A lo lejos by Mel Gómez

Esto lo escribí después que mi isla fue arrasada por el huracán María. Ya no estoy en el exilio. Me ganó la nostalgia y regresé. No importa qué, nada es como tu tierra.

Focus / Masticadores Editores: Carlos Usín, Scarlet Cabrera,j. re crivello

Al presentar Puerto Rico y sus
autores en MasticadoresFocus como editor me pregunto: ¿dónde nos encontramos?: en
una Isla y sus habitantes o en una memoria y un sentimiento que nos acompaña
.
A los tres autores Anthony Lopez Evans, Mel Gómez, Marie Estelle Picouto les
hemos pedido que nos hablen de esta añorada presencia en sus vidas.

J re crivello

A lo lejos by Mel Gómez

Cuando te vas de Puerto Rico, pasa como dice la canción «En mi viejo San Juan»
de Noel Estrada: el corazón se te queda frente al mar. El olor a salitre
te persigue y repasas en tu memoria todas las tonalidades de azul, porque te
sientes incompleto sin el rumor de las olas, sin la risa de sus palmeras.
Las noches nunca son lo mismo y las estrellas no brillan igual. La bóveda
que es de un azul tan oscuro que parece negro…

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Simplicia

Viejito, para recordar. Ficción histórica.

MEL GÓMEZ

            Corría el año 1922 cuando me asignaron entrevistar a la viuda de Betances, Doña Simplicia Jimenez Carlos. Aunque no me hacía mucha gracia tener que perder una tarde de mi incipiente carrera como periodista escuchando los cuentos de una viejecita demente, decidí trasladarme al hotelito en la calle Fortaleza de San Juan en el que residía. Caminé por los azules adoquines, contándolos uno a uno, sintiendo la brisa y el olor a salitre de la cercana bahía. Subí las escaleras hasta el tercer piso y toqué la puerta. Una joven me abrió y me acompañó hasta la salita en la que se encontraba Doña Simplicia. Me sentí transportado a otra época entre los muebles y la decoración melancólica y aburrida de aquella humilde estancia. La anciana me miró con cierta desconfianza, pero tan pronto me identifiqué extendió su mano arrugada y flaca, la que estreché devolviéndole mi mejor sonrisa.

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Desertor

Arte y denuncia

Dmitri Alexeyev, soldado ruso, camina con su compañero por las ruinas de lo que alguna vez fue la hermosa Mariúpol. Tiene diecinueve años y no comprende por qué está allí. Va callado, meditando, recordando el lugar al que su padre lo llevó cuando aún era un niño a apreciar el arte y la cultura que se derramaba por doquier en aquella ciudad portuaria. Ahora es añicos. Su mente divaga, por momentos se queda en blanco. Siente que camina sobre nubes, apenas nota sus pies pisar los pedazos de concreto y su visión es borrosa. Todo hiede a azufre, a fuego, a muerte.

Como si fuera un sueño se ve a sí mismo entrar a un edificio en el que varios soldados rusos violan y asesinan mujeres y niñas ucranianas, en una orgía de sexo y sangre. Rabioso toma su fusil y acaba con ellos, después de todo son hombres sin…

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La escena

Viejito. Que lo disfruten.

MEL GÓMEZ

Silvia abre la puerta y entra. Tiene un vestido de estampado animal ajustado y unos estiletos negros de charol. Armando se levanta del sofá tan rápido que pareciera como si tuviera un resorte. La mira con rabia. Ella pone su bolso sobre la mesa y se dirige a él. Sin mediar palabra alguna, ella saca la mano, le pega una y otra vez. Él aguanta las bofetadas pero se cansa y le agarra la mano. Ella intenta agredirlo con las uñas, pero él la sostiene por las muñecas para evitar que siga pegándole.

Silvia le escupe la cara y es cuando Armando ya no soporta tanta violencia. No se han dicho nada, es cierto, pero él ya no está dispuesto a permitir este maltrato y le cruza la cara de un golpe que la tira al piso. Ella se queda tirada, mirando el suelo y con el dorso de la…

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Quéjese al fabricante

Que ya voy de salida, ¿y qué?

No necesito tanto, lo sé.

En mí vive la misma niña

que cantaba canciones tristes

justo antes de dormir.

Entonces no me arrullaban princesas,

solo me acompañaba el pensamiento

de los niños hambrientos en Praga,

de los perros callejeros de mi barrio,

de mis padres dejando la vida

para darme una mejor.

Y mi soledad.

Sigo atada a los recuerdos

de mis amigas riendo, inocentes,

saltando en los charcos

bajo la lluvia a cántaros,

hablando del primer amor,

del primer beso,

que para mí tardó demasiado,

aunque la maternidad me llegó temprana

con una adultez atropellada.

Todo a destiempo.

Me llegan los años y no me acostumbro.

La idea de la muerte no me asusta.

Solo quiero vivir sin relicarios

con la mente despejada

y el cuerpo dispuesto.

De vez en cuando llorar de amor,

o reír a carcajadas con la gente que amo.

Que no maduro, que hago locuras.

Que me digan intensa, ¿y qué?

Fue así como fui creada.

¿Alguna queja?

Quéjese con el fabricante.

¡Felíz Navidad!

Hoy es la noche más importante de todo año para la comunidad cristiana de todo el mundo, Nochebuena. Mañana es la celebración del nacimiento del Niño Dios, Jesús nuestro salvador. Él también nace cada día en nuestros corazones cuando amamos al prójimo, cuando ayudamos al desvalido, cuando acariciamos a los niños, cuando consolamos al viejo, cuando cuidamos de la naturaleza y nuestros animales. Que nada empañe la luz de esta noche divina. Amén.

Anatomía de los abrazos

Originalmente publicado en saltoalreverso.com

BLOG SALTO AL REVERSO

Pixabay.com (CCO)

«Me gustan los abrazos», se dijo Marina suspirando.

«Me gustan esos en los que se entrega el alma, que te dejan sin respiración y te hacen olvidar cualquier cosa», pensó imaginándose en brazos de un ser amado.

«Me gustan los que te regalan consuelo cuando estás afligido, dolorido o triste. Como los de tus padres cuando te caes y te has pelado una rodilla; o llegas de la escuela después que alguien se ha reído de ti; o te han dejado sola con un hijo que criar y no tienes ni idea de cómo hacerlo; o porque ves tu infancia partir con ellos», reflexionó mientras una lágrima bajaba por su mejilla.

«Me gustan los abrazos que te entregan lealtad y fidelidad. Como los de los amigos que, aunque te hayan visto ayer, o hace unos días, o no te hayan visto en un millón de años, con solo…

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Vida

Uno viejjito… Espero que les guste.

MEL GÓMEZ

Nicolato se llevó la taza a los labios lentamente. Bebió el líquido tibio con deseo, absorto en su espesura, en el delicioso olor metálico, en su sabor salado. Lo tomó sin prisa sabiendo que no obtendría otra dosis del delicioso brebaje por lo menos en las próximas veinticuatro horas. Pensaba en su doncella, la virgen pálida y ojerosa que cuidaba con recelo. No permitía que nadie los visitara. La amaba. Anca era su vida. Terminó. Limpió con una servilleta de tela el residuo rojo de su tupido bigote y se dirigió a la recámara para asegurarse de que ella lo tuviera todo.

Cuando entró en la habitación, Anca le dirigió una mirada lánguida y triste. Ella también lo amaba. No quería perderlo, por eso no le contó que tenía leucemia.

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Ejercicio #8 Taller Fleming Lab

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