La maleta.6

—Sebastián… —dijo Mariana cuando se dio cuenta de que no la escuchaba—. ¡Ey, Sebastián!

—¿Ah? —reaccionó él—. Dizculpa, me puze a penzar en otra coza.

—Sí, ya me di cuenta… ¿Quiereh hablar de otra cosa? ¿Quiereh dormir?

—No… zigue tu. Cuéntame qué pazo con Zerapio.

—¿Ehtah seguro? De momento te pusiste pálido.

—No ez nada. Debe zer la altura… zupongo.

—¿Llamo a la asistente? ¿Le pido alguna cosa? ¿Agua? ¿Un refrehco? La veldad te veh mal.

—No… ¿De cazualidad teneíz goma de mazcar?

—Sí en la male… No, ahora que recueldo, no tengo.

Sebastián notó que Mariana iba a decir que tenía goma de mascar en la maleta, pero luego al darse cuenta, cambió su respuesta. Cada vez crecía más su interés en lo que ella podía tener oculto en ella, pero ya le había preguntado en un par de ocasiones y siempre le contestaba que llevaba una escultura. Decidió continuar la conversación para tratar de sacarle información.

—Eztá bien, Mariana. Ya me ziento mejor. Ven y cuéntame, ¿qué fue lo que hizo vueztro novio tan terrible?

—¿Te conté que Serapio tenía una madrastra?

—No, no me habeís dicho nada.

—Pues ella era más o menoh de nuestra edad, tal veh cinco añoh mayol que nosotroh. Era un mujerón que parecía modelo de Victoria Secret. Alta, rubia, ojos verdeh y con unas tetah así de grandeh —explicó Mariana haciendo un gesto con las manos para que él tuviera idea del tamaño de los senos de la mujer que describía—. Imagínate, yo que soy así, bajita, menudita de todoh ladoh, me sentía al lado de ella insignificante. Ella dehtilaba sensualidad. Olía riquísimo, caminaba remeneándose toda y la ropa se la ponía que parecía le iba a reventar encima. Cuando nos invitaban a cenar, se le acercaba a mi suegro, le pasaba la mano pol el pelo y la lengua por las orejas. Y allá el hombre que se derretía. Luego se le sentaba al lado y le sobaba el muslo hasta arriba, casi tocándole el… bueno, ya tu sabeh. Y el tipo, hecho una gelatina. Apenas podía ocultal las erecciones. Cuando salíamos de visitarloh, Serapio estaba tan bellaco que me caía arriba y yo no sabía si la bellaquera era conmigo o con la madrastra y se estaba desquitando conmigo. La idea de que estuviera pensando en ella mientras me lo hacía me reventaba, pero me lo callé para no parecer una tonta insegura.

—Creo que haziaíz bien…

—Yo también lo creía…

Mariana se quedó en silencio. Echó el asiento hacia atrás, como si se fuera a dormir. En eso llegó la asistente de vuelo ofreciendo refrigerios.

—Debeh tomar algo, Sebastián. Algo con mucha azúcal…

—Mejor un Bloody Mary…

—Un Bloody Mary para ti y una celvezita para mi.

—Perfecto… Yo pago —ofreció Sebastián, pensando que con unas cervezas de más, tal vez a Mariana se le soltaba la lengua.

Fotografía: Modelo Victoria Secret.

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13 comentarios en “La maleta.6

  1. bercianlangran dijo:

    Pues para mi gusto, y es personal, una mujer Victoria’s Secret no es un mujerón; demasiado secas y angulosas, me gustan más contundentes y curvilíneas, no esas famélicas vestales que nos proponen esos diseñadores tan, tan misóginos.
    Y con mucha intriga por ver adónde llega este vuelo tan entretenido. Eres una maestra contando historias y creando expectación.
    Más besos (ya estoy al día)

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