Se busca novio para Navidad by Mel Gómez

Publicado originalmente en Barcelona/Jre Crivello

Barcelona / j re crivello

Juliana tenía treinta y ocho años.
Había pasado por un divorcio horrible que había acabado con su autoestima. Su
vida se había concentrado en su trabajo y sus hijos. No tenía dinero para hacer
nada extraordinario. Todo se le iba en pagar la casa, el auto, el colegio de
los niños y los gastos propios del hogar. A veces su vecina y ella contrataban
una niñera y se iban a bailar a un club cercano. Había conocido algunos hombres
interesantes, pero no se cuajaba ninguna relación. En su desespero puso un
anuncio en la red.

«Se buscan novio para Navidad (puede
ser hasta el Día de los Enamorados), que no tenga ex esposa, que no sea viudo,
que no tenga madre, que no tenga hijos. Si tiene un amigo igual, mejor, mi
amiga necesita uno así también».

Terminó
añadiendo su correo electrónico para que le contestaran. Juliana recibió todo
tipo…

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Alma llanera

Originalmente publicado en Arte y Denuncia.

Arte y denuncia

Marcelo salió de su casa antes de que salieran los primeros rayos del sol. Dio una última mirada, al rocío que aún estaba sobre las hojas de las plantas y hiervas que su madre con tanto amor cultivaba. Respiró despacio y profundo, para llevarse impregnado en su olfato el olor a patria, a condimento, a sabor de la comida de su casa. Caminaba, mirando sus pasos adelantarse sobre el asfalto mojado de Acarigua, cantando bajito Alma llanera. Sabía que era igual que la suya: primorosa y cristalina. Recordaba la infancia, cuando corría por los llanos de su tierra, jugando con sus hermanos y amigos, cuando Venezuela todavía era libre. Iba calculando la distancia que le faltaba por recorrer, para llegar donde tomaría el autobús hacia sus sueños. En su mochila llevaba lo necesario, no quería llevar peso de más sobre sus hombros, ya el de la separación, se le…

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Sant Jordi, allí estaremos

Fleming Editorial, mi casa editora y el Club de Lectores estarán en San Jordi. Mi libro, «María Estórpida», también estará este año. Tengo una gran emoción. Así que pasen por nuestra mesa, compren su libro y a volar con nuestras historias.

Barcelona / j re crivello

Sant Jordi 2018 en la Rambla de Vilanova i La Geltrú

Bueno como lo explico. Al crear toda la
constelación de MasticadoresdeLetras (España,Usa, Latino) y sus derivaciones en
Pinterest, Tumblr no pensaba cuanto éxito atraería. Solo en Twitter hay días
que la aguja de visitas supera los 950. Y perseverar es un
aspecto que nos ha dado mucha gratitud de los lectores.

Pero comencé solo y lo más interesante es (y lo comentaba con un amigo ingles radicado en Barcelona) es que siento mi crecimiento y este lo traslado a otros que me acompañan.

Si, ahora me acompaña un nutrido grupo de colaboradores que aman explicar y leer a los otros. Esta parte de mi vida tal vez nunca pensé que la viviría, amigos.

Nunca pensé en ello.

Y se acerca Sant Jordi, la tradición donde ese día en Cataluña se venden 1 millón de libros. Y se…

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Salto al reverso busca nuevos talentos.

SALTO AL REVERSO

CONVOCATORIA ABIERTA

En Salto al reverso nos interesa integrar a nuevos talentos en los géneros de poesía, relato y artes plásticas (fotografía, dibujo, ilustración y pintura). Si estás interesado en unirte a este blog colectivo, es necesario que el consejo editorial te apruebe. El consejo está conformado por colaboradores y autores de Salto al reverso.

Estos son los requisitos:

  1. Estar dispuesto a seguir nuestros criterios. Consúltalos aquí: saltoalreverso.com/criterios.
  2. Tener excelente ortografía y redacción.
  3. Tener un blog propio o una página formal en donde publiques tus obras con frecuencia. Tu blog o página debe estar activa desde hace al menos un mes.
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  • Ser nuestro seguidor en WordPress.
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Recibiremos solicitudes a partir de ahora y hasta el 8 de marzo. Después de esa fecha, el consejo editorial evaluará las solicitudes y determinará quiénes ingresarán al…

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La mujer que no conocí

Nunca conocí a mi madre. No que no la conociera físicamente. Siempre estuvo allí:  desde el mismo momento en que nací, nueve meses antes, desde que fui concebida. Me refiero a que no supe nada de lo que guardaba dentro de sí: sus secretos, sus miedos, sus anhelos, sus ilusiones. Nunca supe cuál era su color, ni su canción o su película favorita. Jamás la vi reír a carcajadas, ni la vi sonreír de pura felicidad. Era una extraña, sombría, a la que en muchas ocasiones desee preguntar si era su hija adoptiva.

