Dos niñas, dos perros y yo.3

Las siguientes horas estuve firmando documentos. Cuando terminé, los oficiales me regresaron a mi casa, en donde me esperaban mis hijas con la mujer policía.

—¡Mamá! —gritaron ambas al unísono, mientras se arrojaban a mis brazos.

Las abracé largamente, pensando qué les iba a decir. Por supuesto que la verdad, pero ni sabía cómo. La mujer seguía allí y yo me sentía agradecida de que estuviera. ¿Cómo iba a enfrentar yo a esos corazoncitos?

—Vengan aquí —dije con dulzura—. Siéntense a mi lado.

—Mamá —dijo Alana—ya vi las noticias. Sé que papá se murió.

—Che mulió, mamá —repitió Sofi, que todavía era muy pequeñita.

—¿Pero cómo vieron las noticias? —pregunté rabiosa a la oficial.

—Alana estaba viendo su computadora —respondió ella—. Cuando me dí cuenta ya era tarde.

—¡Dios mío! —sollocé—. Ni siquiera estuve con ellas cuando lo supieron.

—Tranquila —dijo la mujer acercándose—. Ellas estarán bien. Yo tengo que irme ahora, pero le dejé al lado del teléfono mi tarjeta por si me necesita.

Agradecí a la oficial por la ayuda que me prestó. Cerré la puerta a media tarde con todo y cadena. Me sentía muy insegura sin Erick en casa. Volví a la sala. Las niñas estaban jugando con los perros. Juntando mis pedazos, decidí llamar a la primera funeraria que estaba en el directorio de teléfonos.

—El servicio con todo incluido sale en doce mil dólares —dijo el hombre de la funeraria.

—¿Doce mil dólares? —pregunté asombrada.

—Claro, que podría optar por la cremación. Es más económica y también es una alternativa cristiana.

—¿Y eso? ¿En cuánto sale?

—En unos novecientos dólares.

—Bueno, no quisiera cremar a mi esposo. Le llamo luego —dije.

Llamé a cuatro funerarias más y en todas los precios eran similares. En una me preguntaron si tenía ya dispuesta la fosa en el cementerio.

—¿Qué fosa?

—Es que debe tener un lugar donde enterrar a su esposo. Eso no está incluido en el arreglo funeral.

—¡Dios mío! ¿Y cuánto más es eso?

—Unos diez mil dólares más.

Me despedí pensando que era una barbaridad la cantidad de dinero que me estaban pidiendo por el funeral, pero yo necesitaba despedirme de mi esposo. Salí con mis niñas al banco, dispuesta a buscar el dinero para el funeral. Supuse que teníamos ahorros suficientes para sufragarlo. Llamé a la aseguradora para notificar el deceso y para preguntar por los documentos necesarios para iniciar la reclamación. «Voy a necesitar este dinero ahora», pensé. Fue entonces cuando Harry, nuestro corredor, me informó que la póliza había caducado por falta de pago.

—No, puede ser —dije—. El pago del seguro se hacía por pago automático desde la cuenta de mi esposo.

—Alma, yo mismo le envié una carta a Erick notificándole que la póliza iba a caducar por falta de pago hace dos meses —contestó—. Lo siento.

La cabeza me daba vueltas cuando llegué al banco. Nuestra situación financiera siempre había sido muy estable. No alcanzaba comprender qué había pasado con la póliza. Seguro era un error. «El banco puede proveerme los recibos de pago del seguro», pensé.

—Buenas tardes —dijo la oficial del banco—. ¿En qué le puedo ayudar?

Le expliqué la situación a la mujer. Ella enseguida me dio su pésame, mientras buscaba en el sistema la cuenta. De pronto su rostro se transfiguró y me dirigió una mirada muy rara.

—Lo siento, señora Fernández —dijo—. El balance de su cuenta es doscientos sesenta y siete dólares.

No pude reaccionar. No dije nada. Me levanté y salí rápido de allí con mis hijas. Algo estaba pasando que yo no entendía.

Le compré la cena a las niñas en un restaurante de comida rápida. Esa noche nos acostamos todas en la que fue mi cama matrimonial. Los dos perros al pie de ella. Aquella casa amplia que habíamos comprado con tanta ilusión, hoy se hacía enorme para nosotras y los perros. «Mañana será otro día», me dije poco antes de quedarme dormida, sintiendo el calor de los cuerpecitos de mis hijas.

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20 comentarios en “Dos niñas, dos perros y yo.3

  1. icástico dijo:

    ¡Qué rápido se complica todo! A ver, los ahorros (de haberlos) son para los vivos, no para los muertos, así que no se aflija Alma. ¿Seguro que el muerto era Erick? (rostro irreconocible, cicatriz pudo haber sido “fabricada”, etc) Ahí te va…

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