Mercancía.3

Amanda se tragó su amor por Anthony. En el southside no habían muchas opciones para nadie y menos para las mujeres. Ella era bella, era cierto, pero era hija única y su madre estaba muy enferma. Estaba atada a San Antonio. En su rabia, se acercó a Daniel Cintrón, el mejor amigo de Anthony.

Daniel era muy distinto a su amigo. Era tímido, introvertido, apocado. Físicamente era muy mexicano. Piel oscura, bajo de estatura, pelo lacio, ojos almendrados y oscuros. Anthony ni siquiera pudo molestarse con él cuando le dijo que andaba con Amanda, su amor. Tal vez porque la amaba tanto y pensaba que nunca le importó a ella, saber que estaría con una buena persona como Daniel, le hacía feliz.

Enfrentado al embarazo de Rebeca y al desamor de Amanda, Anthony entendió que sus tiempos de trovador habían terminado. Tenía una boca que alimentar. Convenció a Daniel de que lo mejor que podían hacer para hacerle frente a la precaria economía y escasez de empleos, era unirse a las Fuerzas Armadas. Con sus diplomas de Escuela Superior en mano acudieron a las oficinas de reclutamiento.

Luego de reclutarse, faltando una semana para irse de entrenamiento, cada uno agarró a su novia y se fueron a la corte del condado para casarse. No hubo celebración. Esa noche se hizo el amor sin amor. En seis semanas las nuevas esposas no supieron de ellos. Tiempo suficiente para que Amanda se diera cuenta de que también llevaba a un niño en su vientre. A la ceremonia de graduación, fueron ambas jóvenes vestidas con trajes de verano a recoger a sus airmen. Rebeca feliz, mostrando orgullosa su preñez de varios meses. Amanda anunciaba, no tan alegre, el advenimiento de su criatura a un padre que apenas sonrió con la noticia.

En la fiesta de despedida, había de todo menos alegría. Los jóvenes hacían lo posible por ocultar el miedo que guardaban en el fondo de sus almas. Sentían un frío interior agonizante. El alcohol y el tabaco les adormecían los sentidos. Pensarse en tierras desconocidas era aterrador. Las madres los miraban con dolor. En un abrir y cerrar de ojos, los niños que ayer jugaban al fútbol en las calles del southside se habían convertido en hombres listos para matar.

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12 comentarios en “Mercancía.3

  1. bercianlangran dijo:

    Enviar a niños a guerras creadas, inventadas en países lejanos nunca es sano…
    Leyendo el primer capítulo, ya sabe uno por dónde va a transcurrir está historia, y va a ser cruda de verdad, me temo.
    Muy buena, Melba, a la espera nos dejas, como siempre…
    Besos

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