Dos niñas, dos perros y yo.10

La mujer que me estaba cobrando se sentó al lado mío.

—Perdóneme —dijo solidaria—. No me gusta cobrar, pero es mi trabajo. Siéntese por aquí y si necesita hacer alguna llamada, me deja saber. Trate de calmarse. Todo estará bien.

«Todo estará bien. Eso me he repetido una y mil veces desde que Erick se fue, pero cada vez las cosas están peor. Tengo en la gaveta de panties diez mil dólares y mi Sofi está en el hospital enferma, necesitada de que presente una forma de pago para hacerle unos exámenes. ¡Maldito, maldito, Erick!»

Fui a donde la mujer y le dije que iba a salir a buscar el dinero. Por mis hijas, sí era capaz de venderle el alma al mismísimo demonio.

Como loca desquiciada llegué a la casa, agarré el dinero y salí de nuevo al hospital.

—Aquí está el dinero —dije poniendo el dinero sobre el escritorio de la mujer que cobraba. Mis manos temblaban, nerviosas. Ella me miró asombrada.

—Déjeme hacerle un recibo —dijo mientras lo escribía.

Una vez me extendió el recibo, me fui corriendo para ver cómo seguía Sofi. Ya casi era hora de buscar a Alana. Estaba volviéndome loca. En ese momento llegó la mujer de seguridad social. Quise morir.

—Me notificaron que Sofía está enferma —dijo—. Vine a ponerme a su disposición.

—¿Qué va a hacer? —pregunté rabiosa—. ¿Piensa llevarse a mis hijas?

—No, Alma —contestó con voz suave—. Ese no es mi trabajo. Mi trabajo es ayudarte.

—Ayudarme… —repetí.

—Sé que tienes que quedarte con Sofía —dijo—. Voy a buscar a Alana. No te preocupes.

Me pareció que Clara Duval estaba siendo muy amable. Aún así, no confiaba en ella. Ahora menos que nunca. Había tomado el dinero del Diablo y no tenía ni idea de qué me pediría a cambio. Tenía que devolver el dinero a la gaveta de los panties, antes de que el hombre se enterara de que lo había gastado.

Sofi estuvo muy enferma. La enfermedad dejaría secuelas que le afectarían el resto de su vida. Necesitaba tratamientos muy caros. Me sentía como en un callejón sin salida. Clara Duval me ayudó con Alana. Al menos la tuve a ella dentro de esta adversidad, pero mi suerte al parecer, ya estaba echada.

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