El espejo

          Ella se miró en el espejo y se preguntó —no como la mala de la Bella Durmiente, sino como la buena de su propia película de terror —, qué hacía todavía allí. Miró los morados en sus ojos, en sus brazos, su cabello despeinado, su maquillaje estrujado, corrido por las lágrimas. ¿Qué hacía todavía allí?

            Miró al suelo. Aníbal —como el guerrero—, yacía tirado, con el tacón de su zapato enterrado en el ojo derecho. Claro, ella era zurda. Sería más fácil sospechar de ella. El calzado era de su tamaño. Además, anoche Martín, Rosa, Claudia y Efraín, los vieron juntos en el pub de Ericka.

        Todos estaban allí. Los vieron hablar, beber y reírse juntos hasta la madrugada. Los vieron irse. De camino al apartamento de él sonó su móvil. Ricardo —su compañero de trabajo—, la llamó para preguntarle algo sobre la presentación que harían en la mañana. Qué por qué te llamó a esta hora, qué qué se creía ese tipejo, qué si se estaba acostando con él. Una pregunta detrás de la otra, cada una más subida de tono que la anterior. Al principio se calló. Pero luego le resultaron tan ofensivas que le contestó, le pidió que la respetara.

            Llegaron y ya ella no tenía deseos de quedarse. No quería hacer el amor. Era la confirmación de que algo se traía con el tal Ricardo, dijo él. Comenzaron a discutir acaloradamente. Aníbal le llamó puta. Ella le dio una cachetada. Él no lo soportó y se le tiró encima. La besó, ella le mordió el labio inferior y le escupió la cara. Él le rasgó la blusa y le mordió el pezón. Ella le pegó en la entrepierna y Aníbal se dobló de dolor. Ella trató de irse, pero la agarró por la pierna y la tiró al suelo. Le subió la falda y se le subió encima. Mientras la estaba violando le pegaba, le halaba el cabello. Ella escuchaba su respiración agitada y sentía su sudor bajándole por los senos. Cuando terminó, se levantó estirando los brazos satisfecho, pedorreando. Ella se puso de pie furiosa, se quitó el zapato, le gritó, él la miró y…

            Se miró de nuevo en el espejo. Sintió que su imagen estaba impresa en él. Lo arrancó de la pared y salió corriendo del apartamento. Estaba segura de que enseguida irían a buscarla.

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