            No era como la mayoría de las madres de mis amigas. Ella trabajaba mucho, quizá demasiado como para detenerse a contestar mis preguntas. En un día cualquiera, me levantaba para el colegio a eso de las cinco de la mañana — para dejarme vestida y desayunada—, y luego irse a esperar por la transportación, que casualmente pasaba justo al cruzar la calle. Tenía que hacer dos cambios en la ruta hasta llegar a su destino: de la casa hasta Bayamón y de allí a San Juan.

            Mi madre era enfermera. Solo sus pacientes conocían su ternura. Era trabajadora, responsable, pero siempre enigmática. Le gustaba ofrecerse de voluntaria, aunque se estuviera ahogando de trabajo. Tomaba cursos universitarios para mejorar sus conocimientos y de ser una enfermera práctica, pasó a ser enfermera diplomada. De todo esto me enteré en la ceremonia de jubilación a la que me invitó, en la que sentí que todo el tiempo hablaban de otra persona.

            La mujer que veía venir por las tardes —vestida de blanco de pies a cabeza—, no se parecía a esa. Había un dejo de hastío, en su mirada cansada. Sin quitarse el uniforme, calentaba una que otra cosa para la cena y luego de servirnos se quitaba los zapatos para recostarse en el sofá a mirar su «novelita» televisiva. Se metía en aquella pantalla, tal vez fantaseando con el amor romántico o con un caballero millonario, que la salvara y la sacara de su laboriosa vida. Creo que eran los únicos momentos en que se daba el lujo de soñar. Ya a las siete de la noche me mandaba a la cama y se iniciaba su calvario de escucharme llorar hasta quedarme dormida.

            Mi madre y mi padre apenas se veían. Todos vivíamos en la misma casa —incluyendo a mi hermana mayor que era un fantasma—, pero el horario de trabajo de ambos era tal, que apenas coincidían. No tengo idea si hacían el amor, aunque era muy pequeña y no me daría cuenta, creo. Eso sí, a la hora de disciplinar, se ponían de acuerdo y no había modo de que pudiera engañar a uno o al otro.

            Mi mamá solo hablaba con mi hermana. Se encerraban por horas en su cuarto y si yo estaba presente hablaban en jeringonza. No se dieron cuenta cuando aprendí el dichoso lenguaje en clave y comencé a enterarme de las cosas que ocurrían en la familia extendida, que era bastante numerosa.

            Una noche en la que se exhibía en el colegio la película «The Sound of Music», ya cuando estábamos vestidas para salir, llamaron al teléfono. Cambio de planes, me dijo mi madre. Según le contaba a mi hermana —en jeringonza—, mi tía estaba en el hospital con un infarto. ¿La razón? Mi prima se había acostado con un sacerdote y estaba embarazada. Claro, que yo no podía preguntar por qué por acostarse se había embarazado, se darían cuenta de que las entendía. Estaba segura que cuando mis tías —que no sabían jeringonza—, se juntaran, me enteraría de los detalles. Y así fue. Mi tía falleció del disgusto y mi pobre prima embarazada, se convirtió en la apestada de la familia. De no haber sido por su padre, la habrían echado de la misma funeraria.

            Entre el chocolate y el pan con mantequilla, las tías hablaban del sacrilegio que la prima había cometido.

            —¿Cómo se metió con un hombre de Dios? —decía una alarmada.

            —Esa muchacha siempre ha sido incorregible. Se acuerdan cuando se metió con el hombre casado —dijo la otra.

            —¡Ella mató a la madre! —sentenciaron.

            Yo observaba a mi prima arrodillada frente al féretro, vestida de negro, con una mantilla negra, con los ojos derretidos de tanto llorar y la cara hinchada. Era la viva imagen del arrepentimiento. Lloré con ella, no por mi tía, sino por su desgracia. Creo que fue entonces cuando me rebelé a la idea de que las mujeres éramos las responsables de los pecados de los hombres. ¿O qué? ¿El casado no podía serle fiel a la mujer? ¿El sacerdote no tenía un compromiso con Dios?

