El Arbol De Los Panties Blancos.8

Chema estuvo buscándola toda la noche. No se resignaba a perderle. Se acordaba de como su padre espero por años a su madre y entonces lo comprendió. Se odiaba a sí mismo porque sabía que él había sido el responsable de que Bamorí se fuera. ¿Por qué la había tratado así? ¿Por qué no se había acercado a ella de otra manera? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? No importaba cuantos por qués corrieran por su cabeza ahora sólo le quedaba buscarla. Buscó en donde estaban las personas sin hogar. Buscó por las alcantarillas y en los botes de basura. En la mañana buscó en las cafeterías aunque sabía que ella no tenia un centavo. Luego por las calles. Llegó a preguntar por las casas alrededor si alguien la había visto. No podía haber ido muy lejos. ¿Pero a dónde? Bamorí, su india. Se le había metido en el alma y él que nunca había amado a ninguna mujer sabía que ella sería la única. Pasaron varias semanas y sus esfuerzos por encontrarla eran en vano. Tal vez había vuelto a la Sierra.

Se fue a la Sierra, al mercado a buscarla. Allí vio de lejos a Suré y a la niña. Como siempre trataban de vender su mercancía pero nadie se acercaba. El fue donde ella y le preguntó por Bamorí. Suré lo miró extrañada.

-Tiwí ena cuntigu.-Le dijo con coraje. Su niña se había ido con él y ahora preguntaba dónde estaba.

-Ella se fue.-Respondió el avergonzado.-No sé dónde está.

-¿Qui li hizu?

Chema se quedó callado por un momento buscando la respuesta. Decidió decir la verdad.

-Me porte mal con ella Suré. Estoy muy arrepentido.-Dijo abriendo su corazón a la india. Suré veía mas allá de la fachada de aquel coyote inmoral. Sus años le habían dado conocimiento de la naturaleza de los hombres y enseguida se dio cuenta que éste estaba enamorado. Pero dónde estaría su Bamori si no estaba con él.

-Tine qui incontrurla.-Le rogó Suré en su español roto, mientras le agarraba el brazo suplicante.

-Le juro, le juro Suré,que la encontraré. No importa el tiempo que pase la encontraré.

Desde entonces Chema asumió la obligación de velar por Suré y Rahui. La niña iba creciendo rápidamente y cada vez se parecía mas a Bamorí. Como ella no había conocido a su padre le llamaba “onó” y él no sabia que hacer con los sentimientos que le provocaba esa niña. Ella poco a poco iba destruyendo la muralla con la que había protegido su corazón y como la madre le estaba calando el alma.

Cada vez que cruzaba la frontera Chema seguía buscando a Bamorí. El tiempo pasaba pero él no se desanimaba. Tarde o temprano sabia que la encontraría. Un día llegó a una casa que estaban rematando y preguntó. La mujer que lo atendió le dijo que en la casa vivían unos ancianos y que la muchacha que los atendía precisamente se llamaba Bamorí pero no sabia a dónde había ido después que los ancianos fallecieron. A pesar de no haberla encontrado se alegró de saber que al menos tuvo trabajo y estuvo bien esos dos años que vivió con esos viejos.

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