RepúblicaPR.14

Anna decidió buscar a Federico Rosa Aponte tal y como Alejandro le había instruído poco antes de morir. Ella no estaba segura de cuánto él sabía de lo que había pasado o de lo que ella pensaba que había pasado pero confió en que si Alejandro confiaba en él, ella también podía hacer lo mismo. Esa tarde se vistió de negro y blanco y se arregló lo mejor que pudo. Se puso una diadema en el pelo que Alejandro le trajo de un viaje a la India en el que entrevisto al Dalaih Lama y que a ella le gustaba usar cuando se sentía ansiosa. Sentía que el adorno le daba tranquilidad y en este momento ella necesitaba mucha. No sabía a que se enfrentaría. Quería dar una buena impresión al periodista pues pensaba que si era amigo de Alejandro y sabía la relación que ella tenía con él no quería hacerle quedar mal luciendo horrible. Así es que luego de mirarse en el espejo por enésima vez agarró las llaves de su mini cooper rojo y salió hacia el canal de televisión. Una vez allí se anunció con el guardia de la entrada quien hizo varias preguntas antes de llamar a Federico Rosa Aponte a la unidad de redacción. Rosa Aponte en persona salió a recibirla.
-¡Hola Anna!-Saludó efusivamente un hombre completamente distinto al que ella acostumbraba a ver en la televisión durante el noticiario. Se veía relajado y sin la formalidad y por que no decirlo, sin el estiramiento con el que conducía el programa de la tarde y la noche. Anna se sintió mas cómoda cuando el le apretó la mano, pero un segundo después se le abalanzó encima en un abrazo para consolarla. Anna iba a decirle cuatro verdades cuando él se dio cuenta de que había cometido una indiscreción y se disculpó inmediatamente. Anna notó que Rosa Aponte hablaba trescientas palabras por minuto y se confundió. Se preguntó por qué Alejandro le dijo que fuera con él si algo le pasaba. -Por favor, Anna-suplicó Rosa avergonzado por su impulsividad-Llámame Federico y acéptame un café. Te lo busco ahora mismo. Y así, como quien dice y hace, salió de la oficina sin esperar que Anna contestara si quería o no el café. Mientras esperaba, Anna comenzó a mirar las cosas que estaban en la oficina de Federico. Había placas de reconocimiento por la labor periodística de hacía cuarenta años. ¿Cuarenta años? Se sorprendió. El parecía un poco mayor que Alejandro pero no tanto. Tenia algunas naves espaciales a escala y unos dibujos de seres de otros planetas. En la biblioteca había varios libros de tema de objetos voladores no identificados (OVNI’s), el sistema solar a escala colgado del techo e ilustraciones de viajes interplanetarios. Observó varias fotos con personalidades de la política y algunas celebridades. A Anna le llamó la atención que aparecía en las fotos con los últimos diez presidentes de los Estados Unidos. Era un hombre sin tiempo, apenas se veía diferencia entre una foto y la otra. Parecía tener la misma edad en todas sólo que su pelo era más gris.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s