            Mi madre también hablaba y me molestó. Ella me llevaba a la iglesia en la que predicaban que no se debía juzgar al prójimo. La vi acercarse al cadáver, ignorando a mi prima, para tomar una foto de mi tía muerta. Por semanas anduvo taciturna. Cuando fue a buscar las fotografías del funeral se encerró a llorar amargamente. Lo hizo varias veces hasta que un día vi que se deshizo de ellas. Me hacen mal, me dijo.

            Poco tiempo después mi hermana decidió irse a estudiar a los Estados Unidos. A mí me daba igual. Era mucho mayor que yo y apenas me hacía caso.

Se preparó todo y mi madre partió con ella en un viaje para dejarla instalada en la universidad. Cuando regresó, sus silencios fueron peores. Mi única compañía era el perro y mis amigas del colegio. En uno de mis cumpleaños, la mamá de una amiga me invitó a su casa para jugar, creo que se daba cuenta de mi soledad. Cuando mi mamá llegó del trabajo y no me encontró se puso furiosa. Llamó a todas mis amigas y cuando me encontró, insultó a la señora que me había sacado de mi casa sin su permiso. Supongo que ese fue uno de los cumpleaños más tristes de mi vida, sobre todo porque me avergonzó.

            En esa época me di cuenta de que mi mamá y yo no teníamos nada en común, solo que ella sufría en su soledad y yo en la mía. Cada vez estábamos más distanciadas. Según entraba en mi adolescencia, más me rebelaba contra ella. Cuando la veía llegar del trabajo, me encerraba en mi cuarto para no tener que verla, ni cruzar palabra. No le contaba mis cosas, no la hacía partícipe de nada. Mi mundo era mío, como el de ella era suyo.

            El día de su cumpleaños desapareció. Mi padre la estuvo buscando desesperado. Sus amigas también. En todo el día nadie supo de ella. Cuando apareció ya era de noche. Siguió a su cuarto y se encerró. Nunca nadie supo donde estuvo, pero tampoco la vi más contenta después de su hazaña. Quizá, su espíritu ya agonizaba por falta de afecto, por cansancio, o frustración.

            Así la vi envejecer, entre sonrisas fingidas solo para desconocidos, hasta que poco a poco, abrazando un muñeco de trapo, su alma escapó de su cuerpo y en sus ojos no quedó nada.

imagen: pixabay.com

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Convocatoria ¿Sos? by Diana Gonzalez

SOS

MasticadoresdeLetrasUSA

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Todas/Todos los seres buscamos, hasta encontrar la veta que nos es propia, el yacimiento que nos nutre. Y los hay, como muchos de los que están leyendo esto, cuya mina del tesoro está en las palabras, en las historias por contar, en la biografías por escribir, en el verso aún no plasmado, en la palabra aún no descubierta.

Son los que se conmueven al saber que un niño de ocho años inventó la palabra “petaloso”, o que una semilla germinó en el lado oscuro de la luna.

Son esos que muchas veces molestan por sus ideas, o sus silencios.

Son esas personas  que, más de una vez, plantado el árbol saben que nunca se sentarán a su sombra.

Son los que dejan sus páginas de testigos de una época, una vida, muchas vidas, muchas épocas.

A todos esos  está dirigida esta convocatoria. A todos los que tengan algo que decir.

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Antología II – Salto al reverso

Por fin salió la nueva Antología de Salto al Reverso. Está preciosa.

SALTO AL REVERSO



Antología II
Salto al reverso

Salto al reverso presenta su «Antología II», el segundo volumen de una recopilación anual de las obras destacadas de su blog (saltoalreverso.com) y de sus convocatorias abiertas en las redes sociales.

A través de esta publicación, buscamos reconocer la labor creativa de nuestros autores en los géneros de poesía, relato, fotografía e ilustración, y compartir estas piezas con los lectores interesados en el arte y la literatura.

Salto al reverso es un blog y una editorial. Somos poetas, cuentistas, fotógrafos e ilustradores. Somos una búsqueda, una exploración creativa.

En esta segunda antología participan 41 autores de Argentina, Chile, Ecuador, España, México, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela con obras inéditas, creadas para nuestras convocatorias.

