aún estaba necesitado de ser amamantado. El pediatra le recomendó que lo hiciera, pero ella no quería dañarse los senos. El niño apenas la reconocía, pero para ella era lo suficiente tenerlo como poseía todas las demás cosas. Esperó un tiempo prudente para ponerse de nuevo en circulación, alegando por supuesto, haber sido inocente de todo lo que le ocurrió con su cónyuge anterior. Comenzó a conocer a otras personas, pues tenía grandes planes con su vida y eso incluía una familia numerosa.

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Dalana Trick y la Casa Rosada (5)

        Las revistas de farándula y del jet set enseguida iniciaron la cobertura del romance del año. Dalana —quien hasta podía decirse que era fea—, se estaba llevando al soltero más codiciado del momento en Europa. La sorpresa no era tanto por lo de su sangre noble sino por su belleza física.  El hombre era un Adonis de piel tostada, cabellos rizos y ojos color miel. Era alto y bien formado. Los paparazis los perseguían por donde quiera. Si iban a la Riviera Francesa, si estaban en algún restaurant en Roma, o en el palacio de Taj Mahal no importaba. Su privacidad se había acabado y ella estaba en el quinto cielo disfrutando de su estatus de socialité. Su ego crecía y crecía. «De aquí en adelante no tengo límites», se decía y sonreía siempre delante de las cámaras con su sonrisa Colgate.

            La boda fue el evento del año, cuya reseña fue exclusiva para la revista «HOLA». Compró su vestido de novia en Kleinfield de Nueva York, confeccionado exclusivamente para ella por Pnina Tornai. Veintiocho damas de compañía —una por cada año de su vida—, con sus respectivos caballeros la acompañaron. La ceremonia tuvo lugar en un palacio italiano. La recepción se hizo en los jardines, que fueron adornados con cientos de flores Kadupul —para que abrieran durante la noche—, rosas Julieta y orquídeas de oro. Los invitados degustarían vinos carísimos y brindarían con champagne Luxor. Cenarían calamares, langosta, cordero y toda clase de legumbres. No faltaba un detalle en esta espectacular boda. La luna de miel fue en Montecarlo. A Dalana le gustaba el dinero, el lujo, todo lo que le diera placer. Pero su espectacular marido no le regalaría esa parte de su ser. Enseguida supo que era homosexual. Pero no lo necesitaba precisamente para recrearla en la cama, lo necesitaba para que anduviera a su lado, para que posara en las fotografías, para que las mujeres se murieran de envidia. Para eso, sí le servía.

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Dalana Trick y la Casa Rosada (4)

      Tal y como ella esperaba, después de llevar una vida licenciosa durante los años universitarios, Dalana se graduó con honores, gracias a una donación sustanciosa que su padre hizo a la institución. Por falta de experiencia laboral, se fue a trabajar al bufete de su padre quien era el único que la soportaba. Por un tiempo el abogado esperó que su hija pasara el examen de la reválida, pero como la nota de pase no la podía comprar, decidió montarle un negocio de bienes y raíces para que se aprendiera a sostenerse por sí misma.

            —Intenta que te guste este negocio, porque no te voy a mantener más —anunció el padre, quien esta vez puso sus actos donde la palabra. Dejó a su hija sin apartamento y sin coche. Le pagó el hotel por un mes y le advirtió que cuando terminara el mes, ya no habría nada más.

            Dalana vio que el dinero se acababa y su tiempo en el hotel también, por lo que decidió comenzar a esforzarse en el negocio. Algunos, que creían que todavía contaba con el apoyo de su padre y querían congraciarse con él, comenzaron a hacer negocios con ella. Como le iba bien, comenzó a diversificar sus negocios. Ya no solo tenía su compañía de bienes y raíces. También empezó a invertir en textiles, empresas de moda, diseñadores, perfumes y concursos de belleza. En sus viajes de negocios a Europa, conoció a un príncipe —con derecho al trono detrás de diez y ocho parientes—, pero que ella consideró útil para su estilo de vida. Ella tenía dinero y él un título de la nobleza. Para sus estándares era la perfecta combinación.

