La ninfa de cobre

SALTO AL REVERSO

Un hombre huraño vivía en un bosque como cualquier otro. Lo tenía todo, pero no lo sabía. La soledad lo abrumaba, tanto, que no apreciaba su vida.  Se levantaba cada mañana y no escuchaba los trinos del ruiseñor que anidaba en un árbol vecino. Tampoco se percataba de que todavía respiraba y que el aire limpio invadía sus pulmones, oxigenando cada célula de su cuerpo. No olía las flores de múltiples colores que adornaban los alrededores de su morada, ni apreciaba los tonos increíbles que ellas le regalaban. Él, arisco, no miraba las hojas verdes, el follaje precioso ni el cielo azul. No admiraba el pelaje de terciopelo de su perro fiel ni se deleitaba al tocarlo. Todo lo que comía le sabía insípido, incluso la miel de las abejas. No quería nada, solo regodearse en su soledad. Sufrir hasta que llegara su hora.

Mas ese no era el destino…

Ver la entrada original 585 palabras más

El último lugar del mundo

Un recalentadito. Espero que lo disfruten.

SALTO AL REVERSO

old-2174517_960_720

Muchas veces me había preguntado dónde quedaba el último lugar del mundo. Cuando lo hacía era porque tenía un deseo incontrolable de escapar a un sitio en el que nunca nadie me encontrara. Desaparecer. Estaba cansado del diario vivir, de las responsabilidades, del trabajo, de las cuentas, de mi mujer y hasta de mí. Quería salir de todo y comenzar una vida nueva, allá, en ese lugar recóndito. De vez en cuando pensaba que quedaba en unas islas más allá de la Siberia —recientemente encontradas a causa del hielo que se derritió en la zona—, pero de solo pensar en el frío que debía hacer, perdía el interés de inmediato. Otras veces pensaba en Australia, en la Patagonia, o en cualquier pueblo perdido en medio de las Amazonas. Jugaba con la idea a menudo, era un pensamiento repetido, pero nunca tenía suficiente coraje como para tomar una decisión tan drástica…

Ver la entrada original 1.134 palabras más

La canción de Lara

Lara King cantaba en un club nocturno en la ciudad de Nueva York. No había una cantante en ese momento que pudiera igualar el registro de su voz y las notas de las melodías que tan armoniosamente salían de su prodigiosa garganta. Los músicos de la orquesta la admiraban y por doquier presumían que acompañaban aquel fenómeno de mujer con sus humildes instrumentos. Tan solo de ver a Lara subir al escenario, caminando con aquella gracia, quedaban embobados y al interpretar los primeros acordes de su canción, las lágrimas se les salían de emoción. Es que no era solamente su voz, sino el sublime palpitar de su corazón que se desbordaba en cada tonada.

            Su nombre se repetía por los barrios de «La gran manzana», despertando la curiosidad de quienes no la habían escuchado aún. El club siempre estaba repleto y hasta fila hacían por oírla cantar, aunque fuera por unos breves minutos. Muy pronto se regaron rumores por todo el mundo de su milagro melodioso, tanto que honorables y excelentísimos acudían escondidos bajo ropas y sombreros de ala ancha para no ser reconocidos, y al igual que todos quedaban cautivados con la voz de Lara.

            Su traje de lentejuelas tornasol cambiaba de color según la luz de las lámparas. Su cuerpo lucía magnífico abrazado en aquel vestido que hacía suspirar a los hombres, incluyendo a Franky, el italiano dueño del negocio. Él la amó desde el primer día que la escuchó cantar, desde entonces, en su corazón se abrió un agujero que ninguna mujer podría llenar. Lara lo sabía, pero no estaba dispuesta a ser su amante. Era negra y sabía que nunca la aceptarían ni su familia, ni sus amigos y muchos menos los suyos. Claro que lo quería, ¿quién no? Era guapo, con su pelo negrísimo, ojos inmensos de largas pestañas, cuerpo esbelto, piel oliva, y su olor mediterráneo.  Un sueño para cualquier mujer, menos para ella.

           Cuando el espectáculo terminaba, usualmente a las dos de la mañana, Lara iba a su camerino, se cambiaba dejando allí su traje tornasol y salía por la puerta de servicio, la misma por donde salía la gente de su raza, no importaba que fuera el conserje, el contador o la estrella de lugar. Esa salida daba a un callejón oscuro, en el que deambulaban toda clase de seres humanos, a los que ya poca humanidad le quedaba. Mirando al suelo, distraída, en la calleja solo se escuchaba su taconeo rítmico. Una noche, en la oscuridad, un hombre la asaltó por la espalda poniendo un afilado cuchillo en su delicado cuello, amenazando la pureza de sus cuerdas vocales.

