Dos niñas, dos perros y yo.13

Pasaron varios meses sin que recibiera el anunciado paquete. Hasta pensé que el hombre había cambiado de opinión. Clara Duval, me había ayudado a conseguir un trabajo cuidando una viejita durante el día. Me pagaban muy bien. Al parecer, luego de que Sofi se enfermó, me agarró cariño y estaba pendiente de mi. Mi vida parecía haberse estabilizado.

Sofi, continuaba con sus terapias físicas, mejorando cada día más. Según me aseguraba el médico, la niña era muy joven y se recuperaría completamente. Una tarde, cuando llegaba a la casa, vi un paquete en la entrada del apartamento. Alana lo levantó.

—¡No, dámelo! —grité.

—¿Qué pasa, mamá? —preguntó Alana asustada.

—Perdona, hija… Es que estoy un poco cansada.

Agarré el paquete y lo llevé a la habitación. Le dije a Alana que me ayudara a bañar a Sofi, para poder estar a solas con la caja sospechosa. Cuando la abrí, allí estaba una pistola, una foto y una nota. Supuse que la mujer de la foto era la esposa del diablo. «¡Pobre mujer! ¿Qué habrá hecho?», pensé. Aunque la verdad, yo no estaba en mejor posición que ella. Desdoblé la nota. Me explicaba el lugar exacto en donde ella estaría esta noche. Debía atacarla en el estacionamiento de las oficinas de unos abogados.

«¡Dios mío! ¿Ahora, que hago? Yo no soy una asesina», me dije, sosteniendo la pistola entre las manos. Mirándola incrédula.

Escuché el agua cerrarse. Escondí la caja debajo de la cama rápidamente.

—¿Qué vino en el paquete, mamá? —preguntó Alana.

—Son unos documentos que tengo que entregar esta noche. Llamaré a la niñera para que se quede con ustedes, mientras voy.

Me vestí de negro, de pies a cabeza, con el pelo recogido. Tan pronto llegó la niñera, besé a mis hijas, por si no regresaba, y salí hacia el lugar indicado. Me aposté en un lugar donde pudiera ver quiénes llegaban. Treinta y cinco minutos más tarde vi a la mujer. Era mucho más hermosa que en la foto. Parecía una muñequita de marfil, con largos cabellos rubios. Estacionó un carro muy caro, a unos cuantos metros de dónde estaba yo. Era tan fácil terminar con ella. Claro, si yo hubiera sido un francotirador.

Apunté lo mejor que pude. Mis manos apenas podían sostener el arma. Todo me temblaba. Puse mi dedo en el gatillo y «clack». Se atascó.

Un chorro caliente de orines bajó por mis piernas.

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10 comentarios en “Dos niñas, dos perros y yo.13

  1. amca0808 dijo:

    Ayyyyy! Cuando todo se equilibra, el mundo se voltea otra vez!
    Lo que me deja helada es que ella haya sido capaz de tirar el gatillo. El arma se atascó, pero ella en su interior mató a esa mujer!!!
    Que pasa en el alma de Alma?
    Buenísimo Mel!

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