El pueblo de las siete calles.3

Modesto Soto un líder obrero muy respetado en Siete Calles convocó por radio a todos los sectores de la sociedad civil para discutir el proyectado impuesto al aire. La reunión se llevaría a cabo a las siete de la noche en el salón comunitario ubicado en la calle Ira #203. Modesto tenía gran poder de convocatoria y el lugar estaba repleto a las seis y cuarenta y cinco. Tantas personas fueron que tuvieron que cerrar la calle e improvisar una tarima con un podio para llevar a cabo la reunión.

—¡Buenas noches!—gritó Modesto por encima de las voces de los presentes para lograr su atención. Se fueron escuchando cada vez menos hasta que hubo un absoluto silencio. —Nos encontramos aquí esta noche para discutir este absurdo que se nos quiere imponer por los políticos corruptos que administran nuestro pueblo. El derecho a respirar es un derecho humano inalienable. ¡Todos tenemos derecho a respirar libremente!Nos perdonan lo corto del aviso pero es que hay que tomar acción ya.

—¡Es ya! ¡Ahora!—gritaba enardecido el pueblo.

—Hemos invitado a unos profesionales que nos pueden aclarar el impacto que tendremos con el impuesto al aire. Ya saben que lo mío es organizarles. Exigir sin echar hacia atrás ni un ápice. Pero de lo que tendremos que experimentar y sufrir nos van a hablar el doctor y el contador. Les pido que los reciban con un fuerte aplauso—concluyó Modesto invitando al podio a los dos profesionales invitados.

—¡Buenas noches!—saludó un tímido doctor avergonzado por los aplausos. —Me han invitado para que les hable del procedimiento que probablemente usen para determinar la cantidad de dióxido de carbono que cada uno de nosotros exhalamos por día. Según los estudios una persona que no se mueve mucho, que es sedentaria respira menos. O sea, que exhala menos. Mientras que el que se ejercita más, exhala más. Tenemos pues, que los obreros, atletas, bailarines y personas cuyas profesiones requieren más actividad física en teoría contaminarán más que los que hacen trabajos que no requieren tanta actividad. Teorizamos que el gobierno utilizará un mecanismo parecido al examen de función pulmonar. La persona tendría que respirar y exhalar en un tubo y de esta manera se podrá cuantificar cuanto exhala. Existe un estudio llevado a cabo por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos que determinó que una persona promedio exhala alrededor de 450 litros de dióxido de carbono. Basados en ese promedio, aquí el señor contador les va a hacer un cómputo, que repito, es en teoría lo que el gobierno proyecta imponer—concluyó con la cara todavía caliente por el bochorno de dirigirse a tanto público. Dicho esto enseguida se bajó de la tarima.

Los presentes le aplaudieron agradeciendo la información pero estaban más interesados en lo que el contador tenía que decir, que era el verdadero efecto del absurdo plan. ¡El cantazo al bolsillo! Lentamente el contador se aproximó al podio. Las noticias que traía, aunque eran en teoría, causarían una gran conmoción entre los presentes y él lo sabía y lo temía.

—¡Buenas noches! Agradecemos al compañero la explicación…

—¡Olvídate de la explicación!—gritó uno de los presentes aburrido de tanto protocolo, teoría y explicación.

—¡Sí! ¡Qué se olvide! ¡Vaya al grano, carajo!—gritó otro. Ahí mismo se formó una gritería y el contador tuvo ganas de salir corriendo temiendo un motín. Modesto corrió y se subió en la tarima.

—¡Por favor! ¡Por favor! ¡Hagan silencio! Si no sabemos lo que puede pasar no estaremos preparados. —Era admirable el poder que tenía Modesto sobre las masas. Tan pronto se subió y comenzó a hablar las gentes se calmaron y se pusieron en disposición de escuchar de nuevo. —Señor contador, continúe—dijo saliendo de la tarima.

—Señores, seré breve—comenzó el contador. —Basándonos en la explicación del doctor si tomamos el promedio de 450 litros de dióxido de carbono al día y el gobierno proyecta un impuesto de uno por ciento, entonces el pago del impuesto por respirar en un día sería de cuatro dólares con cincuenta centavos por persona. En un mes el pago del impuesto sería ciento treinta y cinco dólares por persona y si lo elevamos a una familia de cuatro personas el pago del impuesto sería quinientos cuarenta dólares al mes por familia—concluyó y se bajó de la tarima corriendo.

—¿Cómo es posible?—gritó una viuda con cuatro hijos.—¿Qué van a comer mis hijos?

—Si no respiran, ¿qué importa que no coman?—gritó otra sarcástica.

Enseguida empezaron a volar las sillas y no hubo forma de que Modesto pudiera calmar al gentío que entonces se dirigía al Palacio Gubernamental con palos y antorchas dispuestos a quemar el edificio.

—¡Muerte a Nuñez! ¡Muerte!—Gritaban en su marcha.

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