Marion, ¿de dónde vienes? XIII

Esa noche Efraín me pidió perdón. Prometió que algo así jamás volvería a suceder, que se daba cuenta de que había actuado mal, que iba a cambiar. Después me hizo el amor como nunca. Se esmeraba en complacerme, en hacerme sentir querida, especial, deseada. Yo lo amaba, como jamás había amado a ningún hombre y por supuesto le perdoné.

Un mes más tarde supe que estaba embarazada. Fue tal mi contento, que no podía esperar a que Efraín llegara de su trabajo para contarle. Él había tomado un trabajo a tiempo parcial luego de la universidad cuando nos mudamos juntos, y así poder completar el dinero que sus padres le enviaban. Preparé una cena deliciosa, con todo lo que a él le gustaba.

—Voy a darme una ducha —dijo enseguida que llegó—. Mañana tengo un examen y tengo que estudiar toda la noche.

—Te preparé una cena especial —anuncié—. ¿Lo notaste?

—¿Ah? Ah, sí… Vi que pusiste flores en la mesa, perdón —contestó—. Estoy cansado. Solo dame un sandwich. Tengo que estudiar, te dije ya.

—Efraín, es que tengo algo importante que decirte —insistí.

—Mira Marion, en este momento no hay nada más importante para mí que ese maldito examen que tengo mañana a las ocho de la mañana. ¿Puedes cooperar conmigo y dejarme en paz?

—Vamos a tener un hijo —espeté, ya que no me daba otra opción.

—¿Qué? ¿Estás loca? —gritó.

—¿Loca por qué? Si lo hicimos los dos…

—Se supone que tú tienes que cuidarte, Marion.

Su tono de voz era cada vez más agresivo. No parecía estar escuchando lo que decía, ni cómo estaba hiriéndome. Yo no planificaba tener un niño, pero ya estaba aquí, dentro de mi. Y era bienvenido. Por lo menos para mi.

—No vas a tener ese niño —dijo.

—Ahora el que estás loco eres…

No terminé la frase. Efraín me agarró de los pelos y me golpeó en la cara tan fuerte como pudo. Me echaba en cara todos los sacrificios que hacía para que pudiéramos estar juntos. Decía que se mataba trabajando por mí. Que se le hacía todo más difícil y que se arrepentía de haberme conocido. Que después de todo yo era una de las puticas de la universidad y que jamás debió tomarme en serio. Terminó ordenando sacarme el niño.

Después de darme una paliza horrible, abrió la puerta y se marchó. Yo corrí al baño para ver si sangraba. Al menos parecía que todo estaba bien con el bebé. Tomé el teléfono y llamé a papá.

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15 comentarios en “Marion, ¿de dónde vienes? XIII

  1. marguimargui dijo:

    se que es duro lo que voy a decir, pero almas necesitadas de amor como Marion, atraen a las bestias, que se aprovechan de ellas. no es raro ver como una mujer maltratada vuelve a toparse con un maltratador al buscar nueva pareja.
    muertos y en el infierno debieran estar

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