Plutón.6

Fadil consiguió el computador que Adio pidió. Sabía bien que no se trataba de un capricho de jovencito consentido. Había algo, una fuerza interior en su sobrino, que le hacía comprender su necesidad de hacer justicia. Ya no se trataba solo de sus padres, se trataba de Plutón y su gente. Él se daba cuenta que las cosas empeoraban cada vez más. Los plutonianos trabajaban sin descanso para cumplir con los requerimientos de los demás planetas, que con tal de mantener su paz, permitían que los intereses de los terrícolas dominaran el sistema solar. El Prefarek y la mitad de la Asamblea Farakita eran ciudadanos de la Tierra. Los demás planetas tenían representación en proporción a su tamaño. Por esta razón, aunque Mercurio, Venus y Marte simpatizaban con la situación del degradado planeta, no intervenían en la controversia.

Todo lo que Adio había aprendido se lo debía a su tío. Ahora con su computador, un nuevo mundo se abría delante de él. Pero no podía usarlo en donde vivían. Tuvieron que ingeniarse una operación complicada. Anat buscaba al joven en la nave y luego lo llevaba a una casilla de teletransportación desde donde se transportaba a otros planetas y ciudades. La idea era que no rastrearan el ordenador. Una vez concluído el estudio, que aveces sobrepasaba las dieciocho horas diarias, Adio regresaba al hogar de su tío, mientras Anat escondía el procesador apagado en un almacén de alimentos para no levantar sospechas.

En sus horas de intenso estudio, Adio se dedicó a aprender la historia, estrategia militar, y gobierno de la Tierra empezando desde la antigüedad. Quería saber todo sobre sus conquistas, sus glorias, sus batallas. Estudiaba de los errores registrados. ¿Qué había pasado con los grandes imperios que fracasaban? ¿Cómo era que habiendo tenido el poder, al parecer súbitamente lo perdían? A él le parecían errores tontos: corrupción, despilfarro e intolerancia, parecían ser denominadores comunes de su irremediable destrucción una y otra vez. El joven fortalecía su mente y espíritu, a la vez que su cuerpo. Se daba cuenta de que él era un todo y que debía estar en completa armonía si quería triunfar en el plan que se estaba trazando. Se instruyó en artes marciales, esgrima, arco y flecha, además de otras estrategias militares simples, pues nunca se sabía cuando podían ser útiles.

Adio se convirtió en un hombre muy educado y entrenado. Corría como un chasqui, nadaba mejor que el campeón interestelar, sabía esconderse y desaparecer cuando era conveniente. Según fue visitando los otros planetas con el fin de evitar ser rastreado, fue aprendiendo sobre ellos y sus habitantes. Conocía su lenguaje, costumbres, sus fortalezas y debilidades. Sabía que no podía ganar la batalla solo. Poco a poco fue haciendo amistades en los otros mundos, que le confiaban que tampoco estaban muy felices con el control que la Tierra tenía sobre el sistema.

El hijo de los Plutonets, no guardaba ningún papel, ni archivo en su computador que le fuera a causar problemas. Si le preguntaban siempre decía que era una especie de antropólogo natural al que le gustaba el estudio de la ciencia y la historia de la humanidad. No podía correr ningún riesgo. Estaba seguro de que él era el líder que su pueblo necesitaba.

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