Bueno, regresé…

Volví. Creo que ahora me aquieto por un buen tiempo. Al parecer ya resolví todos los asuntos pendientes en mi isla bonita. ¡Ay, como me duele dejarla! Pero como he dicho tantas veces, mi corazón está dividido y no hay nada que pueda hacer. La vida es como es y no lo digo con tristeza, ni lamento. Es simplemente, el convencimiento de cómo son las cosas y vivo felíz de ser partícipe de ellas de una manera u otra. 

Hoy es el Día de las Madres es los Estados Unidos y en mi Puerto Rico también. Celebro que mi madrecita aún recuerda mi nombre y sabe quién soy. Eso es un gran regalo.

Celebro ser la madre de tres hombres. Buenos, honestos, responsables, trabajadores. Nunca he tenido que avergonzarme de ninguno de ellos. Nunca me dieron trabajo de más. Siempre se compadecieron de mi, porque sabían que estaba sola. Han sido mi energía y mi razón de vivir. Han sido mi risa, mi alegría, mi canto.

Celebro que mi hijo mayor, Jorge, me haya llevado a una cita.  Él y yo solos a cenar. Me trajo flores como un novio y me llevó de su brazo. Me besaba con sus ojos, sí, con sus ojos negros, como si quisiera retratar en su memoria ese momento.  ¡Qué orgullo! Me recordó que cuando eran pequeños yo los llevaba a citas, uno a uno porque no tenía mucho dinero y aprovechaba para ponerme al día de sus asuntos. Un lindo recuerdo.

Celebro que mi hijo menor, Luis, me llamara esta mañana desde la Florida y me dijera que estaba viendo unos videos viejos de cuando era niño y le pareció que yo estaba suspendida en el tiempo. Que me veía igual, como si me hubiera congelado. Eso me causó mucha risa. Ese hijo mío siempre me hace reir. Estoy tan orgullosa de él, sobretodo porque sigue su corazón. Es genio y figura mío. 

Al del medio, lo ví en la isla. Mis ojos negros. Siempre trabajador, siempre serio. Era seco y quisquilloso desde que era un bebé. Genio y figura de mi padre. Espero su llamada en algún momento del día.

Mi padre… mi adorado padre, a quien perdí un 5 de mayo hace ocho años. Él también fue como una madre para mi. Yo me entiendo. Jamás lo voy a olvidar y su pérdida es una herida que nunca se va a cerrar.

Pero hoy no es un día triste. Tal vez nostálgico porque mis niños son todos viejos. Ellos, yo no. Y mi corazón se derrite de solo pensarlos. Que reviento de este amor tan grande que les tengo y que ojalá les haya sabido transmitir. Que el día que yo no esté, mi amor se quede suspendido en el tiempo, congelado en el espacio, flotando sobre ellos como un manto que les proteja por siempre.

Felíz Día de las Madres. 

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