Laberinto.4

Leonardo se dio cuenta de que Artemisa leía. Se lo dijo a sus padres y ellos no le creyeron. Al fin y al cabo, la niña solo tenía dos años.

—Mamá, ¿no la escuchas cuando salimos y lee los letreros de los restaurantes? —insistía el niño.

—Eso debe ser porque escucha los comerciales en la tele —contestaba el padre.

Lo cierto era que Artemisa sí leía. Tomaba los libros de cuentos que Leonardo traía del colegio y se sentaba muy atenta a leerlos. Los padres pensaban que ella solo miraba las láminas por el colorido.

—Artemisa, ¿qué estás leyendo? —preguntó Leonardo un día,  sentándose al lado de ella en la cama.

—Es este cuento de la princesa que el príncipe le da un beso y se despierta. ¡Qué mala la mujer de la manzana! No debió hacer eso, ¿verdad, Dito? —contestó la niña.

—Es solo un cuento. Lo que pasa ahí no es de verdad —explicó el hermano pacientemente.

—No es de verdad —repitió ella—. ¿Y qué es la verdad? —preguntó Artemisa.

—La verdad es… lo que es cierto…

Artemisa miraba a Leonardo muy atentamente, pero seguía sin entender. Él era solo un niño. No podía contestar la pregunta, aunque se maravillaba y se percataba de la profundidad de ella. Cuando se dio cuenta de que no podía explicarle, se acercó a su padre y le preguntó.

—Papá, ¿qué es la verdad?

—Lo que no es mentira —soltó el padre sin mirarlo, ocupado leyendo el periódico.

—Entonces, ¿qué es una mentira? —continuó preguntando Leonardo, todavía más confuso.

—¿A qué vienen esas preguntas? —interrogó el padre soltando el diario, ahora interesado en lo que el niño preguntaba.

—Artemisa me preguntó qué es la verdad —dijo el niño preocupado—. No sé que contestarle.

—¿Qué ella te preguntó? —interrogó el padre, frunciendo el entrecejo.

El padre se quedó pensativo por unos momentos. Él mismo se daba cuenta de que a pesar de que sabía lo que era “la verdad”, el concepto en sí era difícil de explicar. Leonardo sabía lo que era mentir o decir la verdad, pero ya tenía once años. Mientras Artemisa, solo tenía dos.

—¿Por qué te preguntó ella eso?

—Porque estaba leyendo un cuento y se puso triste. Le dije que el cuento no era de verdad y entonces ella preguntó —explicó Leonardo.

—¿Tu le estabas leyendo el cuento?

—No, papá —insistió el niño con frustración—. Les he dicho que ella lee. Artemisa sabe leer.

—Está bien, está bien —dijo el padre acariciándole la cabeza—. Es que esto es increíble, Leonardito.

Los padres de Artemisa la llevaron a una evaluación psicológica, en la que determinaron que la niña tenía una inteligencia superior. La doctora recomendó hacer otras pruebas para saber si era una niña superdotada o genio, para entonces decidir si ya era el momento de que empezara su educación formal con niños como ella.

Leonardo se entristeció al darse cuenta de que era poco lo que podía enseñar a su hermana, porque probablemente ella era más lista que él. Sin embargo, Artemisa seguía muy apegada a su “Dito”. Por las noches se metía en su cama si tenía frío, siempre buscando su protección y sus mimos. Entonces el hermano, le traía muchos libros de cuentos, que ella devoraba de inmediato. De este modo, Leonardo sentía que cumplía su misión de cuidar a su hermana para siempre.

 

Anuncios

14 comentarios en “Laberinto.4

  1. A.R. dijo:

    Como único apunte.
    Cuando escribes: “pero ya tenía once años. Pero Artemisa, solo tenía dos”, el “pero” se vuelve redundante.
    Quizá podrías sustituirlo por un “mientras que ella”.
    Un saludo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s