El hombre que quise ser. 9

Agustín se levantó de la cama y fue a abrir la puerta. Un niño, de algunos doce años, estaba parado frente a ella. Le entregó un pequeño sobre perfumado. «¡Es de Victoria!», se dijo emocionado. Sacó una moneda y se la regaló al muchacho. Entusiasmado buscó el abrecartas. Sus manos le temblaban mientras rasgaba el sobre. Henchido, desdobló la carta, anticipando el mensaje que en ella traía. El que tanto había esperado.

«Estoy embarazada. Vivian».

Agustín se quedó en una pieza. Dos palabras, un nombre y el mundo entero se le calló encima.

Tenía que resolver el problema lo antes posible. Ahora que por fin se estaba acercando a Victoria, esto no podía estar sucediendo. Esto había que cortarlo por lo sano. Se puso el saco y salió directo a la casa de Pepe. Tocó la puerta. Vivian abrió mirándolo altiva.

—¿Está Pepe? —preguntó enseguida.

—¡Vaya! ¡Qué rápido contestaste mi recado esta vez! —contestó ella—. No, Pepe no está. Viene dentro de un rato.

—Bien —dijo Agustín—. Me alegro que no esté para resolver esto rápido. ¿Por qué me enviaste esa nota?

—Porque eres el padre de mi hijo —dijo Vivian.

—¿Cómo estás tan segura? Tienes marido.

—Porque estoy embarazada desde antes de que él volviera.

—¿Y qué se supone que yo haga?

—Que me respondas.

—A ver, a ver, Vivian. Ni eras virgen, ni eras soltera cuando te enredaste conmigo. Tienes marido. Entonces, él es el padre de tu hijo. Ante la ley, es él.

—¿Si? ¿Y cómo voy a justificar que el niño nazca antes de tiempo?

—Nacen muchos niños antes de tiempo…

—Pero el médico lo descubrirá. Se nota cuando un niño nace a tiempo.

—Dile que no quieres que te atienda un médico. Que quieres parir con una comadrona. Que eres muy tímida y que te sientes más cómoda con una mujer. Le pagaremos y ella dirá lo que quieras. Pero yo no voy a casarme contigo, si es lo que esperas. Piensa. Si tienes un hijo, el viejo padre de Pepe, lo perdonará y la herencia será suya. No desperdicies tu porvenir por mi, Vivian. No vale la pena. Yo no te quiero, tampoco tengo fortuna. Sigue la vida que escogiste al lado de Pepe.

Vivian miró a Agustín con rabia, con desdén, con dolor. En eso se escuchó la llave de la puerta. Pepe había llegado.

—Amigo, vine a verte y Vivian me estaba diciendo que habías salido. Por poco me voy y no te veo —dijo Agustín fingiendo que acababa de llegar.

—Pues aquí estoy —contestó el amigo abrazándole—. ¿Qué? ¿Mi mujer no te ha ofrecido nada?

—Es que ya me iba. Como no estabas…

—Vivian, busca un buen jerez y échale agua a la sopa, que Tino se queda a comer con nosotros hoy.

Anuncios

4 comentarios en “El hombre que quise ser. 9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s