Esta recopilación se ha reunido gracias a las votaciones quincenales de las obras publicadas en nuestro blog durante 2018. También realizamos dos convocatorias temáticas: «azul» y «vida». En las redes…

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El olvido

Abrió los ojos sin saber dónde se encontraba. Estaba mareado, atontado, como si hubiera bebido demasiado, tal vez drogado. Miró alrededor de aquel apestoso y frío cuartucho con curiosidad. Las paredes tenían hermosos tapices de colores alegres, que contrastaban con el resto de la habitación. No sabía cómo había llegado allí.  Se levantó con dificultad, agarrándose de los pilares de la cama. Caminó unos pasos, lo suficiente para asomarse a la ventana.  El paisaje también le era desconocido. Los árboles secos, la nieve cubriendo todo hasta donde su vista era capaz de llegar, era un espectáculo hermoso, pero a la vez desolador. Una pequeña cabaña rompía la monotonía en el horizonte. Era de día, por la posición del sol, serían alrededor de las diez de la mañana.

            Horacio trataba de recordar. Tenía un hueco en la memoria. Sintió deseos de vomitar. Intentó correr, pero se enredó en sus propios pies y dio en el suelo de cara a sus bilis. Tosió tan fuerte que se orinó. Le dieron retortijones y sintió que las heces comenzaron a salirle a borbotones. Se sentía tan débil que volvió a dormirse sobre toda aquella porquería. Cuando despertó pudo levantarse en medio de la cochiquera de sus propios desechos. Necesitaba asearse enseguida. Abrió la única puerta y encontró una habitación idéntica a la que estaba. Detrás de los tapices debía estar la del baño o la de salida. Tocó, empujó y golpeó las paredes, pero nada. Parecía como si la ventana de la primera habitación fuera lo único que lo conectaba al mundo exterior.

            Tenía que salir de allí. Empujó el cristal de la ventana hacia arriba y hacia abajo. No abría. Miró alrededor buscando algún objeto para romperla. Trató de arrancar un pilar de la cama, pero no pudo. No había nada en la habitación. Se quitó los zapatos y trató golpeándola con ellos, sin conseguir nada. Se arrancó la correa del pantalón y con la hebilla pegó por un rato, hasta que logró que el cristal se astillara un poco. Sintió esperanzas. Siguió atizándole con más fuerzas, hasta que varios pedazos cayeron. Continuó quitando los demás pedazos con las manos haciéndose heridas en los dedos.  A él no le importaba, solo quería salir de aquel encierro que lo aturdía.

            Se aupó para meterse por el espacio que lo llevaría afuera. Sintió como el frío le cortaba la cara. Sus brazos estaban débiles, pero hizo un último esfuerzo, su barriga quedó en el borde de la ventana. Todavía quedaban pedazos del cristal que se le metieron en la piel. Se arrastró un poco más, cayendo de bruces sobre la nieve. No estaba vestido para la temperatura y a pesar de la peste que traía, le era imposible deshacerse de aquella repulsiva ropa. Las heridas de sus manos y estómago sangraban.    

            Trastabillando logró llegar hasta la pequeña cabaña. La puerta estaba abierta. Las paredes estaban igualmente decoradas con tapices de colores que combinaban con la alfombra. Los muebles parecían cómodos, inundados de cojines que hacían juego con la decoración. La chimenea estaba encendida, la temperatura le resultaba confortable. Recorrió la cocina y sobre la estufa todavía había un estofado caliente. Buscó el baño, allí encontró toallas y una bata afelpada. De prisa se quitó la ropa, examinó las heridas del estómago y de las manos. Como temía, tendría que darse algunos puntos. Encontró una navaja y se dispuso a afeitarse, mientras esperaba que el agua de la ducha se calentara. Entró en la regadera, disfrutaba del agua tibia y como recorría su cuerpo maltrecho. Trataba de hacer memoria de cómo había llegado a ese lugar cuando escuchó pasos.

            Alguien trataba de abrir la puerta del baño, primero despacio y luego la sacudía con fuerza.

            —¿Quién es?

            Nadie contestó. Instintivamente, Horacio salió de la regadera y tomó la cerradura desde adentro, haciendo resistencia.

            —Por favor, dígame quién es. Estoy herido —suplicó.

            —Es Julieta —respondió una voz que evocaba vagamente.

            —¿Julieta?

            Abrió enseguida sin reparar que estaba desnudo. De frente estaba ella, igual como la recordaba. Sus ojos negros, inmensos. Su piel dorada, cabellos castaños y largos. Solo que ahora estaba más bonita. No la veía desde que terminaron el bachillerato, cuando fueron juntos al baile de graduación. De esa noche solo se acordaba de haber bebido hasta perder los sentidos.

            —¿Qué haces aquí? —preguntó—. Más bien, ¿qué hacemos aquí?  

