Dalana Trick y la Casa Rosada (Final)

        Ya ni los correligionarios de Dalana podían salvarla de su ignorancia. Empezaron a poner distancia y se reunían con ella lo menos posible. Contaban los empleados de la Casa Rosada que de noche se escuchaban sus gemidos por todas las habitaciones y hasta había roto algunos espejos para no mirarse en ellos, su reflejo la asustaba. El pueblo reclamaba por que la destituyeran.

            En esos días se confirmó que Dalana estaba totalmente quebrada, por eso no había publicado su estado financiero como los demás candidatos en tiempo de elección. El Departamento de Justicia descubrió que ella manejaba negocios con países extranjeros usando nombres de corporaciones fantasma, pensando que de ese modo podría burlar el sistema. Las corporaciones recibían significativas sumas de dinero a cambio de que le concediera fondos para armamento y otros beneficios a otras naciones. Pero nadie —ni siquiera Dalana Trick— podía escaparse de los secretos. Ya los truquitos no le funcionaban. El cerco se estaba cerrando y no había escapatoria. Llamó al marido para que la apoyara, pero él también se excusó diciendo que no podía alejar a los niños del colegio. Sería un trauma para ellos. Claro que para él también, pues entonces vivía un tórrido romance con una de las niñeras. Era más seguro en su casa, nadie los descubriría.

         Dalana estaba en una conferencia de prensa cuando comenzaron a preguntarle por sus negocios turbios. El rostro se le enrojeció de furia y comenzó a gritar histérica dándole golpes al podio y delante de los medios, quienes ni cortos ni perezosos, tomaron vídeos de la pataleta en la que se le había visto hasta las pantaletas cuando se tiró al suelo convulsionando de rabia. Los guardaespaldas la levantaron cargándola en brazos y llamaron enseguida una ambulancia. Sus ayudantes y secretarios trataron de excusar su conducta. Acusaron a los periodistas de haberle causado esta situación tan estresante. Después de todo ella era una dama y habían herido sus nobles sentimientos.

            Dalana Trick pasó el próximo fin de semana en la Casa Rosada comiendo pollo frito del Kentucky Fried Chicken y bebiendo Coca Cola con mucha azúcar. Pidió un bizcocho de chocolate, con relleno de chocolate y glaseado de chocolate —el más rico que jamás había probado—. Luego se tomó el laxante. No durmió esas dos noches y los aparatos de la televisión de todas las habitaciones permanecieron encendidos a toda hora, incluyendo el que había ordenado instalar en el cuarto de baño. Trató de llamar al marido, pero no le respondió. Los niños tampoco. A las diez de la noche se metió en la tina para tomar un baño y tuiteó: «Nadie más grande que yo». Luego se quedó dormida arropada por su propia mierda.

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