Lorenzo

Lorenzo repasaba aquellos dias en los que le hacía el amor a su esposa todas las noches. Se envolvía en el aroma de su piel, de su pelo que lo enloquecía y le hacía olvidar la lucha diaria. ¡Cuanto amaba a esa mujer que le había cambiado la vida! Pensaba en su pelo negro y lacio que el tocaba cuando la tenía sobre él y le agarraba por la cintura. Se embelesaba en sus senos blancos, redondos y firmes con sus pezones rosados. Deseaba su vientre caliente, latente, humedecido por la anticipación. Soñaba con sus piernas apretándolo, reclamándolo para dentro de si. Recordaba, recordaba, recordaba.

Pero Lorenzo ya era viejo y ella sólo vivía en sus recuerdos.

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