Dos niñas, dos perros y yo.9

Me quedé en silencio unos segundos, aunando fuerzas para contestarle a esta voz sin nombre. No tenía trabajo, era cierto, pero no era capaz de venderle el alma al Diablo.

—Señor —dije—, voy a pedirle que no me llame más. Dígame, por favor, a dónde le devuelvo el dinero.

—No tomes decisiones tan a la ligera, chiquita —contestó el hombre—. No sabes todavía si lo vas a necesitar. Guárdalo. Confío en ti.

—Usted sabe muy bien que yo vivo en un lugar muy peligroso. No puedo hacerme responsable de esa cantidad de dinero.

—Guárdalo, te digo. Puede ser que lo necesites muy pronto.

Dicho esto, el hombre colgó sin dejarme insistir.

Había pagado la renta hacía una semana y me quedaba dinero para un mes más. Tenía que apurarme en buscar un nuevo empleo que me permitiera cumplir con mis clases para «aprender a ser madre.» Me senté en el computador para iniciar la búsqueda. Las tiendas por departamentos estaban fuera de toda consideración. Tenía que trabajar de noche y fines de semana. Estaba concentrada en mis solicitudes cuando sonó el teléfono.

—Con la señora Fernández, por favor —dijo una mujer.

«¡Ay, Dios!»

—Sí, es ella quien habla —contesté.

—Habla con la señora San Miguel, soy la directora de la guardería donde cuidamos a Sofía.

—Sí, dígame… ¿Pasó algo? —pregunté preocupada.

—Sofía tiene una fiebre muy alta. Necesitamos que pase a recogerla —explicó.

—¡Oh, no! —exclamé alarmada—. Sí, voy enseguida.

Colgué el teléfono con el alma en un vilo. Lo que me faltaba era que se me enfermara una de la niñas. Salí de inmediato. Cuando llegué me estaba esperando la directora y la enfermera.

—Señora Fernández, debe llevarla a urgencias médicas —dijo la enfermera muy seria—. La niña ha convulsionado.

—Sí, es muy importante —continuó la directora—. Tuve que notificar a seguridad social. No es que usted haya hecho nada mal, es que tengo la obligación de hacerlo, porque hay un caso pendiente. Usted me entiende, ¿verdad?

«¿Qué si la entiendo? Entiendo que el universo entero se ha confabulado para joderme», me dije.

—Sí, señora, entiendo.

Tomé a Sofi en los brazos y la subí al coche. Iba tan rápido que me detuvo la policía.

—¿A dónde con tanta prisa? — preguntó el oficial.

—Al hospital, señor —dije en un ruego—. Mi niña está convulsionando.

—Entonces la escolto, señora —dijo el policía amablemente, actuando con premura.

«Un alma bondadosa en toda esta pesadilla.»

Se subió a su motocicleta e hizo señales a los carros que venían para abrirme paso. Llegué bastante rápido a la sala de urgencias, gracias a la intervención del oficial. Pasaron a Sofi inmediatamente. El médico la revisó y ordenó un montón de estudios. En eso vino una empleada del hospital y me preguntó cómo pensaba pagar. Le entregué las tarjetas del seguro médico que tenía. La mujer se fue y volvió para decirme que no estaban activadas. Volvió a preguntar cómo pensaba pagar.

«¡Ahhhhhhhh!», un grito salió de mi interior. Me pegué a la pared y con las manos en la cabeza me deslicé hasta quedarme sentada en el suelo.

Por primera vez me sentí vencida.

Anuncios

11 comentarios en “Dos niñas, dos perros y yo.9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s