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Dalana Trick y la Casa Rosada (3)

         Dalana terminó el colegio con pésimas calificaciones, pero como su padre contribuía económicamente con una de las universidades, su entrada estaba asegurada. Con auto nuevo y un apartamento lujoso, comenzó su vida universitaria. Allí sí tendría amigos, pues muchos estudiantes no tenían tantos recursos como ella y estarían a sus pies por solo la oportunidad de estar a su lado. Dalana compraba sus amigos para mal tratarlos. Ninguno se atrevía a llamarla por el odiado sobrenombre —Dalana Trick—, pero los que la conocían de toda la vida sí se atrevían. Entonces además de narcisista, se volvió vengativa y utilizaba a sus «esclavos» —como les llamaba a sus nuevos amigos—, para llevar a cabo los más crueles desquites. En una ocasión en la que estaba en la fiesta de la sororidad, Dalana mandó a echar éxtasis en una bebida y se la dio a tomar a una de sus conocidas de la que quería vengarse. Cuando la muchacha estaba drogada, la hizo desvestirse y salir desnuda por todo el campus, tomándole vídeos y fotografías. Después lo subió al Internet en dónde todo el mundo —incluyendo los padres de la joven intoxicada—, la vieron. Cuando la muchacha supo lo sucedido mientras no tenía conciencia, no pudo soportarlo y se quitó la vida.

            Dalana fue al velorio y hasta habló de las virtudes de la muchacha. 

            —Es una pena que haya acabado tan mal —dijo para recordar el incidente de su desnudez publicada secándose una lágrima fingida con un caro pañuelo. 

            Todos sabían que Dalana odiaba a la muerta, que sus palabras eran un acto de hipocrecía y su cómplice a pesar de estar arrepentido, no se atrevió a acusarla porque también quedaría implicado. Esa y muchas otras barbaridades hizo, Dalana. Mala y cruel. Su corazón estaba nublado de odio y falsedad, pero lo peor era que no sentía la menor pizca de remordimiento.

Continuará…

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Dalana Trick y la Casa Rosada (2)

         Dalana tenía un maestro de literatura que era de origen africano. A pesar de que el profesor tenía un doctorado en la materia, la muchacha no lo respetaba solo por el color de su piel. Un buen día en el que no había hecho su tarea, para evitar el mal rato y tener que —como siempre—, inventarse una excusa, fue a la dirección del colegio acusando al educador de que le había tocado sus partes íntimas y le dijo al director que si no lo despedía llamaría a su padre para que demandara.

            —Mi padre se quedará con todo, incluyéndolo a usted —amenazó.

            El director —que conocía muy bien a Dalana—, no perdió ni un segundo y de inmediato llamó al padre de la joven.

            —No voy a dejar que su hija me intimide —dijo con autoridad—, si es cierto que el profesor cometió ese acto en contra de su hija, se tomaran las medidas necesarias, pero si no, entonces la expulsaremos sin más.

            Cuando Dalana se dio cuenta de que su plan no funcionaba, tomó sus cosas y se fue con su avergonzado padre. Sin embargo, las cosas no se quedarían así. El hombre también estaba cansado de la mala actitud de su hija y a pesar de que intentaba de que su comportamiento mejorara, ella cada vez se portaba peor. Mientras ella pensaba que se había salido con la suya, sus padres habían decidido enviarla a un internado de monjas, reconocido por su rigurosa disciplina. Tal vez de este modo —pensaban—, la muchacha sería más considerada.

            Nada más lejos de la verdad. Cuando Dalana arribó al nuevo colegio, su fama la precedía. Los compañeros le habían apodado «Dalana Trick» y ya no podría deshacerse del sobrenombre. Ahora se sentía más sola que nunca. Se reían y se burlaban de ella. El hecho de que su padre fuera abogado no la ayudaba en absoluto y tuvo que optar por mantener la calma hasta graduarse. Entonces se iría a la universidad, en la que tendría por fin libertad. No importaba si no hacía sus tareas pues su padre le compraría el título de todos modos. Sabía que por el estatus social al que su familia estaba acostumbrada, tener un hijo sin título e inútil era algo que su padre no iba a permitir.