            —Con esto él va a pagar todo lo que me debe —dijo el hombre con un inconfundible acento italiano.

          El corazón de Lara palpitaba aceleradamente, quieta, sin siquiera atreverse a respirar profundo, no lograba entender por qué la atacaban. Claramente el hombre no deseaba nada de ella, no intentaba violarla, ni siquiera quitarle su bolso, solo cobrar una deuda que no era suya. Pero ¿quién debía dinero a este hombre? Aterrada, ensimismada en sus nefastos pensamientos, preparándose para la muerte, de pronto el individuo se desplomó salpicándola de sangre. Lara no escuchó disparos, más bien un sonido sordo de un arma de fuego. Atontada como estaba, alguien agarró su brazo y la llevó casi a rastras hasta subirla a un coche.

           El hombre que manejaba era un desconocido. Estaba tan cansada, primero el show, después el evento del atacante y ahora un secuestrador. Parecía que iba a ser una larga noche. De reojo miró al hombre en el volante. Era como cualquier otro italiano, veía muchos en el club todas las noches, pero este no le hablaba. Mantenía sus ojos en el camino, sin distraerse. Lara pensó en tirarse del vehículo en marcha, ¿qué podría pasarle? Una que otra laceración, un golpe, pero podría escapar. Era mejor que mantenerse a la expectativa, sumisa, sin luchar. Había aprendido a subsistir desde hacía mucho. Cuando trató de abrir la puerta, no pudo. El hombre agarró su muñeca tan fuerte que pensó que se la iba a quebrar.

            —No entiendo nada. ¿Me puede explicar?

            Silencio por respuesta. Lara intentaba soltarse, pero la apretaba más aún. Manejó hasta un camino estrecho, bordeado por árboles enormes y tan oscuro que apenas podía verse las manos. Una vez allí, detuvo el carro. Se bajó dando una vuelta para abrirle la puerta.

            —¿Quién es usted? ¿Qué quiere de mí?  

            La agarró por el brazo halándola para sacarla. Ella se resistía, pero fue en vano. El hombre era más fuerte. Una vez afuera la condujo por un camino de tierra, hasta una cabaña que apenas tenía una luz tenue en el pórtico. Tomó una llave que estaba en una vasija y abrió. Encendió la luz e hizo que Lara entrara, luego se fue, dejándola adentro encerrada bajo llave.

            Lara repasó el lugar con los ojos. Un catre en el suelo sucio y con manchas de sangre y una silla era todo el mobiliario. Tenía ganas de orinar, solo había una puerta e imaginó que era el baño. Al abrir la puerta la peste a sangre podrida la hizo dar un paso hacia atrás. Desistió y decidió aliviarse en un cubo que estaba en la habitación. Después se sentó a esperar qué pasaría en adelante. Lara no sabía hacer nada sin cantar, así que empezó a tararear «La vie en rose» de Edith Piaf. Cuando cantaba se elevaba a un lugar seguro, en donde nadie podía hacerle daño.

            Lara nació en Louisiana y empezó a cantar cuando apenas caminaba. Su canción era lo único que tenía. Su padre era alcohólico y cuando llegaba —si llegaba—, estallaba en gritos por cualquier cosa y después agredía a la madre. La niña asustada se escondía hasta que todo acabara. Tan pronto se iba, la pobre mujer, con su cara desfigurada, la tomaba en brazos, le cantaba canciones de la Piaf y le prometía que su vida algún día sería rosada como la canción. Un día todo acabó para siempre. El recuerdo que Lara tenía de su madre era una cara amorfa y sangrante y aquella canción en un idioma desconocido. De allí la llevaron a una casa para niños sin padres —aunque tenía al suyo estaba preso y la sola idea de vivir con él le aterraba—, allí sufrió toda clase de abusos y solo su canción francesa la consolaba. Un día un hombre que pasaba la escuchó cantar y prometió pagar una generosa mensualidad al hogar si se la entregaban. Solo tenía quince años. Ese hombre era Franky. Contrario a lo que muchos pensaron, él nunca tocó a Lara y la trató con decencia, dentro de las limitaciones que el color de su piel le imponían. Franky la amaba de verdad.

            Pasaron cerca de dos horas cuando escuchó que entraban la llave. Se puso de pie instintivamente, aunque sus piernas casi no la sostenían. Tres hombres, incluyendo el que la había traído, entraron en la habitación.

            —Bueno linda, sabemos que eres lo más valioso que tiene Franky. Lo hemos citado para que pague el rescate por tu vida —dijo el primero, pero este no era italiano. Le parecía más bien ruso: alto, de pelo rubio casi blanco y el acento característico.

