Plutón.8

Adio se volteó lentamente para encontrarse con el rostro femenino más hermoso que jamás había visto. Claro que él no se había fijado en muchas mujeres pues siempre estaba inmerso en sus estudios, pero el de Sekmet era simplemente perfecto.

—Hola, plutoniano —repitió sonriendo.

—Perdón —respondió nervioso—. ¿Te puedo ayudar?

—Sé lo que estás haciendo —susurró.

—¿Sí? Según tu, ¿qué hago?

—¿Quieres hablar aquí o nos teletransportamos a Plutón?

—¿Eres plutoniana? No pareces.

—Vivo en Plutón desde que nací. Mis padres son de Venus y Mercurio, pero hace muchos años se mudaron allí.

—Bien, entonces vamos.

Adio avisó a Anat dónde estaría primero para no preocuparla, y segundo, para que estuviera pendiente si algo le pasaba. Cuando estuvieron en Plutón, Sekmet continuó con la conversación.

—No tengas miedo, si fuera tu enemiga ya te habría reportado —dijo ella.

—No acostumbro hablar de mis cosas con desconocidos.

—Mira, yo soy Sekmet Ariat y sé que te llamas Adio Plutonet —explicó—. Llevo varios meses siguiendo tu rastro, porque a pesar de que has tenido cuidado, siempre dejas un registro de dónde has estado. Es como un patrón, que para alguien como yo es muy fácil decifrar. Sé que escribes en contra del Prefarek y la Asamblea. Sé que quieres liberar a tu pueblo y devolverlo a lo que una vez fue, un gran planeta.

Adio la escuchó hablar sin pestañear. Verdaderamente, si ella hubiera querido reportarl0, lo habría hecho. Y era tan hermosa.

—Entonces, ¿cuál es el interés que tienes en lo que hago? —preguntó.

—Quiero ayudar. Puedo hacer que no haya ningún rastro tuyo. No sabrán jamás quién está detrás de los escritos. Déjame ayudarte, por favor.

—¿Y por qué quieres ayudarme? Es muy peligroso.

—Porque también mi familia ha sufrido por los abusos del Prefarek. Mi padre era representante en la Asamblea Farikita. Como no estuvo de acuerdo con la implosión de varios volcanes en Mercurio, y la explotación de las minas de hierro tan necesarias para la construcción de edificios, lo castigaron al destierro. Mi madre que era ingeniera química, también previno del desastre ecológico que estas acciones podían causar en el planeta y le quitaron el título antes de ordenar que partiera al destierro también. Todavía yo era una infante cuando todo eso pasó. No lo recuerdo, por supuesto, pero ellos me lo han contado muchas veces.

—El maldito gobierno ha destruído nuestras vidas, Sekmet. Ahora te entiendo.

—¿Entonces me dejas ayudarte?

—Claro que sí. ¿No has dicho que te necesito?

—Pues sí, pero no pensé que te iba a convencer tan fácilmente.

—Ya ves, soy un buen plutoniano.

Anat y Sekmet se hicieron muy buenas amigas, unidas por la causa común. Acmet y Jaka Ariat, los padres de la jóven, se incorporaron a los esfuerzos de Fadil, dirigiéndo las reuniones que los plutonianos hacían a escondidas. En otros planetas se hablaba del caudillo en secreto y hasta simpatizaban con él. Todos esperaban el siguiente escrito con ansias. Un representante le llevó un copia al Prefarek, quién estalló en cólera y ordenó que buscaran al rebelde en dónde fuera.

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