Mañana es otro día.12

La mañana llegó y los sorprendió abrazados. Tomás se levantó, se vistió y le dio un beso a Laura en la mejilla. Ella abrió los ojos.

—¿Te vas? —preguntó adormilada—. ¿Quieres que te prepare algo de comer?

—No, no te molestes —contestó él—. Tengo que pasar por la oficina y voy tarde.

«¿A la oficina? », pensó Laura, «Es domingo».

—Está bien —dijo—. Cuídate.

Tomás salió cerrando la puerta trás de sí. La vecina del frente lo vio, bajando la vista pensó, «¡Ay, esta Laura! Otra vez a las andadas». Él se subió al auto y siguió hacia su oficina. Tenía que revisar unas facturas en su negocio. Estuvo como hasta las dos de la tarde, pero el sueño lo vencía. Decidió volver a su casa y tirarse en la cama por el resto de la tarde. Estaba muerto. La noche con Laura iba y venía entre sus sueños. Su piel, su aroma, la forma en que hacía el sexo. Se levantó y era muy tarde. Tomó agua y se acostó de nuevo.

Laura había pasado un día terrible después de una de las mejores noches de su vida. Esperaba que Tomás viniera a buscarla, pero a la vez sabía que lo que había pasado entre ellos era pasión de una noche. Lo vio llegar desde su ventana, pero él ni siquiera volteó a mirar su casa. Pasaron las horas y nada. «Bien, esto fue debut y despedida» —suspiró tristemente—, «La vida continúa, mañana es otro día y tengo que trabajar».

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