El pueblo de las siete calles.14

Se encontraba la sala del juzgado repleta. Afuera habían sorteado unos números que aseguraron la entrada de las personas que estaban adentro. Los demás que no fueron agraciados en el sorteo podían ver en un televisor gigante puesto al frente del edificio lo que estaba pasando en la sala. Los abogados se movían nerviosos de un lado a otro como tiburones rodeando la presa. Modesto estaba vestido con traje y corbata. Se sentía disfrazado. Emma lo animaba mientras le arreglaba el nudo. De momento el alguacil de la sala se levantó e invitó a todo el mundo a que ocuparan sus lugares. De pronto se abrió una puerta detrás del estrado y entró el juez a la vez que el alguacil ordenaba con voz severa —Todos de pie—. El público se puso de pie hasta que el juez autorizó a que se sentaran.

—Se llama el caso 16797 contra el ciudadano Modesto Soto por el asesinato del Diputado Atilano Nuñez. Se llama el caso 16798 contra el ciudadano Modesto Soto por incitar al pueblo al motín. Ambos delitos fueron perpetrados el 23 de septiembre de 2014 entre las siete y diez de la noche —leyó el alguacil la acusación.

—Una vez leída la acusación, ¿cómo se declara el acusado? —preguntó el juez mirando al acusado directamente.

—No culpable, Señoría —contestó el abogado de Modesto.

—Entonces, —dijo el juez—tómese juramento al acusado y a todos los testigos. Comenzaremos el juicio en contra de Modesto Soto.

—¿Jura decir la verdad y toda la verdad de todo aquello que se le pregunta? —tomó el alguacil solemne juramento uno por uno a todos los testigos incluyendo a Modesto. El juicio estaba por comenzar. La suerte estaba echada.

—Que pase el primer testigo del Ministerio Público —ordenó el juez.

—Sí, vuestro Honor. Nuestra primera testigo es la señorita Emma Rodríguez—anunció el Ministerio Público.

—¡Objeción, Señoría! La señorita Rodríguez mantiene una relación sentimental con el acusado y de hecho es testigo de defensa —protestó de inmediato el abogado defensor.

—Señoría, la testigo es necesaria para sentar las bases del caso del Ministerio Público pues ella tiene información de primera mano e imprescindible.

—Entiendo. Objeción denegada, abogado defensor—concluyó el juez.

Emma entró en la sala confundida. Ella estaba presente porque el abogado de Modesto le había dicho que la necesitaba. Pero este nuevo giro la sorprendió. Entró temblando, caminando suavemente y se quedó mirando al juez con cara de pena. Este le señaló con la mano la silla de los testigos. Ella abrió la puertita, subió el pequeño escalón y tomó asiento.

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