La Casa VII (La Fiebre)

Rodrigo estaba consumido por el cansancio y la preocupación. El médico le aconsejó que fuera a la casa a descansar y regresara en la mañana. A Irene la iban a mantener en observación mientras tuviera la fiebre y pudieran encontrar el origen de la misma. Extenuado como estaba decidió irse a dar un baño y a descansar un poco. Aunque lo último dudaba que lo iba a conseguir. Cuando entró en la tina todavía estaban las manchas. Salió y roció un poco de detergente y dejó correr el agua hasta que desaparecieron y se dio el baño. Mientras se rasuraba pensaba que pasaba con Irene. Nadie podía responder. ¿La bendita picadura del escorpión azul tendría que ver con lo que su mujer estaba sufriendo? Mientras se secaba la cara con la toalla miró hacia la tina y de nuevo estaban las manchas rojas que parecían de sangre. Se olvidó del descanso y llamó a Jorge para ver si ya tenia el resultado de la muestra del liquido rojo que le había llevado.

-¡Hola Rodrigo! ¿Cómo has estado?-Al otro lado de la línea le saludó Jorge amablemente.

-Saludos amigo. Mira, te llamo rápido porque quisiera saber si tienes el resultado de lo que te llevé. Me urge saber que sustancia es la que tengo en la tina de mi casa.-Dijo Rodrigo.

-Pues todavía no tengo nada. El laboratorio toma un poco de tiempo pero tan pronto llegue prometo llamarte inmediatamente-Le aseguró Jorge.

Rodrigo se sentía frustrado ante la falta de respuestas. Buscando cualquier cosa decidió ir a la tienda de pesticidas a ver a Luis por si el podía darle alguna información.

-¡Hola! Otra vez por aquí. ¿En que te puedo ayudar?- Dijo Luis saludando a Rodrigo alegremente.

-Luis, ando desesperado. Mi mujer está en el hospital desde ayer con una fiebre pavorosa y no han podido hallar que tiene. Busco cualquier respuesta. He pensado que tal vez la picadura del escorpión azul tenga que ver con su salud quebrantada. Tu me mencionaste que el escorpión estaba fuera de región. ¿Por qué lo dijiste?-Preguntó Rodrigo.

-¡Oh, no! Siento mucho lo de tu esposa, Rodrigo. Si te lo dije. Este tipo de escorpión esta fuera de su hábitat. Hasta donde sé son oriundos del oriente de Cuba. Cómo llegaron aquí es la cosa.-Explicó Luis, sinceramente apenado por la salud de Irene.

-Luis tu tienes idea de quien vivía en mi casa antes que nosotros?-Inquirió Rodrigo saltando del tema del escorpión.

-Bueno…eh…yo vivo lejos de allí. No se quien vivía allí antes que tu. ¿Por qué no le preguntas a algún vecino?-Contestó Luis nervioso.

Rodrigo notó el nerviosismo de Luis y por lo mismo no quiso insistir. Algo sabia al igual que Jorge. ¿Pero qué sucedía que ambos se negaban a darle mas información? El buscaría por otros medios pero si no encontraba nada tendría que obligarlos a decir lo que sabían. Volvió a la casa y navegó en la red para ver si encontraba información de los escorpiones azules. Algo encontró. En efecto eran originarios de Cuba y para su sorpresa su veneno parecía tener propiedades curativas. Los artículos disponibles explicaban que el veneno inhibía una enzima que ayudaba a crecer los tumores malignos. En Cuba ya el veneno se estaba usando con resultados asombrosos. Esta reseña no le ayudaba en nada. En todo caso, si el veneno tenía propiedades curativas no se explicaba la condición de Irene.

Rodrigo decidió regresar al hospital. Cuando se acercó al cuarto el cuadro que enfrentó era dantesco. Irene estaba rodeada de médicos mientras convulsionaba sin control. Los galenos se miraban unos a otros desconcertados mientras las enfermeras trataban de evitar que ella se hiciera daño. Rodrigo entró en el cuarto gritando desesperado y preguntando que le pasaba a su mujer. El personal de seguridad lo aguantó y lo sacaron del cuarto. Uno de los doctores se fue tras él y se ofreció a explicarle lo que estaba pasando aunque en realidad no tenía ninguna explicación. La fiebre de Irene no cedía al contrario subía y los tratamientos para bajarla resultaban infructuosos. Rodrigo no quería saber qué no estaba funcionando. El quería saber que iban a hacer. El quería que ellos arreglaran a su esposa. El ya no podía soportar más lo que estaba viviendo. Le rogó al galeno que lo dejara acercarse a su mujer y prometió no hacer escándalos. El médico le dijo que iba a ver que podía hacer. Se fue y lo dejó allí solo. Con una soledad insoportable. Con una incertidumbre que le sacudía su eternidad.

Pasaron varias horas antes de que Irene se estabilizara. Rodrigo ya estaba sin alma. Cuando regresó el médico y le dijo que podía pasar quien caminaba por aquel pasillo sin final hasta la habitación era un fantasma. Irene yacía en aquella cama pálida como la muerte. Cuando Rodrigo le habló ella abrió los ojos y apenas sonrió.

-Rodrigo, ¿quién vivía en la casa?-Alcanzó a decir y luego cayó en un profundo sueño. Rodrigo lloró amargamente. Sentía como si su cielo se fuera a juntar con la tierra y sólo él estaba para evitar que el espacio se cerrara. Si lo que le pasaba a Irene tenía que ver con la casa juró que averiguaría cuál era el secreto.

– ¡Gina!-Tocaba la puerta mientras llamaba a la esposa de su amigo Jorge. Ella sabía todo sobre la casa. Estaba seguro. Ella quería decirles el día de la barbacoa.-¡Ginaaaa!

Gina abrió lentamente la puerta. Rodrigo estaba como loco. Ella se asustó y salió fuera de la casa para preguntarle que pasaba. En un segundo Rodrigo le explicó todo lo que estaba ocurriendo y le suplicó que le dijera que pasaba con la casa.

-Rodrigo, sólo te puedo decir que en tu casa vivía un Capitán de la Base Naval de los Estados Unidos en la Bahia de Guantánamo, Cuba.-Dijo Gina. Rodrigo insistió en que le diera mas información.

-Lo siento Rodrigo. Es todo lo que puedo decirte.-Lo abrazó y se metió en la casa.

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