El Arbol De Los Panties Blancos.11

Chema entregó su carga humana esa madrugada. Llevaba hombres deseosos de iniciar una nueva vida mas allá de la frontera. Sus bolsillos estaban llenos de dinero doloroso que había costado el trabajo y el sacrificio de más de uno en una familia. Sí, porque en muchos casos todos los miembros de una casa trabajaban para ahorrar juntando lo suficiente para enviar al otro lado a aquel que pensaban que podía prosperar mas rápido y ayudarlos desde el norte. Después el que se había ido tenia que trabajar y mandar a buscarlos uno a uno. Sangre y sudor transportaba Chema. Sacrificio y dolor era su negocio.

Chema sentía que había cambiado con los años y su contacto con Rahui. Ese amor inocente e incondicional le había cambiado la vida. Ya no transportaba mujeres. Ya no entregaba las vírgenes a los otros coyotes por una mayor ganancia. Quería cambiar para cuando encontrara a Bamorí poder ofrecerle un hombre distinto. Si tan sólo ella pudiera perdonarle. Esa madrugada se fue a un hotel en El Paso dispuesto a descansar y cuando despertara como en cada viaje buscar a Bamorí.

Despertó a media tarde. Le dolía la cabeza y caminó hasta una farmacia que quedaba cerca del hotel. Allí compró un analgésico y se lo tomó. Decidió ir a desayunar a pesar de la hora pero eso era lo que le apetecía. Fue hasta a un restaurante abrió la puerta y caminó hasta la barra. Tomó un asiento y la mesera se le acercó con el menú.

-Buenos tardes vaquero. ¿Qué se le ofrece?

-Un café, por favor. Tengo un dolor de cabeza terrible.-Contestó mientras se quitaba el sombrero. Enseguida se llevó ambas manos a la cara y se la estrujó. Luego se pasó las manos por el pelo peinándose hacia atrás.-¿Me puedes traer el periódico también?

-Claro que si. Aquí está.

Chema ordenó su desayuno y empezó a leer el periódico. Miró las noticias del día. “Una masacre relacionada con el tráfico de drogas.” “Crece la preocupación por el tráfico humano.” “El Presidente ordena más tropas para combatir el terrorismo.”

Todas malas noticias. ¿Cuándo no?

Anuncios… “Escoba mágica que remueve el polvo en un santiamén.” “Tónico maravilloso que cura todos los males.” ¿Curará el mal de amores también?-Se preguntó Chema. “Club de Caballeros El Árbol-Envuelvase en la fantasía de nuestras bailarinas en el tubo.” ¡Aja! ¡Eso suena interesante!-Se dijo para sí Chema.

-Oye, ¿qué has escuchado de este Club?-Le preguntó Chema a la mesera.

-Bueno, yo no sé mucho de eso. No voy a esos sitios. Pero pregúntale aquí a Bob. Creo que no sale de ahí.

-Perdóname. ¿Tu eres Bob?

-El mismo. ¿En que te ayudo?

-¿De casualidad has ido al Club de Caballeros El Árbol?-Pregunto Chema ansioso.

-¡Oh, si! Cada noche. Hay unas mujeres preciosas que son expertas en eso del tubo. Es una delicia verlas. Tu sabes, agarran el tubo, suben y bajan…abren las piernas con esos pantisitos diminutos. Mano, te vuelven loco-Le dijo Bob en tono lascivioso. Hay una pelirroja que es un sueno de mujer. Tiene unas tetas como para chupárselas toda la noche. Y otra que es alta y tiene unos ojos azules de morirse. Es como para no dejar de mirarla directamente a los ojos mientras te la chingas…

Cuando menciono los ojos azules el corazón de Chema se detuvo. Una corriente fría le corrió por la espina dorsal sintiendo que se mareaba.

-¿Ojos azules?-Lo interrumpió Chema.- ¿Sabes cómo se llama?-Preguntó en un suspiro sintiendo que le faltaba el aliento.

-La de los ojos azules creo que se llama Bamorí.

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