Mercancía.6

Habían pasado varios meses desde el bautizo de Fabián y Rubén ya estaba en el mundo. Amanda no aprobaba el comportamiento de Rebeca, quien siempre tenía una razón para salir con las amigas de fiesta. A Amanda no le molestaba cuidar de su ahijado, pero tenía razones para creer que su comadre no le era fiel a Anthony.

—Amanda… —gritaron su nombre—. Tienes una llamada.

Las noticias no eran buenas. Daniel había sido herido en un convoy. Enseguida pensó en Anthony. Él debía estar con él también.

—¿Cuál es su estado? —preguntó—. ¿Hay más heridos?

—Sí, hay más heridos —contestó la oficial—. Estamos notificando a las familias. Vamos a trasladar a su esposo de vuelta a San Antonio a una unidad de trauma. Tan pronto llegue, nos comunicaremos de nuevo.

Amanda se sentó un momento con Rubén en los brazos. Sentía lástima de su esposo, de lo que pudiera pasarle. Lo peor era que sentía más miedo por la vida de Anthony. Llamó a Rebeca quién se quedó sorprendida por la noticia. Sin embargo, a ella nadie le había avisado de que su esposo hubiera sufrido ningún ataque.

—Ya me hubieran llamado —dijo pensativa.

—¿Estás segura de que no te han llamado? —preguntó Amanda inquisitiva—. Como nunca estás ahí.

—¿Qué quieres decir? —cuestionó la otra—. Aveces salgo, pero hoy he estado todo el día en casa.

Pasaron varios días antes de que tuvieran nuevas noticias. Cuando por fin Daniel estuvo en San Antonio, llamaron a Amanda para que pasara. Al llegar al hospital, él había dejado instrucciones de que no la dejaran pasar.

—Pero, ¿por qué no? —preguntó la joven esposa atribulada.

—Buenas tardes —escuchó una voz a sus espaldas—. Mi nombre es Leila García. Soy trabajadora social de la unidad de trauma. Por favor, acompáñeme.

La trabajadora social condujo a Amanda hacia su oficina. Una vez allí cerró la puerta y le acercó una caja de pañuelos desechables.

—Señora Cintrón, sé que se encuentra contrariada por la negativa de su esposo a verla.

—Sí, así es. ¿Qué es lo que está pasando?

—Su esposo sufrió un trauma severo durante el ataque. Se encuentra en un proceso de recuperación muy difícil. El hecho de que ahora no le quiera ver es normal en este tipo de casos. Solo déjeme trabajar con él unos días para ver como responde. Yo me comunicaré…

—Usted no entiende, señora —dijo Amanda—. Nosotros acabamos de tener un hijo que mi esposo todavía no conoce.

—Amanda, sí la entiendo —contestó la mujer suavemente—. El caso es que su esposo perdió las piernas en el ataque.

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