Continuará…

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Dalana Trick y la Casa Rosada (1)

Dalana era una niña, digamos, de inteligencia limitada. Su padre un abogado prestigioso en una ciudad muy moderna, la había matriculado en un colegio carísimo con el fin —de que al menos—, si se codeaba con la crema y nata de la sociedad algo bueno se le pegaría. Pero Dalana tenía muy malos modales. Era ruda, mentirosa y cruel. Nadie era lo suficientemente bueno como para ser su amigo o amiga, por lo que siempre estaba sola. Sus compañeros de clase no la necesitaban pues también eran muy ricos y la muchacha no tenía ningún atractivo como para que se interesaran en ella. Veían con horror como maltrataba a los que eran diferentes y preferían mantenerla a distancia.

Dalana era mala hasta con los de su familia. En una ocasión le pidió a su padre que le regalara un caballo y este le pidió que sacara buenas notas y entonces lo tendría. Su hermana menor apareció una tarde con un cachorro y pidió a sus padres que se lo dejaran tener. El padre aceptó, pues la niña era muy aplicada en sus estudios, recordándole que sería responsable del animalito, alimentarlo, limpiarlo y todo lo demás. Dalana estaba furiosa, porque, aunque trataba de sacar mejores calificaciones no lo lograba. Esperó que su hermana se durmiera una noche y le dio a comer al cachorro un pedazo de carne con veneno. En la mañana cuando la otra niña despertó y encontró al perrito muerto, lloró desconsolada por una semana, mientras Dalana se escondía para ocultar su siniestra sonrisa.

Continuará…

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Imagen sacada de la red

¿Dónde estás Mel?

Me he levantado hace un rato y pasé a mirar mi buzón de mensajes. Me he encontrado con esta belleza. Un poema  que me ha dedicado mi querido amigo Poetas Nuevos. Me ha hecho llorar y sonreír. Y agradezco de todo corazón esta atención. Tenía que compartirlo. Gracias amigo. Un beso. 
Poema dedicado:
Eres el mar
que rodea a tu madre,
a veces te haces ovillo
junto al amado,
quien te desenreda
para verte feliz,
de un salto al reverso
eres autora destacada.
Pero, dónde estás Mel,
acaso los personajes
te raptaron,
tendremos que hacer
otra colaboración,
para sacarte entrelíneas.
Entonces llegas con tu sonrisa,
– ojos achinados decimos acá –
escribes una carta y vuelves
a tus tierras natales,
respiras profundo,
eres mar y alegría,
por un segundo piensas en inglés
– take you time –
– be nice –
– fly away –
– again U.S.A. –
– oh my godness –
Vas al doctor,
hasta los personajes y sus letras
te acompañan, ahora eres tú,
quien vive un drama, pero nada,
alegría de vivir y muchas ganas,
a esta boricua no la dañas,
su corazón está encargado
al de arriba – se da de alta –
vuelve a escribir y vive el día a día.
Aquí no ha pasado nada.

Se fueron

El segundo grupo de golondrinas que nació en el portal de mi casa se fue. Eran preciosas. Tenían una rayita en la cara como los indios cuando se pintan para ir a la guerra. Pensé que se quedarían por más tiempo y no les tomé una foto, como lo hice con las otras. Fui tan tonta que no me di cuenta que ya se irían. Cuando llegué ayer en la tarde una estaba sobre el faro de la entrada mirando a las demás volar. Creo que me estaba diciendo adiós y no lo supe. En la mañana cuando fui a buscarlas, ya se habían ido.

Las extraño ya. Supe desde que llegaron que se irían. Igual me pasó con mis hijos. Mientras estaban en casa no aprecié la alegría que me daban. La casa se llenaba de sus risas y yo miraba la vida suceder, pero no lo tuve en cuenta. Al menos no como debí. Llegaba cansada del trabajo, me consumían los quehaceres y no vi como se me iban, como no vi partir a mis golondrinas. De pocas cosas me arrepiento en la vida. Esta es una de ellas.

Cuando lleguen las próximas les haré una foto. No ignoraré sus trinos alegres en la mañana y cuando les llegue el momento de partir, les diré hasta luego. Les dejaré saber que siempre pueden volver, porque esta es su casa.