Chiquilladas

Yo era una niña fea. Eso pensaba al compararme con mis compañeritas del colegio. Las otras, rubias y con piel de durazno eran tan diferentes a mí. Mi piel morena, mis ojos rasgados, mi pelo rizado me separaban del resto. Era más alta que las demás. Era más gorda que las otras. Inquieta por naturaleza, visitaba la esquina del salón todos los días. Siempre estaba castigada. Nadie entendía que estaba sola. Sola en mi casa y sola en la escuela.

Mi hermana era siete años mayor que yo. No teníamos nada en común, excepto que ella para entretenerse, jugaba conmigo a las maestras. Así me enseñó a leer y a escribir. Llegué al jardín de infancia sabiendo escribir en cursivo. «La escuela es para jugar», era lo que mente infantil interpretaba, pues nada me enseñaban que yo no supiera ya. Irremediablemente, terminaba de vuelta en la esquina.

Los niños se burlaban de mí. Descubrí que si no les hacía caso, buscarían otra víctima. Sin embargo, esto afectó mi autoestima para siempre. Muchas noches me acosté llorando, aunque nunca lo hice en el colegio pues sabía que me convertiría en el punto de la bufonada todos los días. Hay cosas que te hacen fuerte. Que te hacen aprender cómo defenderte ante la adversidad. Mis días de colegio me enseñaron que estaba en una selva en la que tenía que sobrevivir como fuera.

Sacaba notas excelentes. Tenía muchas amigas. Era simpática y me sabía de memoria los números de teléfono de toda la clase. Aprendí a ganar con dulzura. Nunca peleaba. Hasta alcahueta me volví ayudando a mis compañeros a enamorar a mis amigas. Llevaba postales y cartas de amor de un lado para otro, soñando que un día me dieran una para mi. Así me gané que me dejaran en paz.

Mi madre me desesperaba esperando que el milagro de bajar de peso llegara durante mi desarrollo. Si dejaba de comer, entonces me miraba los ojos y decía que estaba anémica. Entonces me atracaba con comida, malta con huevo y azúcar. Algo no estaba bien en su cabeza, creo. Tal vez haber visto tanta gente morir de tuberculosis cuando era niña le había afectado. Palo si bogaba y palo si no bogaba.

Una maestra decidió dejarme en la esquina permanentemente. Decía que hablaba mucho, que no dejaba a los demás aprender. Mi esquina tenía una ventana al patio. Miraba al grupo como si no fuera parte de ellos. Estaba con ellos, pero no estaba. Me dediqué a observarlos. Sus ademanes, sus voces, su físico. Y miraba hacia afuera. Me sentía como si estuviera en una dimensión intermedia.

Entonces decidí decorar mi esquina. Agarré la alfombra que simulaba la yerba en las carrozas de la procesión del Viernes Santo y la coloqué debajo de mi escritorio. Cambié la silla por el sillón en el que se sentaba Herodes. Puse colgalejos en las persianas y resolví que sería rara, excéntrica, estrafalaria. Las maestras nada me decían. Lo único que les importaba era que estuviera en silencio y quieta en aquella esquina en la que estaba confinada, contenida como un gas peligroso. Ahí fue cuando hice travesuras de verdad. Le puse pedo químico al escritorio de la maestra, le puse tachuelas a su silla y por último en el recreo, atoré una astilla en la cerradura de la puerta, de manera que nadie pudiera entrar. Todos nos fuimos a la casa temprano y sin tarea porque los libros quedaron encerrados en el salón. Esa tarde sonreí mientras caminaba hacia la casa. Nunca le dije a nadie. Pero este secreto no se irá conmigo a la tumba. Se quedará en las páginas de WordPress.

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20 comentarios en “Chiquilladas

    • melbag123 dijo:

      Noooo…. Todas esas cosas pasaron y me hicieron la mujer que hoy soy. No era fea, la verdad. De hecho me miro en el espejo y miro a una mujer realizada. Estudié lo que quise, trabajé en donde quise. Tengo tres hijos que nunca me han dado razones para bajar la cabeza. Tuve padres maravillosos. Una ninez muy feliz.Tuve que retirarme porque me enfermé, pero esto ha sido bueno porque me abrió una puerta para este mundo de la escritura. Todos tenemos días malos, lloramos, pero en el balance, yo he sido muy afortunada. Las cosas son como tie en que ser. No me quejo de la vida que me tocó.

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  1. Mukali dijo:

    Me encanto tu historia y me gusto que le pusieras coraje y rebeldía a LA situación, para q luego digan q viene de fábrica…
    A veces nos hacemos…crecemos y como bien dices, nos amoldamos mejor a todo lo que nos toca q vivir de ahí en adelante.

    Besitos!

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  2. evavill dijo:

    Yo creo que te hiciste escritora cuando mirabas por la ventana del patio y observabas a los demás.
    ¿Sabes que yo también me pasé media infancia castigada en el pasillo? Por habladora.
    Me ha gustado tu manera de adaptarte al medio, por lo suave. Y las travesuras también me han gustado. Bien por mi Mel!!

    Le gusta a 1 persona

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