La niña que fui

Reconozco a la niña que fui

con la misma sonrisa alegre,

entonces no tenía penas

ni nada que me atormentara.

Recogía flores de alelí

otras veces azucenas,

se las regalaba a mi madre

y la besaba en los labios.

Era capaz de cruzar las montañas

solo con el pensamiento,

siempre fui una soñadora

viviendo la vida — curiosa.

Desde ya bailaban historias

de justicia en mi razonamiento,

fueran ogros o princesas,

encantados o dragones,

el malo nunca triunfaba.

Tenía un abuelo mulato—

dicen que un chino mezclado—

que me hablaba de la luna

y de un labrador burlón

que por reírse de ella

se lo llevó secuestrado

y desde entonces la mancha

que veíamos en el astro

era el pobre agricultor

que se quedó allí pegado.

Tuve amigas y muñecas,

una infancia muy feliz,

con una dosis perfecta

de buenos y malos ratos,

que a madurar me ayudaron

y a poder sobrevivir.

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21 comentarios en “La niña que fui

    • melbag123 dijo:

      La misma. La gente que me conoce desde entonces dice que tengo la misma carita. Era feliz, muy feliz entonces. No es que ahora no lo sea, pero me entiendes. Es esa felicidad libre de preocupaciones porque tus padres lo hacen todo por ti. Cuando estás protegida y nada te falta. Añoro esa vida. Gracias por leer. Besos.

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