            —No sé por qué Franky pagaría por mí. Solo soy una cantante y hasta pensaba en renunciar al club —dijo sin meditar en el riesgo en que ponía su vida.

      —Eso no lo crees ni tú —respondió el otro acercándose a ella amenazadoramente.

            —Es cierto. Ya se lo había adelantado. A estas horas a él no le debe ni importar lo que hagan conmigo.

            El hombre la abofeteó. Ella cayó al suelo.

            —En verdad crees que somos estúpidos. Te hemos seguido por días, sabemos donde vives, lo que haces. Franky haría lo que fuera por ti.

            Lara decidió callar, un hilo de sangre le recorría desde la esquina de la boca al cuello. Se imaginaba como su madre, con la cara rota.

            —Prepárate que nos vamos.

            La joven obedeció. Siguió con los hombres y subió a un auto negro, Lincoln Zephyr 1940. El hombre que no hablaba retomó el volante y emprendió el viaje. Por el camino los hombres intercambiaban miradas. En una u otra ocasión hacían comentarios sobre si Franky iría al lugar que habían establecido para hacer el canje. Lara ya se daba por muerta. Aunque reconocía que era un buen negocio para Franky, no sabía cuánto le debía a aquellos hombres y si estaba en posición de pagar. Su futuro era incierto y en su mente empezó a tararear su canción, la de la Piaf, aquella que la salvaba siempre.

            Viajaron casi tres horas hasta llegar a un puerto. Todo estaba oscuro, apenas iluminado por uno u otro farol. Aparcaron hacia la entrada. Se quedaron en el auto, en expectativa. Cinco minutos después otro auto llegaba cegándolos momentáneamente. Quedaron frente a frente y el recién llegado apagó las luces. Nadie descendía de ninguno de los carros. Fueron minutos de mucha tensión. Nadie hablaba en el auto en que estaba Lara. Por fin Franky bajó y se quedó parado frente al carro con un maletín en la mano. Uno de los hombres que estaba con Lara también bajó ocultando un arma en su sobretodo. Caminó despacio hacia Franky.

            —¿Dónde está Lara? —preguntó el italiano.

            —El dinero primero… —respondió sacando el arma.

            —Quiero verla primero —exigió.

         El hombre hizo un gesto a los que estaban en el carro, para que dejaran salir a Lara.

            —Cuidado no intentar nada —le advirtió el mafioso agarrando a la muchacha del brazo.

            —Vengan más cerca —pidió Franky—. Lara, ¿estás bien?

            —Sí, estoy bien.

       —Ya está bueno de conversación. Entréganos el dinero y te entregaremos a la negra.

            Franky se tragó la furia por amor a Lara. No quería que los hombres se alteraran y fueran a hacerle algún daño. Puso el maletín en el suelo y lo empujó con el pie hacia el malandrín. Este se agachó apuntando con el arma y tomó el bulto. Lo abrió y sonrió satisfecho. El dinero estaba completo.

          —¡Vamos! —ordenó a los otros, empujando a Lara quien cayó al suelo.

            Encendieron el vehículo, pero antes de marcharse, dispararon a Franky hiriéndolo en el pecho. Lara se arrastró hasta donde estaba su amado.

Franky y Lara se mudaron a Francia. Se fueron a donde podían vivir su amor. Su canción los había salvado para siempre.    

Novedades 2020 de Fleming y Masticadores y les Presentamos a David González

Fleming crece. Nuevos proyectos 2020. Masticadores de letras cada vez más interesante, nuevos autores con estilos y temas para cualquier gusto.

Barcelona / j re crivello

Fleming en Enero y Febrero viene cargado de nuevas ediciones, hoy le presentamos Bullying de David González y con ello la web de la Editorial y los Premios que convocamos en 2020

Bullying (Acoso Escolar) novela Link Fecha de salida 8 Febrero

Y los premios que convocamos este año 2020

I Premio MasticadoresdeLetras para cuento WebLink

I Premio MastegadoresdeLLetres en catalán

I Premio de Literatura Chuches/Xuxes para niños y niñas en catalán y preparado con varios colegios. WebLink

Todos los premios se entregarán la noche anterior a Sant Jordi (el día 22 de abril) en el patio de Fleming en el centro de Vilanova i La Geltrú y estarán a la venta sus ediciones en Sant Jordi (día 23 abril), en el stand de Fleming Editorial con otros 14 autores

Invitamos a todos a enviar su cuento y participar abiertamente pues garantizamos un jurado excepcional.

Ver link Web Editorial Fleming

Ver la entrada original 7 palabras más

¡FELIZ 2020!!!