            —El viernes por la noche fuimos al baile de graduación.

            —¿El viernes? ¿De que año? —respondió confuso.

            —Siempre la misma actitud… Mala memoria.

            —No entiendo nada. No sé que hago aquí. Estoy herido y necesito ir al hospital, es todo lo que sé.

            —Egoísta, siempre pensando en ti y en tus necesidades.

            —¿Qué es este juego?

            —Ninguno, en un rato no sentirás nada.

            Súbitamente, Julieta sacó de la parte de atrás de su vaquero una pistola eléctrica y apuntó al pecho de Horacio. La primera descarga lo tiró al suelo. La segunda, le provocó convulsiones. La tercera, lo dejó inconsciente, a merced de la mujer. Cuando volvió en sí, estaba amarrado a una silla con las piernas abiertas. Julieta se paseaba alrededor con unas tijeras de podar, amenazante.

            —¿Te sientes mejor mi querido Horacio? —preguntó morbosa.

            —¿Por qué me haces esto? —respondió todavía atontado.

            —Vaya, pero que mala memoria tienes. Voy a ayudarte… Regresábamos del baile de graduación. Tus amigos y tú estaban borrachos y aturdidos. Se salieron de la carretera y detuvieron el auto. Uno a uno me violó, mientras yo te pedía que me ayudaras —pausó—. Todavía puedo sentir el aliento y sudor de cada uno de ellos. ¡Aún tengo pesadillas de esa noche! —gritó.

            —Pero yo no te hice nada, dices.

            —No, Horacio. Tú fuiste el último. El licor siempre ha sido tu enemigo, no puedes parar y te quedas sin memoria, como anoche cuando te traje a este lugar.

            —Julieta, yo no sé nada de lo que pasó, te lo juro —suplicó entre sollozos.

            —Ya no podrás dañar a nadie más.

            Julieta guardó la bolsa plástica en la que llevaba los cinco miembros de los salvajes que la desfloraron. Miró por última vez a Horacio que permanecía desmayado en la silla. «Que se pudra», pensó. Salió de la cabaña satisfecha, sonriente, respirando el aire frío de la montaña.

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El bolso verde chatre

Un cuentito para empezar el año.

SALTO AL REVERSO

Lucía quería comprar un bolso de marca, de esos que eran carísimos, que deslumbraban a las demás mujeres y las hacían arder de envidia. Gastaba casi todo su sueldo en ropa, maquillaje y zapatos, pero le faltaba el bolso. Su imagen era todo para ella. Se levantaba a las cuatro de la mañana, corría cinco millas y se daba una ducha de agua fría, para asegurar que su piel no se resecara. Cubría todo su cuerpo con cremas, una para cada parte.  La de la cara —que la protegía de los rayos solares—, luego la del cuerpo, la de los pies, y la de las manos. Se paraba frente al espejo para ponerse con cuidado su maquillaje, que por supuesto, tenía que quedar perfecto. Peinaba su cabello rubio platinado —como el de Marilyn Monroe—, que teñía cada semana, pues no le gustaba que le vieran el crecimiento. Sus pestañas y…

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¡Vida!

No hay nada como la vida. Cada segundo se abre un milagro delante de mí.

Respiro, disfruto, amo.

No importa el tiempo que pase, una canción me devuelve la infancia, la juventud, a mis padres, a mis abuelos. Los recuerdos me acompañan y con ellos revivo cada sentimiento: llanto, alegría, pasión. El sumo de la existencia misma.

A veces simplemente vivo.

Me propongo, de hoy en adelante, que voy a escuchar a mi corazón latir. Todos y cada uno de sus latidos. Respiraré despacio, llevaré la cuenta de cuando entra y sale el oxígeno de mis pulmones. Caminaré poniendo atención al polvo que mis zapatos pisan. Miraré las estrellas, buscaré las constelaciones y admiraré la luna con la curiosidad e inocencia de mi niñez. Al pasar el día, en la noche, antes de dormir, haré un inventario de todo lo bueno que me ha pasado. A lo malo le daré poca importancia.

No pasará otro año en el que al finalizar me sorprenda de lo rápido que pasó, porque viviré y le sacaré el jugo a cada instante. Voy a sonreír más porque en mi mundo tengo todo lo que necesito. Estaré, escucharé y hablaré más con mi familia y mis amigos.

Leeré.

Escribiré versos, poemas, cuentos, novelas.

Abrazaré, besaré, bailaré.

La vida es un regalo.

Y soy feliz.