El trasplante

  —Soy capaz de hacer cualquier cosa por la salud de Adriana —declaró Ricardo sin pensar un segundo lo que decía.

            —Entonces, quedamos en lo acordado. El paquete incluye el transporte aéreo a la ciudad de Beijing, transportación al hotel, hospital y el trasplante de riñón. La comida, va por cuenta suya. Recuerde que no puede comentar esto con nadie.

            —Pero mi esposa…

            —Dígale a su esposa que es mejor no decir nada. Invéntese una excusa, lo que quiera, pero que no comente. Lo que hacemos no es muy… digamos, legal. Estamos tratando con el mercado negro de órganos.

            —¿Usted está seguro de que esto saldrá bien?

            —Garantizado, garantizado, nada es. Pero sí le puedo decir que ya he tramitado más de 1,500 trasplantes en los últimos cinco años y hasta ahora solo han salido mal unos treinta. Récele a quien quiera para que este funcione. ¡Ah! Tiene que depositarme el dinero a más tardar el viernes a las dos de la tarde. Si no, no salen el lunes.

            —No se preocupe, el dinero estará depositado el viernes sin falta.

            Ricardo se despidió del hombre sin nombre con quien le había conectado un amigo. Solo tenía un número de cuenta y el banco en el que debía depositar la suma acordada. Todavía tenía que llamar para verificar si le habían aprobado el préstamo que había pedido, aunque no tenía la menor duda de que lo harían ya que estaba poniendo su casa como garantía. Se comunicó de inmediato con la oficial de la entidad hipotecaria, quien le informó que en efecto podía ir a buscar el cheque por veinte mil dólares, que eran toda la equidad que tenía su hogar. Una vez lo cobró lo depositó en la cuenta de su contacto para el viaje a Beijing.

            La familia se trasladó a la China sin mencionar a nadie el propósito del viaje, ni a dónde se iban. Adriana había estado muy enferma desde los nueve años y ya no tenía ninguna esperanza, excepto el trasplante de riñón. La lista de espera era interminable y ya llevaba cinco años esperando un milagro. Con las complicaciones de la adolescencia, su condición había empeorado, siendo necesaria la diálisis. La niña cada vez estaba más débil, ya no era ni la sombra de la muchachita alegre que fue. ¿Cómo Ricardo no iba a hacer lo que fuera por salvar la vida de su hija? No preguntó nada por supuesto. Ni le importaba la procedencia. Lo único que le interesaba era conseguir ese órgano que su criatura necesitaba desesperadamente.

            Ya en Beijín todo transcurrió como le fue prometido. Adriana recibió su riñón. El médico le dijo que la operación resultó ser un éxito y que en dos semanas ya podía emprender el viaje de regreso al hogar. Los resultados fueron casi inmediatos. La niña mejoraba cada día y el color verdoso que tenía su piel fue tornándose rosado, igual que antes de su enfermedad.

            Unas cosas cambiaron luego del trasplante. Adriana nunca comía carne roja y menos casi cruda. Parecía que había desarrollado un gusto repentino por ella y la comía casi a diario. La madre era de las que pensaba que el cuerpo pide lo que necesita, así es que se la preparaba siempre que la pedía. Los padres encontraron que la niña estaba viendo películas de horror y masacres. Mientras más sangre apareciera en las matanzas, mejor. Para impedir que siguiera exponiéndose a ese material, bloquearon los canales de la televisión y pusieron controles a su computador. Su comportamiento cada día era más agresivo, lo que achacaron a la adolescencia.

####

            Noticias en acción, lunes 6 de febrero de 2017: Una menor de catorce años asesinó a sus padres mientras estos miraban la televisión. El reporte preliminar indica que la jovencita salió a la calle con el cuchillo ensangrentado. Según los testigos iba caminando desorientada, como en trance. Los vecinos llamaron a la policía quienes llegaron de inmediato, deteniendo a la alegada victimaria. Los cuerpos de las víctimas presentaban heridas punzantes en pecho, la cabeza y la espalda.

            En otras noticias, una banda de traficantes de órganos fue capturada. Según las autoridades, quienes llevaban varios meses siguiendo a los maleantes, los tratantes contactaban a las familias de personas necesitadas de trasplantes ofreciéndoles un paquete completo en la ciudad de Beijing en China, en donde los enfermos recibían el miembro precisado, comprado en el mercado negro, procedente de convictos sentenciados a la pena de muerte.
Copyrighted.com Registered & Protected  SSVQ-F7OY-BO02-0JKU

Anuncios

22 comentarios en “El trasplante

    • melbag123 dijo:

      Pues muchas personas, incluyéndome, creen que eres todas tus células. Yo no creo en los trasplantes. De hecho tengo una conocida que se hizo uno, y luego cambió su carácter mucho. No decía palabras soeces, no tomaba leche, etc. Lo que más me preocupa de este relato que escribí ayer, es que cuando terminé y se lo iba a leer a mi esposo, pasaron una noticia de que intentan aprobar una ley para la donación de órganos de los ejecutados. Me quedé pasmada… Sería una premonición? Quién sabe?

      Le gusta a 1 persona

      • antoncaes dijo:

        Como bien dices todo es creer, las creencias tuyas son tan licitas como las mías. Es cierto que las células son un conjunto y que están unidas entre si, unas por los sistemas nerviosos y otras por la sangre, pero tanto como para que un trasplantado adopte la personalidad del donante a través de las células del órgano, no se… prefiero pensar que no es posible.

        Le gusta a 1 persona

      • melbag123 dijo:

        Claro que pienso que mi relato es una exageración, por supuesto. Pero que el trasplantado adopte algunas necesidades que tenía el donante, como tomar leche si no tomabas—que es el caso de quien conozco—y maldecir, cuando no lo hacía—que eso claro, puede ser por otras razones, quizá sicológicas. Pero como bien dices, todo es cuestión de creer.

        Le gusta a 1 persona

      • antoncaes dijo:

        No me refería a que tu relato fuera una exageración, me refería a precisamente lo que has referido, adoptar manías, costumbres y cosas así del donante, no a que si el donante es un psicópata el trasplantado se vuelva un asesino, entonces me trasplanto el cerebro de Hannibal el caníbal, por su inteligencia, no por sus gustos culinarios. 😉

        Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s