Golpe de Estado.5

José Perdomo tenía una personalidad increíble pero era totalmente incomprendido. Todos se preguntaban cómo yo lo soportaba. Tenía mis razones. Él era una persona fiel a sus principios. Inteligente. No. Más que eso. Brillante. Al principio pensé que era paranoico pero después me di cuenta de que actuaba con precaución. Donde ponía el ojo jamás se equivocaba. Era experto en asuntos de corrupción y los olfateaba a kilómetros. Tenía el cabello castaño claro, ojos claros y era de mediana estatura. Siempre pensé que era homosexual pero se avergonzaba de ello e intentaba ocultarlo. Hablaba hasta por los codos por lo que era muy difícil llevar una conversación con él. Con el tiempo entendí que su cerebro trabajaba más rápido de lo común y tenía mucho que decir. Era amable y sencillo. Sensible al dolor y a la necesidad ajena.

Comencé a trabajar con José por casualidad cuando el Secretario suspendió mi contrato con el Senador porque, según él, lo había retado varias veces en público. Carmelo, que era muy discreto, sin desautorizar a Nelson, me ofreció un contrato en otra oficina para trabajar con José en asuntos de corrupción. Nelson jamás pensó que me hacía un favor, porque el traslado a esa oficina me abriría otras puertas en el gobierno y sobretodo, porque gané un gran amigo y protector en José. José por su parte, tampoco contaba con la simpatía del Secretario por ser amigo de infancia de Carmelo. Tal vez por eso nuestro acoplamiento en el campo profesional y humano se hizo tan sencillo. Los dos percibíamos que nuestro querido amigo estaba secuestrado y totalmente controlado por el Secretario y sus ayudantes. Por más que tratamos que advertir a Carmelo de su situación, su relación con Nelson lo llevó a su destrucción política y a su derrota en las siguientes elecciones.

José y yo trabajamos juntos casi dos años en los que nos divertimos y pasamos varios sustos juntos. El fue capaz de arriesgar su vida por mi y mis hijos cuando todo acabó.

José, aquí está el reporte que me pediste. Hay algo que me preocupa. ¿Te acuerdas que me dijiste que sospechabas que el Bufete Hernandez, Parra y Meléndez tenía algo que ver en el asunto de las cafetaleras y del suicidio del síndico?—dije en tono muy bajo para que no nos escuchara la secretaria.

Los informes y reportes los redactabamos José o yo personalmente para que no se filtrara ninguna información. El manejo de testigos y de los involucrados era totalmente confidencial y en las reuniones no permitiamos la presencia del Senador porque sospechabamos que este comentaría con el Secretario la investigación y no estabamos seguros de la fidelidad de este último con el Partido. El tiempo nos dio la razón. Más tarde nos enteraríamos de que el Secretario tenía un acuerdo con el Bufete para esconder la verdadera razón de la bancarrota de las cafetaleras y del suicidio que no fue tal, sino una asesinato ordenado “desde arriba”.

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