Golpe de Estado.6

Abogada, le hice una pregunta—repitió el Secretario molesto.

Disculpe, Secretario—contesté apegándome al protocolo—.Estamos a punto de preparar un informe sobre la investigación. Sin embargo, tengo instrucciones del licenciado Perdomo, de que hasta que no se prepare el informe no es posible divulgar su contenido. Si tiene mucha urgencia sobre el particular, le recomiendo que se comunique directamente con él.

Nelson no pareció muy satisfecho con mi contestación, pero sabía que no había manera de que yo le adelantara nada y comunicarse con José era una perdida de tiempo. Al principio, Nelson discutía y amenazaba con esto o aquello, pero José no era un hueso facil de roer y lo mejor de todo, no le tenía miedo a nadie. José era un investigador de renombre y la prensa lo adoraba. Nelson sabía que si volvía a amenazarlo al otro día el hecho sería reportado en los medios, cosa que en nada adelantaba sus intereses políticos, porque en el fondo todos sabíamos que él pretendia una posición electiva en el gobierno. A mi me parecía gracioso ver la cara del señor Secretario ante mi negativa. Me producía un inmenso placer verlo respirar profundo y pasar a otro tema, como si ignorara mi respuesta.

La próxima semana el partido tiene su asamblea. Esperamos la comparecencia de varios sectores de la sociedad civil y sabemos por información confidencial que existe un plan para boicotear la candidatura del Senador—dijo Nelson.

Por alguna razón, el boicoteo no me parecía real. Pensé que era un comentario hecho a propósito como para iniciar un rumor. Nelson sabía que si tiraba una bomba como esa de algún modo la prensa iba a enterarse y lo estarían publicando al siguiente día. ¿Quién iba a boicotear la candidatura de Carmelo? Todo el mundo lo adoraba, o al menos, eso creía yo. El problema era que cualquier cosa que viniera del Secretario lo ponía en duda. No me agradaba él y no me agradaban sus métodos.

Pero, señor Secretario, ¿y qué le hace pensar a usted que van a boicotear la candidatura del Senador? ¿En que se basa la información, o es solamente un rumor? —pregunté por supuesto esperando que Nelson me ignorara.

No es un rumor, Laura—dijo Alfonso desde una esquina del salón.

Alfonso Salazar Martínez comenzó a dirigir nuestra oficina hacía poco tiempo y formaba parte del grupo de amigos del Secretario. Decían las malas lenguas, que cuando lo fueron a contratar pidió que se contrataran algunos de sus amigos personales. Su teoría era que si estaba rodeado de sus amigos el trabajo se simplificaría porque ellos ya habían trabajado en equipo. Yo no era parte de ese grupo de amigos. A pesar de ello, nunca tuve problemas con él, excepto que cuando el Secretario daba una orden en mi contra, él no tenía otra alternativa que obedecer. Pero eso yo lo entendía. También su trabajo estaba en juego y tanto él como yo necesitabamos del mismo para sobrevivir. Miré hacia donde estaba Alfonso.

Entonces, ¿cómo piensan ustedes enfrentar esta situación?—pregunté—. Me parece injusto que estas personas vengan a criticar nuestro trabajo, porque al oponerse a la candidatura del Senador es lo mismo que decir que nuestro trabajo no ha servido.

Abogada, usted parece que nunca va a entender la diferencia. Esto es política. No importa lo que se haya hecho, lo que cuenta es lo que no se ha hecho. Esta es una contínua lucha de poder y así es el juego—dijo el Secretario en ese tonito que me mortificaba pero que al fin y al cabo tenía que aceptar en esta ocasión porque tenía razón. Jamás iba a poder integrarme a ese mundo sin que me doliera la piel. Mi pellejo no estaba hecho de acero como el de los demás. Me frustraba trabajar tanto y que el trabajo no fuera reconocido.

Tenemos que asistir a la asamblea—dijo Alfonso, temiendo que yo lanzara uno de mis discursos sobre el bien común, el respeto, la ética y la integridad—. Tenemos que asistir y presentar el plan del Senador para el próximo cuatrienio—continuó mientras me miraba directamente a los ojos.

—¿Y de qué se trata el plan?—pregunté.

—¡Tenemos que buscar el talón de Aquiles de estos traidores!—dijo el Secretario que solía llamar “traidor” a cualquiera que le llevara la contraria. Aunque en este caso a mi me parecía el vocablo correcto para describir la posición de los que iban a boicotear.

—Por esta razón les he citado a esta reunión. Preparen a sus familias porque esta semana será de intenso trabajo. Cada uno de ustedes tendrá a cargo una o varias de las comisiones para investigar si hay proyectos auspiciados por los sectores del partido que están impulsando este boicoteo. Hasta donde tengo información, tenemos presentados 467 proyectos. Es imperativo que localicemos las piezas legislativas que están originando la oposición. Tenemos claro que se trata de lo que no hemos hecho y no de lo que ya se hizo—explicó Nelson con voz segura—. El plan del Senador para el próximo cuatrienio tiene que empezar con el cumplimiento de las promesas de la campaña anterior. Por eso tenemos que encontrar los proyectos que son la fuente de la oposición, presentarlos al hemiciclo para votación, cabildear para que sean aprobados y evitar el boicoteo.

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