Ocho Horas

Un recalentadito, dedicado a todas las mujeres que trabajan, cuidan a sus hijos y el cheque no les sobra para nada.

Mel Gómez

Son las seis de la mañana. Ese maldito reloj anuncia que es hora de levantarse a trabajar. Astrid entra a las ocho, pero en lo que se baña, maquilla y pasa el «blower» son las seis y treinta. Mientras se mira al espejo puede ver las marcas del cansancio. Ya es jueves, sólo falta un día. «¿Un día para qué?», piensa. Sábado y domingo tiene que limpiar la casa, ayudar a los niños en las asignaciones, hacer las compras y ya, se acabó el fin de semana.

Mira el reloj, son las seis y treinta y cinco y no ha levantado a los niños. Menos mal que la escuela está cerca. No tiene tiempo para servir un desayuno y tampoco tiene mucho en la nevera que ofrecer. Llama a los niños y empieza el corre y corre.

—¡Marcos que llegamos tarde! ¡Dyanira ya deja de peinarte te vas a quedar…

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