Laberinto.13

Artemisa continuó sufriendo episodios de amnesia. Recordaba estar hablando con alguna amiga por el teléfono, estar consumiendo algún bocadillo, estar mirando alguna película y de repente todo oscuro. Sin recuerdos.

—Madre —dijo Leonardo, muy preocupado—, algo tenemos que hacer. ¡Vamos a perderla!

—Debemos consultar al psiquiatra antes de tomar cualquier decisión —contestó el padre.

Hicieron la consulta. El galeno sugirió llevar a Artemisa al lugar de reposo por varias semanas. Tal vez, sin querer, el círculo familiar era un estresor que ella no podía manejar en ese momento, determinó él. Así, en contra de su voluntad, internaron a Artemisa, quien pasó tres largos meses en la casa de reposo. Allí cumplió los dieciséis años. Leonardo, la visitaba fielmente todas las semanas.

—Cuando salga de aquí quiero que me enseñes a manejar —pidió Artemisa a su hermano.

—Claro que sí —contestó—. Hablé con el doctor y vas a salir muy pronto.

—Me he portado muy bien —dijo ella—. Me estoy tomando los medicamentos. Voy a las todas las terapias, comparto con los compañeros. Estudio mucho. No se me ha olvidado nada últimamente.

—Me alegro tanto, hermanita —dijo Leonardo—. La casa no es lo mismo sin ti.

A la siguiente semana dieron de alta a Artemisa. Leonardo la recogió. Cuando llegaron a la casa, los padres la estaban esperando muy contentos. Habían puesto letreros de bienvenida y prepararon una comida especial para ella.

—Las cosas van a ser muy diferentes ahora —dijo Artemisa—. Perdón si les he preocupado. En estos meses he aprendido mucho.

—Te hemos extrañado, Arte —dijo la madre.

—Leonardo, ¿cuándo empezamos las clases de conducir? —preguntó dirigiéndose al hermano.

—Eh… Cuando quieras…

—Pues que sea mañana.

Artemisa tomó sus clases de manejar muy en serio. Aprendió rápido y sacó su permiso enseguida. Los padres la llevaron a comprarse un auto. Cuando Leonardo llegó, encontró a su hermana esperándolo para estrenar su nuevo auto deportivo, último modelo. Él se quedó con la boca abierta, camino alrededor del carro y luego abrió la puerta y se subió.

—Muy bien. ¿A dónde me llevas? —preguntó.

—Por ahí. Vamos a dar una vuelta —contestó Artemisa.

El auto era una maravilla. Cuando estaban en una carretera abierta, Artemisa no pudo evitar la tentación de apretar el acelerador más de lo debido. Entonces una patrulla de carreteras los detuvo. El oficial le pidió el permiso de conducir, la niña lo miró con su carita más triste y hasta le hizo puchero. El hombre no pudo evitar sonreír. Pero en vez de darle una multa, le dio tremendo regaño por ir a exceso de velocidad. Le devolvió el permiso y le dijo que se fuera derechito para la casa.

—Artemisa —dijo Leonardo molesto—, dijiste que habías cambiado y sigues siendo la misma niña consentida de siempre.

—Por favor, Dito —respondió ella—. No te enojes. Fue un error. No se repetirá.

En los próximos meses Artemisa parecía dedicada en cuerpo y alma al estudio. Le dijo a los padres que había completado el material necesario para entrar a la universidad el siguiente semestre. Salía todos los días a la biblioteca o a hacer diligencias para conseguir la documentación necesaria para sus estudios. Los padres la veían recobrada y se llenaban de contento. Comía, dormía bien. No se le olvidaba nada. Siempre avisaba para dónde salía. Nunca llegaba tarde. La veían ir y venir con muchos papeles y libretas, y así se acostumbraron a verla, sin preguntar nada.

—¿Cómo ven a Artemisa? —preguntó Leonardo.

—Yo la he visto bien —contestó la madre.

—¿Estás segura, madre? ¿No es que tú quieres pensar que ella está bien?

—Leonardo, ¿es que has visto algo extraño en ella que nosotros no hallamos visto? —preguntó el padre.

—No sé. Sale mucho —dijo él—. ¿No les preocupa?

—Siempre dice dónde va a estar. Y si la llamo, contesta—insistió la madre.

—Está bien, madre —dijo Leonardo—. Solo no te descuides.

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14 comentarios en “Laberinto.13

  1. Óscar dijo:

    Qué fácil es engañar a los padres de Artemisa… No hay ni que ir donde se les dice, con responder el teléfono es suficiente… Lo mismo está planeando robar un banco o algo, que ellos pensando que está en la biblioteca estudiando, jajajaja. Muy buena la historia Mel!! Besitos.

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