Fisgonera

Algunos me preguntan que ha sido de la vida de Aida. Sí, esa misma a la que le gustaba fisgonear y espiar la vida de los demás. ¿Se acuerdan que persiguió a Adán el obrero hasta llegar a la casa, con el solo propósito de investigar para qué o para quién quería las flores? Hombre, si no había que pensar mucho que tenía en mente el Adán; un revolcón monumental, ¿qué más? Pero a Aida desde entonces se le ha quedado la costumbre de observar y luego perseguir a la gente.

Les cuento que el otro día vio a un chino solo en un restaurante, de esos de bufete en los que te levantas y te sirves cuantas veces quieres. Pues la entremetida se sentó en una mesa desde donde podía observar al pobre hombre mientras almorzaba su sushi. A ella le parecía exquisito y sensual como manejaba con los dedos los palitos y luego se los llevaba con suavidad a la boca y masticaba muy despacio cada bocado. Se imaginaba que esa misma ciencia y paciencia tendría al hacer el sexo. Por eso cuando terminó el chino de comer decidió seguirlo. Necesitaba saber donde vivía y con quién.

Pues allá se subió a su auto super económico y él iba en uno similar. Cuando llegaban a un semáforo, ella le alcanzaba para ver que hacía,  y él parecía ajeno a que alguien le seguía. Así continuó la persecución hasta que llegó a un barrio muy nebuloso. Vio al chino que se bajaba del auto y unos hombres que se acercaron a él con cara de pocos amigos. Chinos también, pensó ella por su apariencia. El chino se veía asustado y les explicaba en su idioma algo que Aida no entendía. Se veía agitado. Los hombres se veían molestos y uno de ellos lo empujó y el cayó al suelo.

Aida se estaba arrepintiendo de haberse metido a husmear. De pronto sintió un cañón frío en su sien.

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7 comentarios en “Fisgonera

  1. después de la media rueda dijo:

    Salvas a Aida de los chinos y la metes en una desilusión descocante .:-) No seas malita con ella, que me cae tan bien como a tí. Concédele al menos tres deseos…
    En serio: un acierto el personaje, impulsa a seguir sus aventuras.
    Un abrazo, caribeño aunque esté en el Polo Norte.

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