Mañana se acaba un año de mucho aprendizaje para mí. Doy gracias por todo lo que tengo y por lo que no tengo también, pues quiere decir que no me hacía falta o no me convenía. Estoy feliz de tener a mi madre, mis hijos y mis nietos, quienes son mi razón de existir. Doy gracias por mis amigos, porque se preocupan por mí, porque me escuchan cuando estoy triste y me atienden cuando estoy imposible. Doy gracias por la salud, pues aunque estuvo quebrantada, fui sanada con prontitud y estoy de nuevo en pie. Por todos los eventos que ocurrieron en el Verano 2019 en Puerto Rico, algo para recordar siempre. ¡Hay esperanzas! Por los amigos nacidos en este verano tan especial. Finalmente, por mi esposo Javier. Por sus cuidados cuando estuve recuperándome; porque me entiende y me deja volar hacia mis sueños y hacia mi islita, cuando se me acaban las baterías y solo el sol borincano puede cargarlas. A ustedes todos, los que me leen, un abrazo y los deseos de que el 2020 sea un año mejor para la humanidad.

Mel Gomez edita su 4to libro con Fleming

Presentación de mi cuarto libro: “Cuentos de Ipaguima”.

MasticadoresEspaña

portada 2Cuentos de Ipagüima

Presentamos una entrevista y el libro que ha aparecido a la venta ayer de la escritora Mel Gomez, quien forma parte del equipo de Fleming y MasticadoresdeLetras.

img contraportada Mel gomez

J Re Crivello: ¿El territorio de Ipagüima es ficción o es real?

Mel Gómez: Ipaguima se basa en una realidad que fue y que quisiera que fuera. No sé si me explico. Muchas cosas de las que están contenidas en el libro, sobre sus gentes, el paisaje, las problemáticas de los personajes, son reales. Me recuerdan a la niñez y la juventud que tuve en mi Puerto Rico. La forma en que se resuelven las cosas, algunas son reales, otras son como quisiera que fueran. Por eso lo dedico: “a la Ipagüima de mis sueños”.

J Re Crivello: ¿Qué siente un autor cuando ya ha publicado su 4to libro?

Mel Gómez: Es una sensación increíble. Llegar a un cuarto libro me hace sentirme…

Ver la entrada original 338 palabras más

Carta a mi nieta 2020 Mel Gómez

Pido a mi nieta de siete años que ayude a salvar el planeta. A nosotros, debemos cuidar de la herencia que dejamos a su generación.

MasticadoresEspaña

b3bd94d0d9571189201c04ad27a36949

Atada a las memorias de pluma y de papel, de pinceles de colores, pintando amaneceres de la tierra que me vio nacer, mi querida Ariana, la niña que fui debe pedirte que luches y no te dejes vencer.

Érase una vez, cuando tenía tu edad, debía aprender de la fauna y la flora a través de coloridas láminas, dibujos y fotografías, pues en nuestra isla no había las especies salvajes y silvestres que en ellas se mostraban. Me maravillaba la naturaleza en toda su extensión, su diversidad y belleza. Me ensimismaba ante el fresco conocimiento que mis profesoras —monjas—, me inculcaban, sabiendo que el amor que por esas criaturas dejaban en mí, garantizaba de algún modo, su permanencia en la tierra. Entonces existían plantas, flores, mamíferos, pájaros, reptiles e insectos de todo tipo, y la esperanza de que algún día me tropezaría con uno de aquellos hermosos ejemplares, que solo…

Ver la entrada original 332 palabras más

Entrevista a Mel Gomez

A propósito de la presentación de mi cuarto libro: Cuentos de Ipaguima. Gracias Editorial Fleming.

MasticadoresdeLetrasLatinoAmérica

Directa, honesta, contundente, esa es Melba Gómez. Sí, faltan adjetivos que la conforman: lealtad, sensibilidad y coraje. Radicada en Texas, igual sigue su sangre boricua latiendo al son de su amado Puerto Rico.

¿Qué une a los personajes de tus historias?
  1. Los personajes de mis historias están unidos por diversas problemáticas, en las que siempre tengo el deseo de llevar un mensaje que le llegue al lector, de quien espero empatía. Por supuesto, que el amor es el hilo conductor, en la mayoría de los casos.
  2. En tus personajes, ¿se refleja parte de tu personalidad como escritor?

    Sí, hay mucho de mí en mis personajes. Alguna característica, forma de pensar, deseos, valores, dudas, filosofía de vida.

  3. Para escribir, ¿es necesario sentir?

    Si no se siente es imposible escribir. Los sentimientos que me llegan del mundo externo o del interno son imprescindibles para poder crear a mis personajes. De otro modo…

Ver la entrada original 280 palabras más