Reflexionando

Hace días estoy por escribir esto. Entre una cosa y la otra no me he sentado a ponerlo en letras, aunque he estado reflexionando mucho sobre ello.

La muerte nos llega a todos y no hay cómo evitarla. Se puede prorrogar un poco pero siempre te llega tarde o temprano. Ella no me ha rondado mucho. Mis abuelos murieron bien viejitos. Mi padre murió de 98 años y mi madre, a pesar de padecer el horrible Alzheimer ya va para sus 86 y muy saludable. Sin embargo, pienso mucho en la pelona. Es un tema recurrente. Lo pueden ver en mis relatos a menudo.

El día que me dolía el pecho mi esposo insistía en llevarme al hospital. Mi respuesta fue que me iba a quedar quietecita en la cama y que luego llamaría al médico. Él no estuvo muy contento con mi respuesta, pero sabe que soy muy cabezona y que por más que insistiera no iba a poder obligarme. Iba cada rato a revisar si estaba bien, no fuera a morirme en la cama donde él duerme también. Eso es broma. Sé que estaba preocupado.

En esas horas que estuve acostada pensé en qué iba a pasar si me llegaba la hora. Aunque tengo a mi esposo y a mis hijos informados sobre todo lo que hay que hacer en ese caso—créanme que mi mayor preocupación es el futuro de mi madre—, no me sentía conforme con que mi fin estuviera cerca. Ya sé, estaba haciendo toda una tragedia. Pero cuando te duele el pecho inexplicablemente, es el primer pensamiento. Le di a mi esposo mil instrucciones ese día de qué hacer con todo. También pasé esas horas pensando en lo afortunada que he sido toda la vida. De haber nacido en mi isla, de haberme podido educar, de haber tenido padres buenos y amorosos. Mi vida ha sido de lujo. No he tenido mucho dinero, pero sí lo suficiente. Nunca me he acostado con hambre y he tenido un techo sobre mi cabeza, aunque fuera temporal. Siempre he estado protegida. Y no es que no he llorado, sí lo he hecho. Mucho y de amor casi siempre. Pero me he reído más y es lo que vale.

Al otro día hice cita con el cardiólogo que luego de practicarme varios exámenes sugirió hacerme un cateterismo pues algo no veía bien. Entonces sí que me asusté. Si moría, ¿qué iba a ser de mi madre? ¿Quién la iba a visitar? ¿Quién iba a pagar la cuenta del hogar en dónde está? ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién? Notifiqué a mis hijos del procedimiento que me harían. El mayor se asustó y no quiso hablar del asunto por varios días. Desapareció hasta el día antes. Dijo que se le había olvidado. No le creo. De los tres es el más apegado a mí y hace poco su suegro por nada muere del corazón. Estaba asustado, sin duda.  El segundo, trabaja en un hospital. Ese me llamó y me explicó el procedimiento muy profesionalmente para tranquilizarme. El tercero, me llamó y me juró que nada me iba a pasar. Aun así, les di instrucciones a todos, por si acaso. Estoy orgullosa de esos tres. Mis ojos negros, son mi vida.

El 1ro de marzo tengo mi cita médica para los resultados de la intervención. Supongo que si no me han llamado antes es porque no estoy muriendo. Me siento bien. No estoy asustada. No tengo miedo.  Pero como siempre llego a la misma conclusión. Espero tener vida suficiente para enterrar a mi madre y morir antes que cualquiera de mis hijos. No pido más. ¡Ah! Sí, una cosa. Que cuando me toque esté en una cama calentita con al menos uno de ellos —si no los tres—, a mi lado. Puesto esto en letras, lo estoy lanzando al etéreo como dice una amiga, para que el universo o Dios se encarguen de cumplirme el deseo. Estoy segura de que mi petición no es irrazonable y me será concedida.

