El regreso de Aida.3

Aida se sentó a esperar el autobús. Allí estaban cuatro mujeres, todas con el dubi-dubi,

representando la crema y nata de la sociedad puertorriqueña. Esas sí que tenían que saber muchas cosas que le interesaría saber. Con la oreja parada, nuestra amiga se acomodó, disimulando para acercarse más se empezó a poner sus lindos zapatos rojos. Sacó una revista de su maleta de mano e hizo como que estaba leyendo.

—Pobrecita… como la violaron esos cuatro hombres —dijo una de las mujeres.

—Bueno, en realidad fueron tres porque uno no lo hizo —contestó la otra.

—Pero si estaba allí y no hizo nada, es como si lo hubiera hecho —añadió la tercera.

—¡Ay, pobrecito! Pero si es tan guapo —concluyó la cuarta.

Aida se revolvía en el asiento, loca por meter la cuchara para saber más de la violación que hablaban.

—Disculpen —dijo—. ¿En dónde pasó todo eso?

Las mujeres se miraron las unas a las otras y comenzaron a reírse.

—¿Tu no miras la tele? —preguntó una.

—¿Lo dieron en las noticias? —cuestionó Aida.

—¡Jajajaja! —rieron todas a la vez.

—Es una novela turca que están pasando —dijo una—. Se llama «¿Qué culpa tiene Fatmagul?».

—¡Ahhhhh! —respondió Aida decepcionada de que no fuera una noticia real. No porque le deseara una violación a nadie, claro que no. Solo que los muñequitos sonaban a un asunto muy grande, de esos que a ella le encantaban para cotillar. Además, pensar que le iban a cortar… aquello, ustedes saben, en la Penitenciaría Estatal le parecía deliciosamente morboso.

Al fin llegó el autobús. Cansada como estaba se subió a los asientos que quedaban en la parte de atrás del chofer.

—Aquí como que huele raro —dijo el hombre.

—Sí, apesta como a alguien que se orinó encima —dijo una anciana que estaba al frente de Aida.

—¿Y qué pasa? —preguntó molesta nuestra amiga sientiéndose aludida—. ¿Ustedes nunca han tenido un accidente?

—Bueno hija, yo los he tenido, claro que si… pero me pongo un pañal desechable.

Rabiosa, Aida agarró su maleta y se fue a los asientos del fondo. Allí estaban las cuatro mujeres que estaban en la parada de autobús, las del dubi.

—Bendito, pobre mujer… —dijo una—. ¿Tu sabes lo que es que tu marido te pegue los cuernos?

—¡Ay, mi’ja! Cuando una está de malas hasta el marido se te va con otra —contesta la otra.

—Y después también le matan al hijo —responde la tercera.

—No, si la verdad es que se la han puesto terrible a la pobre —termina la cuarta.

—¿Y ustedes, van a seguir contando telenovelas? —pregunta Aida que estaba tratando de descansar.

—¡Mira! No seas presentá, estamos hablando de una amiga nuestra —contesta una de las mujeres.

Aida se metió el rabo entre las patas y decidió callarse hasta llegar a su destino. «¿Cuándo se acabará este día?», se pregunta. Por fin llega a Isla Verde y entra al primer hotel que encuentra.

—Necesito una habitación, por favor —indica al empleado.

—No hay ninguna disponible, señorita. Hay una convención y no hay habitaciones disponibles en todo San Juan —contesta el hombre.

«Gracias por la costurita», se dice Aida para sus adentros.

—¿Cómo que no tienen una habitación? «¿Tendré que irme al pesebre?», sigue hablando con ella misma.

—No, señorita. Disculpe.

Aida saca su celular del bolso y trata de hacer una llamada. «Sin señal. Debí imaginarlo».

—¿Señor, me presta su teléfono? —pregunta mortificada.

—Son siete dólares con cincuenta centavos —contesta el otro.

—Está bien —dice refunfuñando mientras marca un número de teléfono—. ¿Yayi? Es Aida.

—¿Aida? ¡Prima!

—Mira, es que llegué a Puerto Rico y no encuentro habitaciones disponibles en los hoteles.

—¡Chanfle, prima! Es que yo tengo en la casa a Brandon que perdió el trabajo, a la mujer y a mis nietos. No puedo recibirte, perdona.

«Eso me faltaba», pensó Aida frustrada mientras colgaba el teléfono.

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8 comentarios en “El regreso de Aida.3

    • melbag123 dijo:

      Créeme que no hay puertorriqueña que no se lo haga. Imagínate en el trópico con la humedad como se ponen los pelos. El dubi es el único que amansa el guapo. Jajajaja… Te lo puedes hacer, te deja el pelo completamente liso. Toma nota, las mejores hebillas son las largas. Jajajaja

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  1. serunserdeluz dijo:

    Yo también me preguntaba qué era un dubi-dubi, pero ya satisfice mi curiosidad, gracias.
    En efecto, no fue su día, suele suceder que se juntan muchas cosas negativas en un mismo día, pero pasan, afortunadamente y se restaura el equilibrio.
    Me pescaste desde el principio, me gustó tu cuento.
    Abrazo de luz

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    • melbag123 dijo:

      Sí, pobre mujer. Pero la novela turca en serio se llama así. Para que sepas, en Puerto Rico fue tan famosa que la pasaron los dos principales canales a diferentes horas porque la gente estaba enganchada con ella. De hecho yo la vi, pero online completa. Era buena. Las cosas que le pasan a Aida están basadas en las cosas que le pasan a miles de puertorriqueños cuando vuelven a la isla y las noticias que leo. Y sigue….

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