Mercancía.5

Pasaron varios meses y Rebeca se cansó esperando para bautizar a Fabián.

—Anthony, que el niño se queda moro —insistía en las conversaciones telefónicas cada semana.

—No he podido sacar un permiso para ir a San Antonio —aclaró—. ¿Qué más quisiera que ir a conocer a mi chamaco? Pero esto aquí no es un viaje de placer, Rebeca. No es que yo diga voy a agarrar un avión y ya. Además, no puedo explicarte más. Solo no puedo. Lo siento.

Contrariada como estaba, Rebeca planificó el bautizo del niño. Cuando el sacerdote preguntó por el padre, ella le dijo que no sabía cuando volvería y que no quería correr el riesgo de que la criatura continuara por el mundo sin credo ni religión. El cura que no estaba muy convencido de privar al progenitor de la ceremonia por el solo hecho de estar cumpliendo con su deber, hasta se ofreció a echarle una aguita al niño mientras tanto, asegurándole que tendría el mismo efecto, en cuanto a la salvación se trataba, pero la madre, obstinada como era, quería la ceremonia por todo lo alto.

Rebeca escogió para madrina de Fabián a Amanda y como padrino a Federico, un hermano suyo. Compró un batón de bautizo de seda, una cadena con crucifijo de oro, vistió a su hijo como un muñeco y lo bautizó después de la misa de las dos de la tarde en ausencia de su padre. Claro que sacó muchas fotografías y hasta un vídeo para que Anthony pudiera “disfrutar” de la ceremonia.

—Creo que te excediste con la fiesta —observó Amanda a su ahora comadre—. Aquí todos están comiendo y bebiendo a costa de tu marido, sin que él ni siquiera esté.

—Yo le di la oportunidad de que viniera —contestó sorbiendo un poco de cerveza de la lata, que se le regó sobre su nítido traje azul celeste—. Fuck! ¡Amanda, agua fiestas! Ya me dañé el vestido —protestó mientras salía disparada hacia el baño para limpiarlo.

En eso el fotógrafo le sacó una foto a Amanda jugando con Fabián en brazos. Se veía preciosa riendo con su cara pecosa y su pelo rojo cayéndo sobre su traje amarillo brillante. Su evidente maternidad la hacía ver todavía más bonita. El hombre no pudo evitar capturar la escena con su lente.

—¿Para cuándo estás? —interrumpió Grace, la madre de Anthony.

—Ya me falta poco —contestó con ilusión—. Espero para fin de mes.

—¿Y qué tienes ahí? ¿Ya sabes? —preguntó la mujer con curiosidad acariciándole el vientre.

—Es un niño —contestó Amanda orgullosa—. Se llama Rubén.

La mujer se alegró con ella, la bendijo y se despidió dando un beso a su nieto.

—Hay mucha bulla aquí —observó—. No parece fiesta de niño —dijo y se fue.

Una semana más tarde Anthony recibía las fotografías y el vídeo del bautizo. Estaba muy enojado por la falta de consideración de su esposa y tiró el paquete sobre su litera. En la noche, quiso al menos mirar a su niño, cuando se encontró con la fotografía en la que salía en los brazos de Amanda.

De todas las fotos,  Anthony tomó esta, para llevarla siempre con él.

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6 comentarios en “Mercancía.5

  1. Cada día, con una mirada nueva.. (reflexionando en voz alta) dijo:

    Me quedé con las ganas de saber dónde estaba el padre.

    Así y todo me gustó. Me llevó a reflexionar sobre concretos episodios de mi vida:
    – Negarme a la perforación estigmática de las orejas de mi hija para ponerle pendientes.
    – Negarme a firmar en la sacristía cuando en contra de mi parecer fue bautizada (bajo la hiriente mirada de mi -entonces- esposa y mi padre.

    Podría detallar algunos más, pero creo que ya se entiende lo que quería describir.

    Un saludo.

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