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35 comentarios en “Reflexionando

  1. Ana Fernández Díaz dijo:

    Mi querida Mel, hoy me has emocionado. A partir de cierta edad, la muerte empieza a estar muy presenta y siempre aparece el miedo a lo que pasará con los que se quedarán solos si nos toca irnos antes de tiempo. Si te consuela, te diré que yo también tengo ese miedo. De dejar a mi hija de 11 años sin madre. O de irme antes que mis padres. Pero aquí seguimos y por mucho tiempo espero. Y tú tienes un viaje que hacer a España porque te estoy esperando. Ni se te ocurra morirte antes de eso porque iré a buscarte allá donde estés. Besines amos.

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  2. Andrés Cifuentes Lozano dijo:

    Querida amiga, yo tengo casi 67 años, y desde hace 7 meses mi salud a tenido un revés del que yo ni pensaba, primero me dio un ictus, ha consecuencia de las pruebas me detestaron un problema cardiaco y me implantaron un desfibrilador. Lo mejor es no pensar en nada, seguir con nuestras rutinas… lo demás llega solo.

    Te dejo este poema de Julio Flórez

    Todo nos llega tarde hasta la muerte

    Todo nos llega tarde ¡hasta la muerte!
    nunca se satisface ni se alcanza
    la dulce posesión de una esperanza
    cuando el deseo acósanos más fuerte.

    Todo puede llegar, pero se advierte
    que todo llega tarde: la bonanza,
    después de la tragedia; la alabanza,
    cuando está ya la inspiración inerte.

    La justicia nos muestra su balanza
    cuando los siglos en la historia vierte
    el tiempo mudo que en el orbe avanza.

    Y la gloria, esa ninfa de la suerte,
    sólo en las viejas sepulturas danza.
    ¡Todo nos llega tarde, hasta la muerte!

    Un abrazo y mucha fuerza.

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  3. bellaespiritu dijo:

    Presiento que lo que estás pasando es sólo un susto y que las reflexiones que te ha inspirado son muy valiosas. La muerte es la única ley que nos impusieron los dioses sin derecho a apelación alguna, pero por lo general no pensamos en esta certeza, una de las pocas que nos fueron dadas. Qué será de todo lo que queda cuando desencarnamos? Quien sabe, no hay respuesta válida a esta pregunta. Coincido con Andrés, hay que ir paso a paso y seguir haciendo camino. Y en tu caso, mi querida, creo que queda mucho trecho por recorrer aún…

    Un cariño enorme extensivo a tu familia, sobre todo al mayor, cuyo mundo se ha sacudido por amor a su madre…

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  4. evavill dijo:

    Hola, Mel. Como ya he leído tu siguiente entrada, sé que no tienes nada grave y me alegro mucho. A todos nos da por pensar en la muerte a partir de cierta edad, especialmente si el cuerpo nos da algún susto.
    Pero me ha gustado el resumen de tu vida, es bonito.

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  5. serunserdeluz dijo:

    Esta reflexión la estoy leyendo cuando ya sé que todo salió bien, gracias a Dios. Pero me puso a pensar a mí también, seguro te serán concedidos tus deseos y así será, cuando sea, que espero falte mucho para eso.

    Cuando a mí me dijeron que me iban a hacer un procedimiento que podría implicar la muerte y me pidieron decidiera, tuve que pensarlo mucho y decidí que no me lo iban a hacer y sucedió que al día siguiente el problema había desaparecido y no hubo necesidad, pero sí me vi posiblemente muy cerca del final y no sabía si emocionarme o estar triste por los que dejaría aquí, sé de esas reflexiones, pero ambas ya pasamos el trago amargo y por acá andamos y por mucho tiempo todavía.

    Te quiero mucho amiga, todavía nos queda un largo camino.

    Abrazo de luz

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  6. Amanece en Madrid dijo:

    Se me han puesto los pelos de punta leyendo tu reflexión. Yo también soy primero hija y luego madre cronológicamente, pero me siento antes madre que hija y, como tú, sólo espero no dejar solos a mis hijos y marcharme yo antes que ellos, pues no sé si podría soportar su ausencia.
    Gracias por tu aportación, me ha hecho pensar…

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