Plutón.14

—Hermano, ¿cómo has estado? —preguntó Kontar a su postrado gemelo.

—Muy mal —contestó desanimado Nassor.

—He venido a verte tan pronto supe que estabas mal.

—Es extraño que también hayas venido antes de que me enfermara —dijo Nassor con desconfianza.

—No es extraño —respondió Kontar—. Eres mi hermano, compartimos el mismo huevo. Siempre te he visitado.

—Esta vez fue distinto y lo sabes —lo enfrentó.

—No vamos a discutir, Nassor —dijo—. Vine a traerte medicina.

—¿Medicina? —preguntó sorprendido—. ¿Cómo es que tienes medicina para mi mal?

—He estado probando aquí y allá —contestó calmado—. Son unas hierbas, debí decir. Tal vez te ayuden.

—Deja probar ese brebaje entonces.

Kontar sacó un pomo del bolsillo de su caftán, lo destapó y le dio de beber a su hermano. Tan pronto como Nassor ingirió el antídoto comenzó a sentirse mejor. Incorporándose de la cama, fue hasta la puerta y abriéndola gritó, llamando a los demás soldados. En un momento el cuarto se llenó de militares saturninos, quienes agarraron al confundido gemelo, a quien se le hacía tarde para escapar.

—¿Por qué me haces esto, hermano? —preguntó angustiado.

—Porque sé que perteneces al grupo de los rebeldes —dijo el otro confrontándolo.

—No puedo creer que me estés traicionando —apuntó entristecido—. Soy de tu propia sangre.

—Soy yo quien no quiero saber de tu traición. Mereces que se te castigue como a cualquier otro traidor. ¡Me has deshonrado!

—¿No se dan cuenta de que solo los usan? Los saturninos viven en un cuartel separados de los demás porque su brillo les hace daño a los terrícolas —dijo mirando a los hombres de su planeta que lo sujetaban—. ¡No ven que ustedes son más poderosos que ellos!

¡Cállate, Kontar! ¡No me avergüences más!

Los hombres se llevaron a Kontar a una celda. Nassor tomó el pomo con el antídoto guardándolo en su uniforme. Fue a donde su superior para decirle que tenía información muy valiosa que quería compartir directamente con el Prefarek. Pensó que por haber detenido a su propio gemelo le permitirían pasar sobre los rangos más altos de su comando.

Nassor, ¿cuántas veces le hemos dicho que no venga sin avisar? —amonestó su superior—. Debe permanecer en sus cuarteles y pedir permiso antes.

Señor, le he dicho que tengo algo muy importante que decirle al Prefarek —insistió.

Pues dígamelo a mí. Usted conoce muy bien la cadena de mando. ¿O cree que porque ha traicionado a su hermano tendrá un trato especial? De hecho, no nos gustan los traidores.

Entonces Nassor se dio cuenta de que no le permitirían hablar con el dictador, que era un simple e insignificante soldado más y que a sus superiores no les importaba que el progresara en el ejército. Su hermano le hablaba con la verdad. Él no valía nada, sobretodo porque había traicionado a su sangre. Herido en su amor propio, decidió ayudar a su hermano aunque le costara la vida.

En Titán, Adio y Ebo se estaban preocupando por la demora de Kontar. Sabían bien que los soldados del mandatario eran capaces de todo, hasta de traicionar a la familia. Por eso, aunque permitieron que su amigo fuera a visitar a su hermano enfermo, temían que fuera arrestado. Los efectos del mal que transmitía la bacteria solo duraba unos días y ya habrían algunos soldados en recuperación. El ataque debía llevarse a cabo antes de que las tropas enemigas se recobraran completamente.

¿Qué vamos a hacer con Kontar? —preguntó Ebio.

Vamos a ir a rescatarlo —respondió Adio.

¿Al cuartel del ejército?

Claro, él también lo haría por nosotros.

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